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viernes, 4 de febrero de 2022

239. Ecos de un temporal

Ya que han caído generosas lluvias en estos pasados días, remontémonos al 4 de febrero de 1902, día en el que el periódico palmero (diario de la mañana) La Defensa (número 353, año III), dirigido por Pedro J. de las Casas Pestana, y en sus páginas 1 y 2, nos daba cuenta de un temporal de agua y viento a través de estas dos crónicas que reproduzco:

“Más de Puntagorda.

Sr. Director de La Defensa:

Mi estimado amigo: Pongo en su conocimiento por si creyera conveniente publicarlo en su ilustrado periódico, que el día 25 del actual se desencadenó sobre este pueblo la más horrorosa tempestad que los nacidos en el mismo recuerdan.

A las diez del referido día, la aterradora voz del trueno puso en guardia á los humildes habitantes de Puntagorda. Casi instantáneamente negros nubarrones ocultaron la clara luz del día; el rayo cruzaba el espacio en distintas direcciones haciendose su fatídica luz tan perceptible cual si fuera en tenebrosa noche.

A las 10 y media principió á caer una copiosa lluvia de granizo, cuyas dimensiones alcanzaban las de regulares avellanas: en tales términos, que á la una de la tarde este pintoresco y ameno pueblo se quedó convertido en una sábana, donde sólo se percibían las copas de los árboles y las diseminadas casas, cubiertos sus tejados de gruesa y compacta masa de nieve.

Trascurridos algunos minutos, la tempestad continuó su obra destructora, dejándose sentir nuevamente la potente voz del trueno, que apagaba con su aterrador estampido los lamentos de varias familias, que creían llegado el fin del mundo.

Finalmente, para que V. pueda formarse idea de lo ocurrido, bástele saber que en los terrenos dedicados al cultivo de cereales la nieve subió á unos sesenta centímetros de altura, dejando por algunas horas interceptados los caminos públicos. Á consecuencia de tan ruda tempestad, la cosecha de almendra ha quedado completamente destruida, y creemos que la de cereales no será muy abundante.

Desde ayer, el tiempo se muestra más benigno y la nieve ha dejado el paso libre á los afligidos habitantes de este pueblo que canzados de resar padre nuestros á su santo patrono, empiesan á creer que no es llegado aún el Juicio Final.

Sin otro particular por ahora, se repite suyo afectísimo amigo y S. S.

Q.B.S.M. El corresponsal. Puntagorda, Enero 28 de 1902”.

¡Ay!, la ortografía. Bien seguro que no achacable al corresponsal. Y cuando se le ocurre al tipógrafo colocar una tilde me cambia sabana por sábana. En fin.

Y en el apartado de información general:

“El temporal de anoche

La tempestad de anoche fué imponente. De sus efectos quedarán recuerdos luctuosos en todos los habitantes de esta Isla, porque los daños causados extiéndense á todos los pueblos de la misma, que guardarán de ellos la triste memoria que de los hechos desgraciados se conserva.

Desde las primeras horas de la noche empezó á caer abundante lluvia; pero lo que adquirió mayor intensidad fué el huracanado viento que de las 12 á las 2 de la mañana parecia un verdadero ciclón. A esa hora una palma que desde tiempos inmemoriales se levantaba orgullosa en un huerto de la calle del Espino, barrio de San Telmo, es derribada, cayendo con impetuosidad sobre una pequeña casa donde habitaban once individuos: y derribando parte de la misma sepultó en sus escombros á la desgraciada familia que la habitaba. A sus lamentos los vecinos acuden, contribuyendo á salvar á aquellos desgraciados, entre los cuales había dos pequeños niños padeciendo el sarampión. Por fortuna el arrojo de todos contribuyó á que no tuviéramos hoy que lamentar desgracias personales, y aquella infortunada familia ha sido socorrida por la generosidad del pueblo palmense que nunca deja de acudir á mitigar con su óbolo los dolores de sus compatriotas.

