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lunes, 13 de diciembre de 2021

197. Tranvía hasta Icod

El 21 de febrero de 1901 se lleva a cabo la primera prueba para comprobar el funcionamiento del tranvía: desde La Cuesta hasta el muelle santacrucero y luego hasta La Laguna (junto a La Concepción). En los días previos se había hospedado en el Hotel Taoro el monarca belga, Leopoldo, quien se interesó por el proyecto del citado medio de transporte, ya que la empresa que lo iba explotar era de Bélgica. Se inaugura oficialmente el 7 de abril.

En 1904 el tranvía llegará hasta Tacoronte. Se abre entonces la posibilidad de que la línea se pudiese ampliar hasta el Valle de la Orotava. Pero el sueño venía de años atrás, casi desde el nacimiento del primer tramo que se puso en marcha. Hubo varios intentos, pero ninguno fructificó. Incluso, tras su creación en 1912 y su constitución al año siguiente, el Cabildo de Tenerife aprobó autorizaciones para el estudio y posible concesión de nuevas vías. Pero otros intereses ahogaban las propuestas.

Así, hace hoy exactamente 120 años, en Diario de Tenerife, periódico de intereses generales, noticias y anuncios, el 13 de diciembre de 1901 (viernes), y en sus páginas 2 y 3, se incluía la siguiente información:

“Red de tranvías

En la sesión del 30 se leyó una proposición de ley para otorgarla concesión de un tranvía eléctrico de la Laguna á Tacoronte. El Sr. Marqués de Villasegura* [el octavo después de la creación del marquesado por Felipe V] la apoyó, y entre otras cosas dijo lo siguiente:

Esta red que la indicada Sociedad trata de llevar á cabo, contando con el concurso de los hijos del país y de los capitalistas isleños, á quienes al efecto ha invitado, llegará por el Norte hasta Icod, con un ramal al Puerto de la Cruz, teniendo necesidad de dividir la sección de San Cristóbal de la Laguna á Icod en tres partes: la primera, al pueblo de Tacoronte, que es objeto de esta proposición de ley, y la segunda, desde este punto á la Orotava, por las dificultades técnicas que ofrece el trazado del proyecto en la parte del Barranco Hondo, comprendida entre Tacoronte y la Orotava; pues en esta parte del camino forma la carretera, que es de tercer orden, tales zis-zas, y fué tan erróneamente calculado el estudio de esta carretera en el indicado punto, que se hace imposible que el tranvía pueda vencer estos defectos de construcción; y como ya esta aprobado un proyecto de puente de hierro que evita esos inconvenientes y economiza mucho camino y grandes dispendios, la Sociedad belga ha interesado la pronta terminación del expediente del citado puente, devuelto a la jefatura de Obras públicas de Canarias, y del que hace tiempo me vengo ocupando para presentar los estudios á la aprobación superior aunque estos están ya hechos, circulando el tranvía por el indicado puente; y si no se han presentado hasta la Orotava, que es en realidad la distancia que compone la segunda sección, es porque la Dirección general de Obras públicas no aprueba ningún proyecto de trazados para obras que no estén completamente terminadas.

La Sociedad espera la terminación del puente para presentar su proyecto, y desea también extender su beneficiosa acción por la parte Sur de la isla, una vez terminada la sección del Norte, pues empezaría sin pérdida de tiempo los estudios de la parte Sur de la isla que comprenden de Santa Cruz de Tenerife á Candelaria, Arafo y Güimar.

Bien quisiera que tales mejoras las realizasen los capitales españoles y más aún los isleños; pero ya que no contamos con el espíritu de asociación ni con los grandes capitales que para tales empresas se necesitan, me veo obligado, en bien de los intereses regionales que represento, á ofrecer á Compañías extranjeras todas mis simpatías y apoyo moral; pero si al llegar el momento de la subasta del proyecto en cuestión los capitalistas canarios ofrecen garantías de que los trabajos se llevarán á cabo pronto y bien, ahí entonces mis simpatías estarán de parte de los míos; y rogaría á la Sociedad belga que desistiese de su empresa; pero si sucede lo contrario, seguiré mi tema en este asunto, como en todo lo que se relacione con los progresos materiales que ambiciono para mi querido peñasco; si San Miguel quiere, que haga el milagro; si no, que lo haga el diablo; pero que el milagro se haga.

Leída por segunda vez la proposición fué tomada en consideración, anunciándose que pasaba á las Secciones para nombramiento de Comisión”.

*Imeldo Serís-Granier y Blanco (1848-1904). Y por si te apetece más información, pincha en este enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Imeldo_Serís

Diario de Tenerife tenía la redacción en la calle San Francisco y era su director don Patricio Estévanez, usuario del citado tranvía hasta el barrio de Gracia, lugar de la residencia familiar de los Estévanez, donde se hallaba sembrado el almendro que inspiró a su hermano Nicolás: Mi patria no es el mundo; / mi patria no es Europa; / mi patria es de un almendro / la dulce, fresca, inolvidable sombra. Ya maduraba por ese entonces don Patricio la idea de crear la Asociación de la Prensa, hecho que se plasma de manera definitiva cuando la correspondiente autoridad gubernativa la autoriza en noviembre de 1902. Pero de este particular sabe mucho más el maestro y amigo Salvador García.

Como el PP realejero aún no me ha vetado, porque tiene entretenimiento con el muro de El Monasterio (La Montaña), hasta mañana.

domingo, 24 de octubre de 2021

160. El muro de La Montaña, otra vez

Otra vez, sí, porque ya nos ocupamos del asunto hace bastantes meses. Y es que, entre pitos y flautas, han transcurrido dos años sin que haya habido manera de que Cabildo y Ayuntamiento –o Ayuntamiento y Cabildo, que tanto monta– se pongan de acuerdo para que esta vergüenza (este parche, este lunar, este pegote, esta cataplasma, esta mancha, esta lacra) pase a ser un recuerdo –aunque nefasto– en el negro capítulo de las aciagas políticas de las instituciones públicas.

Puede que calificarlo de vergüenza sea de lo más benévolo que se me ocurra en estos momentos. Los respectivos presidentes de los organismos implicados, Pedro Martín (PSOE) y Manuel Domínguez (PP), no sé si dormirán a pierna suelta tras sus respectivas durísimas jornadas laborales. Me temo que sí. Pues en este confuso y proceloso mar que constituye ese quebradero de cabeza de la gestión de las arcas públicas –quehacer al que dedican mucho más de las 24 horas diarias– estos portentos son capaces de correr tupido velo a lo que, en buena lógica, deberían ser temas perentorios, y enroscarse, cual can (chucho queda feo) al uso, y roncar plácidamente a los cinco minutos de haber adoptado tan cómoda posición.

A estas alturas de la película, no sé, ni me interesa lo más mínimo, en qué punto debe hallarse el expediente de marras, ni si alguna Consejería del Gobierno de Canarias (no hay dos sin tres) ha tenido que intervenir en el engorro. Tampoco creo que a los usuarios-sufridores de la TF-333 se les importe demasiado el andar averiguando culpables en este embrollo. Lo importante, piensa el más común de los mortales, es que arreglen el desaguisado y que los presuntos implicados se líen luego a tortas donde mejor les convenga.

Lamentable y patético. Las explicaciones dadas hasta el momento por los mandatarios, que se resumen en que la culpa es del otro, suponen un insulto a la sesera normal y corriente de los ciudadanos de a pie. Harto sabido en el pueblo es que a don Manuel estas cuestiones de poca monta no deben interferirle en sus aspiraciones. Él se encuentra ya en otro estadio. Incluso Tenerife se le ha quedado pequeño. Y la cohorte de liberados que religiosamente pagamos todos los realejeros ni pincha ni corta. Traduzco: son unos mandados que no son capaces de mover un dedo sin que el jefe asienta con el correspondiente movimiento de cabeza. A través del móvil, por supuesto.

El presidente del Cabildo no puede, ni debe, seguir permitiendo que Enrique Arriaga, vicepresidente y consejero de Carreteras, continúe al frente de las negociaciones (las deberá haber, me imagino) para desenmarañar esta madeja. El apoyo de Ciudadanos al pacto para que el PSOE gobernara la institución insular, en detrimento de que Coalición Canaria siguiera en la poltrona, contando, asimismo, con el apoyo de los populares de Domínguez, constituye –y al tiempo transcurrido me remito– un lamentable choque de trenes, un diálogo de sordos (no quiero escribir, al menos hoy, besugos).

Tampoco está, ni se le espera, el PSOE realejero.  A su agrupación local me refiero, que no a su grupo municipal, que buenamente hace lo que puede ante el rodillo popular. Baste una visual a los vídeos de intervenciones en las sesiones plenarias. Que son completamente desconocidas, de otra parte, por la inmensa mayoría de la sociedad. Si el trabajo no se da a conocer, ya me dirán.

Puede que no se desee desde La Cascabela importunar a quienes rigen los destinos insular y regional por si no salen en la foto. Mera suposición, pero, siquiera por una vez, me hago partidario de aquello de piensa mal y acertarás. O quien calla, otorga. Como un servidor, a estas alturas de la vida, ni debe ni se debe (a cargo alguno), me alineo con la postura de Felipe González en el reciente congreso de Valencia: déjennos el derecho a discrepar. Aunque las puertas giratorias no jueguen, precisamente, a su favor.

Estoy convencido, asimismo, de que si el muro no perteneciera a los dueños de El Monasterio, sino a un pobre diablo (tú me entiendes, podemos ser uno cualquiera de nosotros, amables lectores), el susodicho se habría repuesto sin tanta dilación.

Como suelo caminar por aquellos contornos, hace unas semanas tuve el honor de contemplar cómo una ambulancia se las vio y deseó para salir del embrollo al intentar bajar en dirección a la autopista y tropezarse con el semáforo en rojo. Ni sirenas ni luces de emergencia. El pobre enfermo –espero fervientemente que se haya recuperado a pesar del atasco– se planteará terrible dilema cuando en las próximas elecciones deba acudir a depositar su voto. Bueno, también deberá ocurrirnos a quienes, directa o indirectamente, sufrimos las consecuencias del jodido (con perdón) muro.