Además de ese sensible suceso hay que lamentar en otros edificios desperfectos de consideración, tanto en esta Ciudad como en los campos.

En uno de los almacenes construidos para las obras del Puerto el viento derribó una pared y ocasionó en el techo daños de importancia. La caceta que se hallaba en la Cumbre Nueva ha sido poco menos que destruida. Un candray de los que se hallaban amarrados en la bahía ha desaparecido, y en algunas plazas de esta Capital varios árboles han sido arrancados, lo mismo que gran número de los hermosos eucaliptus que se hallaban plantados en la Carretera de esta Ciudad á Candelaria, habiendo tenido tan sólo en Breña-alta en las primeras horas de hoy que cortar siete para poder pasar un coche, por hallarse obstruyendo por completo el paso.

Los desperfectos ocasionados en las fincas no se pueden enumerar y las pérdidas materiales incalculables.

Tales son á grandes rasgos trazados, los daños que el temporal reinante ha ocasionado hasta ahora.

El tiempo, aunque con menos intensidad, aún persiste”.

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Con las desgracias habidas en la reciente erupción volcánica, bien podríamos rescatar este pasaje: “La generosidad del pueblo palmense nunca deja de acudir a mitigar con su óbolo los dolores de sus compatriotas”.

Hasta el lunes.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

190. Temporales de años idos (y 7)

 Y se continuaba:

“En Santa Lucía. Debido a los efectos del temporal se han derrumbado varias casas en Santa Lucía y destrozado multitud de árboles frutales.

Los daños que son importantísimos los han sufrido particularmente los labradores y propietarios.

Las pérdidas según cálculo de varios peritos ascienden a 160.000 pesetas.

La fuerza de la Guardia civil de aquel puesto se mostró activa recorriendo las calles y extrayendo nueve personas de los escombros de una casa que se derrumbaba.

Las vías de comunicación han quedado intransitables.

En Agulo (Gomera). La villa de Agulo pagó también su tributo al terrible huracán que se desencadenó la noche del Jueves último en estas islas.

Los árboles eran arrancados de raiz y varias casas se derrumbaron.

Los numerosos platanales que allí hay son los que han sufrido más daños, pues casi todos están arrazados [sic].

Familias enteras se encuentran sin albergue.

Hasta la fecha no se tienen noticias de haber ocurrido desgracias personales.

En San Sebastián de la Gomera. La noche del dia tres fué la más terrible del temporal que como se sabe empezó a reinar en la Gomera en los últimos dias de Diciembre.

El violento huracán destrozó gran número de casas.

Entre las casas damnificadas se encuentra la del cuartel del batallón de aquella guarnición.

El barranco se desbordó, arruinando muchísimas fincas.

En Teror (Gran Canaria). Los temporales causaron grandes destrozos en los edificios de aquella población.

Los daños causados solamente en los edificios se calculan en 16.000 pesetas.

El arbolado ha sido casi todo arrasado, especialmente en la carretera que conduce de aquella población a Las Palmas.

Las líneas telefónicas han sufrido todas desperfectos.

También en la cosecha ha causado daños de consideración el temporal.

Y para finalizar este relato, en El Progreso del 9 de enero de 1918, página 2, estas referencias:

En La Victoria. El alcalde de la Victoria comunicó ayer lo siguiente al Gobernador civil:

Tengo el sentimiento de comunicar a V. E. que los temporales reinantes últimamente en la isla, han ocasionado daños de bastante consideración e importancia, tanto en las casas como en las cosechas.

Debido también a los citados temporales, han desaparecido por las corrientes de las aguas, gran número de animales de diferentes especies.

En Guía de Izora [sic]. El alcalde de Guia de Izora ha telegrafiado lo siguiente:

Cúmpleme informar a V. E. que de siete a diez de la noche del tres del actual, desarrollóse en esta jurisdicción, un grandísimo temporal de lluvias y viento huracanado; produciendo considerables daños en muchas casas y propiedades, arrancando árboles y destrozando sembrados.