Que no (Ayuntamiento y Cabildo), ya no queremos saber hacia qué lado se inclina la balanza con el peso del incumplimiento. Se nos importa un pimiento. Péguense un  tiro de leche en polvo y muéranse de blanco. Vayan a La Corona –o a El Lance– y salten sin parapente emulando al mencey guanche. Pero no nos insulten. Por qué no cavilan –al menos durante un segundo– que pueden ser tan ignorantes como nosotros. He llegado a pensar que más que errados están herrados. ¿O queda mejor llamarlos directamente cabezones?

¿Tendremos que aguardar pacientemente otro par de años o compartimos el contenido de uno de los carteles que alguien colocó y que indica el 2050 como plazo de finalización de la obra? Lo mismo no anda muy descarriado.

Pónganse las pilas, carajo, bájense del burro y dejen de mirarse el ombligo. Y tú, Manolito (a perdonar el tuteo, pero sabes que es con cariño), dedícate a resolver la problemática del pueblo al que te debes o mándate a mudar. Si tu aspiración es la de pilotar más alto, a qué esperas, despega de una vez y déjanos que ya nosotros transitaremos sin que tengas necesidad de darnos la mano. Aunque no estemos licenciados (en Wyoming), ni seamos búfalos de Cheyenne, los realejeros sabemos en estos momentos, al contrario que tú, que para nosotros es más importante el muro de La Montaña que el puerto de Fonsalía. Es más, si estuvieses convencido de tener la razón en este endemoniado particular del muro, a buen seguro que ya hubieses fletado una purriada de guaguas para poner a varios centenares de afectados delante de las puertas del Cabildo. ¿Por qué no lo haces? Aunque tampoco entiendo la pasividad vecinal. Diera la impresión de que el gobierno municipal tuviese controlado el movimiento asociativo de La Montaña. Hasta me salió una décima: Si estuviese convencido / de que tiene la razón, / no sería cabezón / en tremendo sinsentido. / Y no hubiese permitido / que el Cabildo con gran saña / se ría de La Montaña / con el ya famoso muro, / organizando un buen puro / frente a la Plaza de España.

Otro día –que tú tengas libre y vengas por el pueblo; por cierto corrige a cierta concejala por espetarle al portavoz del grupo socialista que no vive en el Realejo; sin darse cuenta (no me extraña) te retrató– hablamos de las posibles soluciones para salir de la Villa de Viera. Porque yo que camino, al tiempo de estirar las patas aprovecho para observar el tráfico en Los Cuartos, San Vicente, El Patronato, El Jardín, Los Afligidos, La Higuerita, Los Barros, Doctor González… ¡Ah!, y La Montaña, claro; gracias por recordármelo.

¿Que estoy enfadado? A ti te lo oigo. Oye, y si fuera verdad, ni con un besito se me va a quitar.

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Durante esta última semana pasé por el tramo en cuestión tres días: lunes, miércoles y viernes. Porque había vislumbrado, en eso denominado redes sociales, un cartel (segunda ilustración de este artículo de opinión), supuestamente elaborado por padres y/o madres de los alumnos del colegio Pureza de María, con un llamamiento a manifestarse  de 8 a 10 de la mañana. El lunes, a las 9:55, había un señor a la altura de la entrada a la calle (Ciudad Jardín) de acceso al centro docente enarbolando el anuncio con las fotos de Pedro y Manolo. El miércoles, a las 9:06, la misma persona, en las afueras del puesto receptor de loterías (primitiva, bonoloto y esas cosas), caminaba con la proclama en una mano y una silla plegable en la otra, me imagino que a sentarse en el lugar donde lo columbré el lunes. Y el viernes pasé a las 9:21. El paisano de referencia se hallaba cómodamente sentado en el sitio del pasado lunes con la pancarta espichada en una de las tantas barreras viales allí situadas y aguantada con su mano izquierda mientras que con la derecha sujetaba el móvil. Solito como la una.

Y ayer sábado, momentos antes de programar esta entrada, alguien de la familia me señaló si quien se manifestaba podía ser un tal don Pedro, personaje que llama un día sí y el otro también a varias emisoras de radio, donde, al parecer, colecciona tanto éxito como el obtenido con el muro de La Montaña. Que va para largo. ¿Más? Sí, bastante. Patético, lamentable, penoso, ridículo…

martes, 29 de junio de 2021

88. Nivel 3

En ello (y en él) estamos. Pero sigo sin saber a quién hacerle caso, a quién prestarle atención. Son tantos los canales de información a tu alcance, que te resulta tremendamente difícil llevar a cabo la pertinente composición de lugar. Lo mismo el que me llena de gasoil el depósito del coche –persona, obviamente, cargada de mucho combustible– suelta una perorata de mucho cuidado acerca del comportamiento del virus y las consecuencias negativas de las pruebas de detección, que un prestigioso virólogo atestigüe más dudas que certezas, al tiempo que el convencimiento de que aquel que no se vacune acabará por infectarse.

Pero todos lo españoles –mal que nos aqueja desde siempre y para el que no existe vacuna alguna aún– somos unos “fernanditos simones” en potencia. O sin potencia, lo somos y punto. Un somero recorrido por las redes sociales no solo basta para cerciorarte, sino que contribuye sobremanera en elevar tu… ego personal.

Lo que acontece en Tenerife se debe a que todas las pruebas de diagnóstico se llevan a cabo en esta isla, mientras que a la de enfrente se trata con otros baremos. Y existe una razón de peso: el pacto de las flores. En la foto de marras, que dio lugar a la alianza para gobernar en estas ínsulas, los cuatro elementos causantes de todas nuestras desgracias: Ángel Víctor, Román y Noemí, canariones de pura cepa; y Casimiro, gomero de retranca, a sabiendas de que sus convecinos, junto a palmeros y herreños, tiran más por la otra capital insular. Así como majoreros y conejeros lo hacen por esta isla. ¿O no?

Para sostener lo manifestado en el párrafo precedente no es necesario concienzudos estudios. Como tampoco el repaso de rigor por las redes sociales. Este pasado domingo, un periodista caracterizado por sus permanentes bandazos –no lo llamo veleta porque va más allá de esos insignificantes giros– nos deleitaba con una exposición que daba crédito a la cantinela. Aunque mañana sostendrá lo contrario, y tan ancho.

José Manuel Bermúdez Esparza, nacido en Las Palmas en 1966, y afiliado a la ATI más profunda desde que tenía 18 años, es el actual alcalde santacrucero. Aupado a la poltrona por una concejala tránsfuga, nacida en Venezuela (como mi alcalde), hace honor a su segundo apellido y esparce por doquier que los datos de Santa Cruz no son los peores de Canarias. Que todo se trata de un persecución para hundir los comercios (hostelería y restauración, mayormente) de la isla picuda. Por ello, quiero imaginarme, tiene sobre la mesa millares de denuncias por infracción de las normas implantadas durante la pandemia y solo ha tramitado un par de decenas. Hasta aquella en la que estaba implicada la jefa de la policía, pasó a mejor vida. Se trata de la versión mejorada del laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même: dejen hacer y dejen pasar, el mundo va solo. Máxima que sostienen estos políticos, sin percatarse de que, siguiéndola a pie juntillas, ellos serían los que sobran, los estorbos.

Nuestro hombre, que estudió –eso reza su currículum– Derecho en La Laguna, como la mejor opción para dedicarse al periodismo o la política, ha dado órdenes tajantes para propagar las maldades de un gobierno canario –y si de camino le podemos dar unos variscazos al nacional, mejor que mejor– que pretende hundir la economía. Y los socios gubernamentales se han puesto a la labor de manera ejemplar: en Santa Cruz no pasa nada, los datos son ficticios, a Las Teresitas solo va la gente a bañarse (no se especifica si en agua o alcohol), la policía realiza controles cada segundo y todo el mundo derechito como una vela.

Esos números que indican que los contagiados capitalinos de aquí (1368) cuadruplican los de allá (366) no son verdad. Y chitón. Lo digo yo (Bermúdez) y me lo ratifica Andrés Chaves. Y eso va a misa. Además, algún alcalde popular me da, asimismo, la razón. Y no es porque viva más en Santa Cruz que en su pueblo, sino que sus másteres lo avalan. Y punto en boca, porque aquí quienes deben demostrar certezas son los científicos. Nosotros no cobramos por nimiedades. Las verdades incómodas se eluden con el negacionismo barato. Todo es pura conspiración. ¿Dónde está el virus?

Cuando pueden más las emociones y creencias que el rigor de los hechos, que lo sólidos argumentos, no es de extrañar que surjan Ayusos, Bermúdez o Domínguez. Como lo hicieron los Gil, Ruiz Mateos y Condes. Y con Facebook, Twitter, Instagram y otros, peritos&peritas en un periquete. Estamos en nivel 3, pero no pasa nada. Retírate Amos, que con José Manuel nos basta para lidiar con el bicho.

¿Se acuerdan de José Rodríguez Ramírez, aquel perito mercantil que fue propietario de El Día y de sus radicalizados editoriales, ideas xenófobas e incitación a subvertir el orden constitucional y que ostenta el nombre de una calle en mi pueblo? Pues ahora que Paulino Rivero ya navega  por nuevas rutas y pelillos a la mar con aquellos encontronazos, lo mismo ATI quiere resucitarlo. ¿O es políticamente incorrecto sacar a colación lo del Pleito Insular?