No hubo desgracias personales. Los daños causados que son importantísimos es difícil calcularlos.

En Icod. El alcalde de Icod, comunicó ayer lo siguiente al Gobernador civil:

Debido a la interrupción de la línea telegráfica con esa capital, no me ha sido posible comunicar a V. E. noticias del temporal de agua y viento que ha venido reinando en toda esta comarca, desde el primero del actual.

El arbolado de las plazas públicas, ha sufrido daños importantes, como asimismo el de las carreteras de la Orotava a Buenavista, y las fincas de propiedades particulares.

Los sembrados y las plantaciones de platanera han sufrido importantísimos daños, considerándose perdida la cosecha de patatas y maíz.

En casi todos los edificios, tanto públicos como particulares, ha dejado sentir su efecto el horrible temporal.

El almacén para empaquetados de don Domingo Martínez de la Peña, en el puerto de San Marcos, perdió toda su techumbre, como también el de don José Lugo Socas.

También sufrieron destrozos muchas casas de infelices labradores.

Afortunadamente, no se ha registrado ninguna desgracia personal.

A última hora llegan noticias de que en el monte Pinar el viento ha derribado infinidad de pinos”.

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Las faltas de ortografía se debían, casi siempre, a errores en la composición de las galeradas. Los tiempos de los tipos de plomo entrañaban estos inconvenientes. Pero todo ello, entiendo, era superado, y con creces, con un voluntarismo periodístico que ahora se echa en falta. Espero que la lectura de estas crónicas nos sirva para recapacitar. Cuando la naturaleza se desata, solo toca resignación, si no correr en busca de refugios seguros. Hasta la próxima.

martes, 30 de noviembre de 2021

189. Temporales de años idos (6)

Continúa la crónica del corresponsal portuense:

La carretera de San Felipe, reconstruida pocos años ha, fue en unos 2 kilómetros arrastrada por completo.

Las casas próximas a este barranco (el de San Felipe) fueron todas abandonadas por sus moradores. Estos corrían despavoridos por temor a ser arrastrados por las aguas. Hubo muchas personas que, por estar acostados, cuando se dieron cuenta de su situación huia en trajes menores.

Poco faltó gracias a un pequeño dique y más aún a haberse dividido la corriente en dos vías para que las aguas se introdujeran en el Cementerio Católico y arrastraran con él.

La consternación era grande. Horripilaba oír el ruido que producía el vertiginoso correr de las aguas por los barrancos.

La alarma del vecindario fue indescriptible al anunciarse que parte de la población amenazaba ser inundada por distintos sitios. Casi todos los hogares de la parte Oeste del pueblo y barrio de las Cabezas fueron abandonados, lo que dio lugar a que innumerables personas se congregaran en el edificio del Ayuntamiento. Y la cosa no era para menos: el horrible viento, la lluvia y el correr de los barrancos, la población a obscuras, pues hubo que suspender el fluido, eléctrico por haberse roto varios cables y haber cruces con los telefónicos, parecía que efectivamente, como se anunciaba, el agua principiaba a invadir la localidad, produciéndose con tales augurios gran clamor. La inundación no llegó a verificarte, a Dios gracias.

Los sustos, desmayos y carreras eran cosa corriente por cualquier lado.

Pero cuando el desconcierto llegó a su apogeo fué a la descarga de la tormenta. Los desperfectos son numerosos: en el Thermal Palace las habitaciones traseras destruidas y arrojadas a distancia, grandes árboles arrancados de cuajo (en la Plaza de la Constitución, paseo de Martiánez y carreteras), terrenos de plataneras y otros plantíos destrozados.

Muchas son las casas en que fueron desprendidos en parte o en todo el tejado, quedando desmanteladas. Aun en las de tejas francesa.

Telefónicamente quedó incomunicada la población. Dos días hemos estado sin alumbrado público.

En las afueras hubo casas en que sus moradores tuvieron hasta que resguardarse debajo de las camas, pues el viento había levantado los tejados.