Y tú, José Manuel, tranquilo, que la culpa del nivel 3 no radica en los 1368 positivos de tu municipio, ni los 542 de La Laguna (aunque su grupo de gobierno, más comedido y menos dicharachero, guarda prudente silencio al respecto), sino los escandalosos datos de San Juan de la Rambla, Garachico, Los Silos, el Tanque y Buenavista, lugares que suelen transitar los domingueros capitalinos, aunque por estos lares se portan bien porque les basta con reproducir los comportamientos norteños. Si de tus 55 años (me salen esos desde 1966 a 2021) ya llevas 37 al pie del cañón, aquellos que presumen de récords por largas estancias se quedarán cortos dentro de bien poco ante tu empuje y decidida apuesta por… Ya me cansé. Hasta mañana.

lunes, 28 de junio de 2021

87. Tengo el corazón contento

Y lleno de alegría. Porque desde que publiqué ‘La farola’, el pasado sábado 19 de junio (jornada no habitual en mis artículos del blog), la susodicha ha funcionado perfectamente desde el lunes siguiente (día 21). No sé si se debió al inicio de la estación estival (puede que el solsticio la haya iluminado) o que alguien le pasara el aviso al concejal Domingo para que este, a su vez, lo pusiera en conocimiento del gerente de Realserv, quien –me imagino– pudo haber telefoneado al responsable de la empresa Effico (la que tiene encomendado el servicio de mantenimiento del alumbrado público en Los Realejos) y, de tal suerte, volvieron los operarios a poner en orden el particular.

Como uno es un antiguo y se quedó en este asunto en los tiempos en que Jaime cargaba una escalera por el pueblo y se trasladaba, por ejemplo a Icod el Alto, en la guagua porque el ayuntamiento no disponía de vehículos, ignora cómo se efectúa en la actualidad esta labor. Pero como existen mecanismos para detectar las fugas de agua, verbigracia, piensa que con una aplicación informática –las famosas app– capaz de chivar al electricista de turno en qué lugar del municipio se halla la avería, se solucionaría el desaguisado. Aunque me da que no, pues, de lo contrario, no se producirían los cortes y consiguientes apagones que han venido constituyendo, para nuestra desgracia, el motivo de conversación frecuente en los mentideros políticos del pueblo.

Dado que nunca es tarde si la dicha es buena, mil gracias a quien se hubo preocupado, síntoma inequívoco de que alguno me lee. Puede que a la escondida –por si le tiran de las orejas– pero si el resultado es el adecuado, miel sobre hojuelas.

La pasada semana, igualmente, los mismos jóvenes (Islenium) que elevaron sentida queja ante la supuesta apropiación indebida por parte del ayuntamiento de su idea para crear una marca personalizada para cada una de las múltiples fiestas que acaecen en nuestro municipio, se congratulan de que el concejal delegado de esa área los haya invitado a la charla de rigor, con el fin de acercar posturas a través, como no podía ser de otra manera, del oportuno intercambio de opiniones.

Me alegro de que se ponga en práctica algo tan elemental como es aquello de que hablando se entiende la gente. Tan simple y tan complejo a veces por la cerrazón de quienes ostentando un cargo público parecen olvidar a sus representados, relegándonos al ostracismo. Como si estuviesen dotados de una capacidad superior a la del resto de mortales y no entendiesen de que cuatro ojos ven más que dos.

Espero y deseo que no se trate de un mero espejismo. Lo mismo se debe el cambio de postura –y esto ya es fruto de una simple suposición de quien estas líneas suscribe– a una próxima retirada de Manuel Domínguez. No olvides que uno rubrica artículos de opinión, y estas son libres, y, por lo tanto, no sujetas a los cánones informativos. Así que entiendo –un suponer– que el actual alcalde se ha percatado de que crecen las contestaciones populares, ante el evidente abandono de sus quehaceres para con la Villa de Viera y sus aspiraciones (legítimas, por supuesto) a seguir escalando peldaños en la escalera popular. Por lo que abona el camino para el relevo. Y con este gesto del joven concejal de Fiestas, lo mismo quedan descolocados otros que acompañan a Domínguez desde ha bastante. Incluidos los que debieron haber dado un paso al lado por incorrectas interpretaciones de su gestión. Pero, tranquilos, que el tiempo pondrá las cosas en su sitio. Y dará y quitará razones.

Así que, estimados amigos y seguidores de uno que porta sombrero, comenzamos la semana siguiendo los dictados musicales de Palito Ortega. O de Marisol. Qué obsoleto es uno. Como esta tarde iba a asistir (el nivel 3 la aplazó) a una reunión en la Sociedad Valle de Taoro –o Casino de La Dehesa– porque va a cumplir en unos meses la friolera de cien años, pensaba ir mucho más relajado. Y, a lo mejor, entraba silbando, ahora que está de moda entre gomeros y herreños. Puede que hasta el viejo piano, marca Chappell, adquirido el 6 de febrero de 1934, por 450 pesetas, se pusiera (o pusiese) como yo, contento.