En el Jardín Botánico las plantas sufrieron lastimosos desperfectos, dando por este motivo una impresión triste aquel lugar tan delicioso.

El Gran Hotel Taoro también tuvo destrozos en tabiques derrumbados y las carreteras, por el gran número de árboles derribados, quedaron intransitables hasta el día 5.

A las 11 y media, ya habla amainado el temporal; y, no obstante, infinidad de familias, de las cuales se había apoderado un pánico inmenso, no regresaron a sus hogares hasta las primeras horas del día 4, ante el temor de que se reprodujera la tormenta.

Las autoridades se personaron en los lugares de accidentes. La Cruz Roja prestó un buen servicio, por lo que sus jefes y los muchachos merecen aplausos. (Lástima grande que reconociendo todos los excelentes servicios que presta tan humanitaria institución no se le ayude como debe a su comisión local, ya que todos sus trabajos, en estos tiempos de individualismo, son por amor al prójimo, o quizás por el deber cumplido. Algo más que la indiferencia  merecen estos abnegados muchachos.)

Afortunadamente no hubo desgracias personales.

Esto es a grandes rasgos (aunque mal trazados) reseña de una noche de incertidumbre, con motivo de la tempestad del 3 de Enero, noche que recordarán por muchos años los habitantes del Puerto de la Cruz, por lo pródiga en accidentes, ora cómicos, ora trágicos.

Por haber estado varios días, como lo estamos hasta hoy, incomunicados telegráficamente con esa Capital me ha sido imposible informar con más prontitud”.

De San Juan de la Rambla. Urge el remedio.

“Este pueblo, que, durante los tres años de guerra, ha venido arrastrando una vida lánguida, hoy se encuentra a las puertas del sepulcro.

El viento huracanado que en la noche del 3 se dejó sentir causó los mayores estragos: todos los sembrados quedaron arrasados; la esperanza que se tenia en la próxima cosecha de patatas ha quedado defraudada; muchas casas han quedado desmanteladas y sus dueños en la mayor miseria; desapareciendo por completo el único sostén que han tenido los pobres durante estos calamitosos tiempos, como son los sembrados de plataneras; así es que el problema de las subsistencia se presenta con los colores más negros que puede pintarse; urge pues el remedio y ese no es otro sino que todos los políticos, la Prensa de todos los colores y los diputados pidan al Gobierno que, ya que no mandan dinero para repartir en los pueblos, por lo menos, dejen a los municipios libres para que durante este año no tengan que contribuir con las cargas que sobre ellos pesan, y así los ciudadanos puedan respirar y atender, con los impuestos que tienen que pagar, al sostenimiento de sus familias.

Esta es la ocasión, señores políticos, de visitar los pueblos, ver los estragos del temporal y prometer a los alcaldes vuestro decidido apoyo; acordaos de lo que hacéis en vísperas de elecciones”.

En La Victoria

“Los temporales reinantes ultimamente en la isla han ocasionado también en la Villa de la Victoria daños de bastante consideración e importancia tanto en las casas como en la cosecha, calles, caminos y arbolados de los paseos y del Monte público.

Debido también a los citados temporales han desaparecido arrastrados por las aguas que corrían caudalosamente, lo mismo por los barrancos que por los caminos gran número de animales de diferentes especies.

Afortunadamente no han habido que lamentar en la citada Villa desgracias personales”.

(finalizamos mañana)

lunes, 29 de noviembre de 2021

188. Temporales de años idos (5)

Y desde la alcaldía de la Villa de Güímar, la siguiente comunicación:

“Tengo el honor de participar a V. E. que a las diez y ocho del día de ayer presentóse fuerte ciclón con lluvias torrenciales, arrancando gran número de árboles y ocasionando enormes daños en todos los edificios.

Las cosechas quedaron totalmente destruidas, siendo el aspecto de la población tristísimo pues los árboles de las plazas públicas aparecen derribados y la techumbre, puertas y ventanas de infinidad de casas fueron arrastradas por el huracán a distancias increíbles.

Puedo asegurar a V. E. que las noticias que le comunico se hallan desprovistas de la acostumbrada exageración en estos casos, pues ni un solo edificio salvóse del temporal, encontrándose los campos completamente arrasados y por tanto destruidas en su totalidad las cosechas, no teniéndose memoria de otro tan grave azote.

Ya imaginará V. E. la magnitud de los daños sufridos.

En cuanto a desgracias personales solo se tienen hasta ahora noticias de algunas personas heridas”.

En varios pueblos:

“También fué muy duro el temporal en Tegueste.

En el lugar conocido por Pico Bermejo se derrumbó una casa recién construida.

Por suerte, momentos antes del accidente habían salido de la casa sus dueños con unos pequeñuelos, hijos suyos.

Una carretera que la Jefatura montes había acabado de hacer en el monte del Estado de Los Silos, se la llevó.

En Realejo se derribó varias casas y destrozó otras.

En los Rodeos el agua subió en muchos sitios más de un metro.

De La Laguna a Garachico han sido derribados unos 500 árboles.

Al almacén que don Juan Díaz Jiménez tiene en Garachico le llevó parte del techo”.

Siguieron las informaciones el 8 de enero, y en El Imparcial, página 1, un cable del corresponsal en la capital bajo el titular de Violentos temporales, daños de consideración:

“El temporal que aquí se sintió durante la tarde de ayer  y primeras horas de la noche del mismo  día, ha producido grandísimos daños en toda esta jurisdicción.

El huracán, acompañado de lluvias torrenciales, destechó una gran parte de los edificios de esta capital, ocasionando grandes desperfectos.

Los barrancos, crecidísimos, y cuyos cauces fueron insuficientes para contener la riada, rompieron, por varias partes, el baluarte de defensa de esta villa.

Con este motivo fué desalojado un gran número de viviendas, ante los justificadísimos temores de una probable inundación.

Asimismo, las aguas rompieron los muros de contensión de varias fincas particulares, las que han quedado convertidas en ruinas, siendo arrastrados los árboles.

El batallón cazadores de Gomera-Hierro, de guarnición en esta, villa, viose precisado a abandonar el cuartel, que fué invadido por las aguas del mar. Las fuerzas del expresado Cuerpo se alojaron en varios almacenes.

Aunque, por fortuna, no ha habido desgracias personales que lamentar, persiste el temor de que, dado el estado en que han quedado los muros de defensa de este pueblo, de continuar el temporal, esas desgracias se producirían”.

Igualmente, el 8 de enero de 1918 (martes), Gaceta de Tenerife, en sus páginas 1 y 2, nos titula con Los temporales, la extensa y detallada crónica de lo acontecido en varios lugares de las islas. No me resisto a la íntegra reproducción de lo que el corresponsal remitió al periódico:

“En el Puerto de la Cruz. La tempestad del jueves.

También en este pueblo hemos tenido unos comienzos de año calamitosos.

Fue una tempestad con todas sus características la que se cernió sobre nosotros; lluvias torrenciales, constante discurrir de los barrancos que circundan la localidad con alarmantes indicios de desbordarse y un viento recio que parecía iba a convertirse en espantoso huracán.

No se recuerda tiempo parecido desde hace muchos años: así lo aseguran personas que, por su seriedad y años, merecen entero crédito.

Un parangón con este día de zozobra e incertidumbre sólo lo admiten, según la Historia, aquellos del 7 al 8 de Noviembre de 1826, cuando el célebre aluvión, que anegó la ensenada del Puerto viejo y produjo calamidades y destrozos sin fin; o los desbordamientos del 79 y del 81.

A las 8 de la noche, después de un continuo llover, descargó la tormenta que causó destrozos por doquier, estando en camino de ocasionar desgracias innúmeras si no es la brevedad de su duración.