A modo de aclaración. Como es lógico deducir, esta entrada –al igual que las otras– se redacta hasta con varios días de antelación al momento de su publicación. Y como esta se puede dejar programada, máxime cuando las de la pasada semana se limitaron a reproducciones de informaciones periodísticas de un siglo atrás, lo que lees ahora salió del magín el martes día 22. Y esa misma noche, víspera de las hogueras de San Juan, volví a descontentarme. Y mandé a Marisol y a Palito Ortega a freír chuchangas (expresión que se emplea para despedir a alguien con aspereza o enojo) porque la farola seguía erre que erre. Encendió, como siempre, pero cuando me levanté a mear (malsonante de orinar: expeler la orina) a eso de las 4 de la madrugada, otra vez como los sobacos de un grillo. Pero hubo movida el miércoles 23. Y el alumbrado público de toda la urbanización estuvo activo durante toda la mañana. Mi farola también. Debieron ponerla a prueba. Porque a la una de la tarde llegaron dos operarios a escanear la situación. Incluso tuve la oportunidad de intercambiar unas palabras con ellos. El hecho es que la situación se ha normalizado. Por fin. Y me alegré de nuevo. Tanto que voy a enviar un comunicado al grupo socialista en el ayuntamiento para que en la próxima sesión plenaria presente una moción por si el grupo popular estima conveniente aclarar (verbo más que ilustrativo) qué demonios ocurre con Effico: ¡¡¡eficiencia en servicios!!! Y haz el favor de no reírte, porque me enciendo otra vez.

lunes, 31 de mayo de 2021

66. Colaboración vecinal

Correcto me parece que la vecindad se preocupe de la mejora de su entorno. Si todos procediéramos de tal guisa, a buen seguro que los pueblos presentarían un mejor aspecto. Porque algo tan elemental como no ensuciar (digamos que hablamos de los dueños de los perros, verbigracia), utilizar la papeleras (que para algo están), reciclar (que contenedores al efecto existen bastantes), no vaciar los ceniceros de los coches en las vías públicas, no dejar plazas y rincones hechos un asco con las cáscaras de las dichosas pipas y el consabido etcétera, son muestras que pueden retratar dos caras bien diferentes de nuestro hábitat. Tampoco es posible poner un guardia detrás de cada persona ni que los cargos públicos puedan abarcar toda la problemática que en cualquier municipio se plantea en el quehacer cotidiano.

Manifestado lo cual –esa impresión me ronda desde ha bastante– denuncio, bien alto y claro, que las nuevas tecnologías (benditas sean) han venido a servir en bandeja el apoltronamiento de mucho político. Sirva de ejemplo la denominada Línea Verde, aplicación por la que los concejales se han adocenado tanto (acepción tercera del DRAE) que se limitan a esperar sentados a que seamos nosotros los que nos dediquemos a observar anomalías y les remitamos el mensaje, con foto y lugar exacto del deterioro o desperfecto. Así se las ponían a Felipe II (o a Fernando VII, más tarde; incluso los salmones que pescaba Franco) suele escucharse con frecuencia. Y ya que me subí al burro, del alumbrado en la Urbanización Los Príncipes, ni gobernantes ni oposición. Mutis por el foro. Y en tinieblas. Esta raya, como no es verde, parece no valer.

Vi, hace unas semanas, que el amigo Germán Rodríguez ponía de manifiesto en una red social el aparente mal estado de uno de los dos dragos de Realejo Bajo (los conocidos como dragos gemelos). Hecho del que, días más tarde, se hace eco El Día. En la información se da cuenta que fue otro vecino, Rubén Toste, quien había trasladado al ayuntamiento esta incidencia a través, precisamente, de la aplicación precitada.

Como nunca me he sentido satisfecho con quedarme en el ramaje e intento sumergirme en el trasfondo, me llama poderosamente la atención el que la gente del lugar manifieste que esta caída de las hojas del ejemplar botánico no es algo de hace unos días, sino que se viene constatando desde, como mínimo, un año atrás. No hice cruces, pero díjeme: manda aquello.

El ayuntamiento comienza, pues, a moverse y ya han acudido técnicos en la materia para los primeros estudios. Se plantean hipótesis al respecto, amén de las posibles soluciones para que no se nos pierda este joya botánica. Pero claro, surgen preguntas ante declaraciones y fotos de postureos.

Manuel Domínguez alega sentir un cariño especial por los dragos y se entristeció cuando conoció la noticia (¿dónde estaría?) de que uno podía estar enfermo. Menos mal que no acudió a darle dos besos y entregarle un ramo de flores. Que es lo habitual en él. Porque estas declaraciones solo vienen a poner de manifiesto la gravedad de sus ausencias. Alegar ignorancia cuando vive a unos cientos de metros, indica bien a las claras que sus preocupaciones orgánicas y parlamentarias eclipsan el principal quehacer en el que debería volcarse: la defensa a ultranza de la Villa de Viera, mi pueblo.