Los barrancos de San Felipe y Martiánez a las 7 ya llevaban agua en gran cantidad. La que por éste discurría llegó en momentos a ocupar todo su cauce (unos 12 metros), arrastrando con su impetuosa corriente infinidad de escombros; y las de aquél, que llevaban doble latitud de corriente por algunos sitios, desbordándose por varias partes y rompiendo parte del dique de contención o encausamiento, se fueron sobre varias fincas y una de ellas, propiedad de los señores Fernández Perdigón, la destruyó por completo. Otra de don Miguel Fernández Montañez sufrió grandes desperfectos…

(continuamos mañana)

domingo, 28 de noviembre de 2021

187. Temporales de años idos (4)

También de ese mismo día 7, Gaceta de Tenerife, página 1, nos traslada idéntica información, por lo que vamos a reproducir seguidamente el contenido de los telegramas remitidos desde Granadilla y San Sebastián de la Gomera, obviados en la entrada anterior:

“Después cinco días lluvias incesantes, desatóse anoche furioso vendaval causando desperfectos edificios y daños propiedades, arrancando árboles.

Hasta ahora ignorase haya ocurrido desgracias personales.

Estamos incomunicados Capital por advenidos barrancos, hallándose detenida correspondencia en Arico.

Ruego V.E. ordénese cartero dicha villa despache seguidamente peatón dirección esta localidad, hará evitar mayores perjuicios.

Salúdale respetuosamente”.

El Delegado del Gobierno en La Gomera telegrafía al Gobernador Civil:

"Ampliando mi telegrama día dos actual participándole que actuales temporales de viento y lluvia arruinan esta localidad, manifiestole día de ayer entre diez y ocho y veinte fué importantísimo, nunca conocido en esta isla, de continuar una hora más sería ruina completa.

Fuertísimo viento sur levantó gran número de tejados entre ellos el del cuartel del batallón de esta guarnición.

Todos los terrenos colindantes con barrancos quedaron arrasados.

Muchos tabiques interiores de viviendas fueron derrumbados por la humedad y viento entre ellos uno del edificio telégrafos, destrozando cuantos muebles alcanzó quedando mayor parte vecinos en situación angustiosa, no ocurriendo desgracias personales.

Las pérdidas son grandísimas.

Del interior ignoro novedad llevando cuatro días incomunicados.

Hoy amaneció sin viento y con tendencia a mejorar tiempo.

Lo que pongo en su superior conocimiento a fin de que se digne trasmitirlo al Excmo. Ministro Gobernación para que envíe socorros y se pueda damnificar a esta localidad de las pérdidas ocasionadas”.

Con lo de damnificar cabe preguntarse: ¿Aún más?

Y del diario republicano El Progreso, página 2, y correspondiente, asimismo, al día que venimos reseñando (7 de enero de 1918), más reseñas informativas de otros lugares:

“En La Laguna.

El jueves por la noche, después de haber estado lloviendo torrencialmente durante todo el día, se desató un viento huracanado del sur, acompañado de copiosos aguaceros, que ocasionó grandes destrozos.

El viento levantó las tejas en muchos edificios, lanzándolas a considerable distancia. Puede decirse que no quedó una casa en la cual no penetrara el agua, inundando las habitaciones.

Los moradores de varias de ellas tuvieron que acogerse en las casas de los vecinos.

A eso de las nueve y media amainó el temporal. El tiempo se volvió del norte y ya los ventarrones y los aguaceros disminuyeron.

Los destrozos en el arbolado han sido grandes.

En la carretera de Tejina yacian en tierra unos nueve o diez ejemplares hermosos de eucaliptos. Uno de ellos, en la esquina de la calle de Juan de Vera, cayó sobre la ermita de la Cruz, cuyo muro a la carretera quedó destrozado. Milagrosamente no causó víctimas, pues junto a la ermita hay otra casa que está habitada.

En el Paseo de la Universidad también sufrió muchos daños la arboleda e igualmente la de la plaza de San Francisco y Tanque grande.