Adolfo González se alegra de que los ciudadanos tengan siempre presto el móvil. Y se regocija de que la Línea Verde siga batiendo récords. Así presumirán una vez más de números. Pero obviando el que cuanto más colaboremos nosotros, más cachetones les estaremos suministrando por su inutilidad. Porque, al final, con la cantidad de asuntos pendientes, y de suma importancia y trascendencia , que quedan pendientes en Los Realejos, tanta presencia en los medios solo deja patente que la venta de humo va a seguir siendo la tónica dominante. Muy triste balance. Se suceden demasiadas incongruencias. Cuentan, además, con la tremenda suerte de que el periodismo está como está. No en horas bajas, mucho más allá de los cero grados. Y disponen de todos los canales para proclamas tan vacuas como…

Hasta mañana. Y mis deseos más fervientes de que el drago se recupere. Y que haga oídos sordos a las sandeces que sueltan los que se van a sacar la foto junto a él. Que no le pase lo que a uno que hubo en La Gorvorana. Como otros tantos.

miércoles, 28 de abril de 2021

43. ¿Para cuándo?

Hace unos días (fue el 21 de los corrientes) publiqué en este mismo medio el artículo titulado Desgraciado suceso. Aludía al accidente sufrido en la costa realejera por unos vecinos de La Longuera (hoy Toscal-Longuera). Ahora, siguiendo con esa manía de escudriñar periódicos de años idos, me tropiezo con esta reseña publicada en Semanario de Orotava (periódico ilustrado, de intereses generales y noticias) el día 20 de noviembre de 1897, página 10. Como siempre, va una transcripción literal:

“El Domingo último, una infeliz joven que tranquila y jovial caminaba por la carretera del Realejo en unión de otras compañeras, al llegar al punto denominado Barranco de la Torre, una de las muchas piedras que con frecuencia se desprenden allí desde lo alto, dió con ella en tierra dejándola muerta instantáneamente.

La impresión y comentarios del doloroso suceso durarán algunos días.

La familia de la inocente victima, llorará por algún tiempo la pérdida de un ser querido.

Y quizá alguna amiga piadosa señale con tosca cruz el lugar del acontecimiento.

Y, andando el tiempo… todo será relegado al olvido.

Las agrietadas peñas continuarán amenazando con aplastar al inocente transeunte que, desconociendo el peligro, discurra por aquellos lugares, extasiado ante la amenidad del paisage; hasta tanto que otra nueva victima venga á pagar con su vida apatías y descuidos y á escribir con su sangre nueva protesta contra quienes, debiendo hacerlo, no han procurado quitar el peligro.

E.P.D. la pobre joven cuya muerte deberas lamentamos”.

Precisamente, en el precitado Desgraciado suceso concluíamos con: “Como es harto conocido, los desprendimientos continúan un siglo después. El tramo de autovía entre Los Realejos y San Juan de la Rambla sabe mucho de tal particular”. El próximo mes de noviembre se cumplirán 124 años del accidente de la joven y los derrumbes (ver foto) no cesan.

Tengo conocimiento de que se ejecuta el proyecto del tramo comprendido entre Buen Paso y Las Aguas. Con lo que, únicamente, restaría para el tan ansiado cierre el trecho más peligroso, el que está ocasionando mayores quebraderos de cabeza, porque cualquier anomalía causa un monumental desaguisado en el tráfico de imprevisibles consecuencias. Urge, por lo tanto, que las administraciones implicadas adopten las medidas que menester fueren. Salvo que sigamos empeñados en que mueran de ostracismo las poblaciones que se hallan entre Los Realejos y Buenavista.

Los túneles bajo la cumbre de Erjos avanzan, eso leo, a buen ritmo. Lo mismo ocurre con los que desde Agaete hasta El Risco permitirán que llegar a La Aldea deje de ser una odisea. Aunque desde San Nicolás a Mogán también tiene su miga. Uno, que presume de viajar por las islas (maldita pandemia que me tiene amarrado) cada vez que la pensión deja un resquicio (ya que nadie me contrata como personal de confianza), siente sana envidia de contemplar el estado de las carreteras por el resto del archipiélago canario.

Se ha llegado a un punto en que los lamentos y echar culpas a los predecesores en la gestión pública, no solo no remedia la problemática y agiliza el procedimiento, sino que lo enquista más aún. Lo malo es que leyendo las declaraciones de los alcaldes norteños en relación con el posible trazado del tercer carril desde La Orotava hasta La Laguna, me asaltan terribles dudas acerca de la posibilidad de llegar a ponerse de acuerdo en cuestión tan fundamental o, por el contrario, creen algunos que los intereses partidarios –por mor de puñados de votos– pueden anteponerse al interés general, que es el de una población que demanda soluciones y no postureos y pataletas de niño chico.

¿Para cuándo, pues, noticias de mejor porte? Un servidor también es usuario de la cuestionada vía. En mucha menor medida de quienes su tránsito es medio de vida, pero asimismo expuesto a que una linda piedra me ponga en serio aprieto. Así, que, señores de los gobiernos autonómico e insular (y ÚNANSE alcaldes implicados), a ponerse las pilas hoy mismo, que mañana es tarde. Qué feliz me harían si no tuviese que volver a escribir de este particular. Mi agradecimiento sería tal que… seguiría garabateando y exigiendo todo aquello que crea de interés para el ciudadano.

lunes, 19 de abril de 2021

35. ¿Y si caminamos?