Los destrozos no fueron menores en los jardines de la plaza del Adelantado y de la Catedral, en los que quedaron arrancados por el viento varios arbolitos.

En la carretera de Tacoronte se cayeron también más de 50 árboles corpulentos, no ocurriendo accidentes desgraciados por verdadera casualidad, pues algunos carruajes quedaron en la carretera entre árboles o gajos desprendidos a su paso.

A un automóvil que venia del Norte, y en el que viajaba un estimado señor de La Laguna con una hija y varios niños, le ocurrió esto en los Rodeos, teniendo que pasar un verdadero calvario para llegar, por entre agua y lodo, a una casucha donde se refugiaron y pasaron la noche en unión de treinta personas que se acogieron también al abrigo de dicha casa.

Algunas casas han quedado derruidas.

Sabemos de una en los Rodeos, propiedad de D. Antonio G. Baulén; otra de D. Eugenio Machado cerca del Pozo Cabildo, de la que se vino al suelo un muro. Una pared se derrumbó también en la casa de D. Juan Yanes, en la calle del Consistorio.

En las inmediaciones de San Francisco, un colgadizo de D. Genaro Ramallo. En la calle del Agua, donde se cayeron varios gajos del pino que está en la huerta del Sr. Cedrés, se derrumbó un muro

Algunas paredes de la casa en que estuvo establecida la Granja Avícola, de la parte de la finca, cerca de San Lázaro, se vinieron al suelo.

Los barrancos que cruzan por la ciudad han llevado estos dias un caudal de agua considerable.

Se observó que las aguas que discurrían por el de San Juan arrastraban calabazas, coles y otros efectos, arrancados indudablemente de la huerta durante la fuerza del temporal”.

Vuelve a repetirse lo del calvario que debió sufrir el estimado señor de La Laguna y el refugio en la casucha. Pues menos mal que la encontró, junto con otras treinta personas. Dentro de la desgracia, al menos pudieron charlar. O rezar.

(continuamos mañana)

sábado, 27 de noviembre de 2021

186. Temporales de años idos (3)

Las noticias se sucedieron en los días posteriores. Así, en La Prensa del 7 de enero de 1918, y en su página 1, una crónica del corresponsal en La Orotava, del tenor literal siguiente:

“El jueves, desde las seis de la tarde hasta la nueve de la noche, descargó un horrible temporal de agua y viento huracanado sobre esta villa, que causó importantes desperfectos en algunas casas particulares del centro del pueblo, en las iglesias de la Concepción y San Juan, y especialmente en el edificio en construcción del colegio de San Isidro, donde los destrozos han sido verdaderamente sensibles.

Varias casas de los barrios extremos de la población y de los campos han sufrido tales daños, que sus moradores han quedado en la mayor miseria, agravándose su ya aflictiva situación por la falta de trabajo, con esta nueva calamidad.

Algunas fincas de plataneras y cultivos ordinarios, así como numerosos árboles, fueron completamente arrasados por el furioso temporal, que esta vez no respetó la célebre palmera centenaria de la casa del señor Marqués de El Sauzal.

Según las noticias que hemos podido recoger esta mañana, las pérdidas son de muchísima consideración.

Esperamos que nuestras autoridades se dirijan al Gobierno, con la urgencia que el caso requiere, para que acuda al remedio de tanto infortunio, librando los fondos necesarios para reanudar los trabajos interrumpidos en las carreteras, ya que estas son las únicas obras que pueden aliviar tan horrible situación”.

Y en la página 2 del mismo ejemplar:

“De los pueblos. Los estragos del temporal.

En La Guancha. El alcalde de aquel pueblo comunica al Gobernador Civil lo siguiente: Comunico a V. E. que siendo las seis de la tarde del día tres del actual, se presentó un viento huracanado, causando daños en las propiedades rústicas y urbanas. Las pérdidas se calculan en 200 mil pesetas.

De La Orotava. Telegrama del alcalde.