Estuve leyendo el pasado viernes una detallada información acerca de una interesante experiencia en la capital londinense. Se corta el tráfico en las calles donde se ubican más de 450 escuelas en una franja horaria que coincide con entradas y salidas de los recintos educativos. Para ello se despliega un dispositivo en el que, fundamentalmente, colaboran grupos de familiares voluntarios (padres de los alumnos y abuelos jubilados) –auxiliados, por supuesto por agentes de la autoridad– que colocan, o retiran, las vallas pertinentes en los momentos de inicio y final de los periodos en los que queda prohibido el tránsito de vehículos.

Las razones esgrimidas son varias. Se ha constatado un notable descenso en los accidentes debidos a la afluencia de vehículos y la acumulación de niños en calles y aceras. Porque, y harto sabido es, que todos pretendemos dejarlo en la puerta del colegio. Hecho que no es exclusivo de la capital inglesa. Y no es necesario salir de este pueblo para encontrar más ejemplos.

Aparte de que el tráfico por las calles aledañas se ha aligerado con la medida, se ha puesto, asimismo, de manifiesto que la salud de los escolares ha mejorado considerablemente, amén del significativo descenso en la problemática de la obesidad infantil. El que caminar es bueno, y lo recomiendan hasta los médicos, no creo que deba sorprendernos demasiado. Y es que el beneficio de ir a pie no admite contraindicaciones. Es uno de los pocos medicamentos que pueden presumir de ello.

Extrapolemos. Vengámonos a la Villa de Viera. Donde se lleva la palma el casco de Realejo Alto con los centros Nazaret y Pérez Zamora. Aunque no debemos olvidar San Agustín (Agustín Espinosa), Realejo Bajo (San Sebastián), La Montaña (Pureza de María) y, pienso que en menor medida, los institutos (Realejos y Mencey Bencomo). No estoy muy al tanto de la posible casuística en determinados barrios, pero no creo que exista tanta problemática.

Cuando me encontraba en activo, no ha tanto, observaba cómo nos hemos empeñado en acostumbrar a los pequeños a la papa suave. A darles todo hecho y criar inútiles. Le cargamos la maleta mientras ellos saltan, brincan y trepan por donde no deberían. Los llevamos de la mano hasta las mismas puertas de la universidad. Utilizamos el coche hasta para ir al baño. Si se forma una cola porque solo voy a parar un segundo –seguro que tú no lo has oído y soy yo el que estoy exagerando– no se te ocurra alzar la voz o tocar la pita. Te condenas para siempre jamás.

Ya no somos capaces de caminar 500 metros porque el niño (es siempre la disculpa) se roza todo, el pobre. Luego vamos a los pilates para mantenernos en forma. Coadyuvamos a mantener una sociedad hipócrita en grado sumo. Y de llevar la contraria a los modismos y veleidades –puede ser mi caso– te puede ocasionar más de un quebradero de cabeza por no querer acomodarte a las costumbres de la manada, del rebaño.

Si me encontrara en el pellejo de Manuel Domínguez (solo en el cargo de responsabilidad municipal, con el que iría servido), me sentaría con el equipo de gobierno y haría todo lo posible por buscar soluciones a esta situación. Que pasarían, indefectiblemente, por habilitar zonas de aparcamientos. Porque en este particular de los colegios ocurre como en lo del comercio, que la gente se va a las grandes superficies por razones obvias. Y si los quince no son capaces de arbitrar medidas para que los que salimos del pueblo a las nueve de la mañana no nos ahoguemos (de rabia incontenida) antes de llegar a Doctor González, consulten con los concejales de la oposición, siquiera por una vez, que lo mismo están dispuestos a echarles una mano. O las dos. Es ante escenarios de calado cuando se demuestran los mimbres de un buen gobernante. Porque no solo de postureos podemos vivir los realejeros. Que ya está bien. Los pluriempleos suelen acarrear estas graves consecuencias. A lo que unimos la notoria escasez de agentes en la plantilla policial, mientras un enchufado se lleva el sueldo de al menos tres oficiales que podrían estar patrullando y no rascándose el ombligo o esperando que lo llamen para una foto con los de Protección Civil, Bomberos Voluntarios o cualesquiera otros de los que sacan demasiadas castañas del fuego.

Cada vez se imponen más las denominadas guaguas lanzadera. Que transportan lo que cincuenta o sesenta coches de los que paralizan todo porque solo van a dejar al niño. Y el teórico segundo (que en realidad son quince o veinte) se va multiplicando por los bobos que deben aguardar pacientemente –entre ellos yo, y quizás tú también– y el último ya está parado en la Travesía del Pino. Si vienes, o sales, por otro lugar, súmate a la protesta.

Por favor, no me dejen en ascuas. Si soy yo el único que ve, y sufre, lo relatado en el escrito, háganmelo saber y sobre la marcha rectifico.