En las primeras horas de la noche del tres, se desencadenó en esta villa un violento temporal de agua y viento, que causó gravísimos daños.

El fuerte huracán arrancó numerosos árboles, arrasó los platanales de varias fincas y destruyó la cosecha de patatas.

Derribó y destrozó muchos postes, lámparas y demás material del alumbrado público, quedando a obscuras la población.

En los edificios públicos y particulares los desperfectos son importantes.

El temporal derribó parte del gran edificio en construcción para colegio de enseñanza, valuándose este daño en más de quince mil pesetas.

En los templos se registran varios daños, entre ellos el derribo de la cruz que remataba una de las torres de la Parroquia Matriz, y un artístico canalón.

En muchas casas rompió los aleros de los tejados, puertas, ventanas y cristales.

También rompió la famosa palmera que existía desde los tiempos de la Conquista, en la quinta del señor Marqués del Sauzal.

En los campos ha destruido muchas casas, quedando sepultadas algunas reses bajo los escombros, y numerosas familias sin albergue en la mayor miseria, haciendo más triste la situación la absoluta falta de trabajo y de recursos para las subsistencias.

Ante tanta desgracia y desgarradores lamentos que llegan a esta Alcaldía, ruego encarecidamente a V.E. se digne interesar del Gobierno que auxilie inmediatamente a estos infelices obreros y familias indigentes, con los fondos disponibles de calamidades públicas, librando también con toda urgencia los necesarios para continuar las obras de estas carreteras, con lo que se dará ocupación a centenares de trabajadores que viven en el mayor infortunio. El alcalde, Juan Cullen.

En el Puerto de la Cruz. Alcalde a Gobernador Civil:

Tengo el sentimiento de participar a V.E. que el temporal de agua y viento huracanado derribó muchos árboles de las carreteras, plazas, paseos y otros sitios de esta localidad, ocasionando perjuicios de consideración en los cultivos, muy particularmente en el de platanera, y en varios edificios.

El barranco de San Felipe se desbordó por rotura de la muralla de contención, entrando el agua por la carretera del Estado del mismo nombre, que destrozó en una extensión de un kilómetro aproximadamente, inundando también gran parte de las fincas limítrofes y amenazando igualmente la parte baja de la población, que fue desalojada.

El alumbrado eléctrico se apagó totalmente debido a la caída de cables, cuya central sufrió asimismo desperfectos.

Afortunadamente no hay desgracias personales que lamentar, pero los daños causados estímanse de mucha consideración”.

Una nota aclara que los citados telegramas se han recibido por correo, por hallarse interrumpido el telégrafo.

También se hace eco la extensa crónica de los remitidos desde Granadilla y La Gomera. Pero, quizás por cercanía, concluimos con el comunicado por la Guardia Civil desde La Matanza:

“El temporal que se desencadenó el día tres causó daños de bastante consideración en las casas y campos, derribando muchas tejas y tabiques, así como bastantes árboles de propiedad particular, montes públicos y en la carretera del Norte.

Desde el puente de Alfonso XIII hasta Guamasa hay arrancados 24 eucaliptus y 8 postes telegráficos.

No hay que lamentar pérdidas personales”.

(continuamos mañana)

viernes, 26 de noviembre de 2021

185. Temporales de años idos (2)

Continuamos con el relato de Gaceta de Tenerife (6 de enero de 1918):

“En otros pueblos. En la Villa de la Orotava el viento empezó de 8 a 8 y media de la noche del jueves, con intensidad grande, rompiendo cristales y derribando algunos techos viejos.

Siguió cada vez más fuerte, al punto que partió a la mitad la secular palmera del jardín del Marqués del Sauzal, la más alta que había en la isla y se desplomó la Cruz que es remate de la torre del reloj de la parroquia de la Concepción. Tuvieron que atar el órgano de la Parroquia de San Juan, llegando a tal punto que se vieron precisados a tocar a arrebato. El edificio en construcción por los Hermanos de la Doctrina Cristiana ha sufrido también grandes desperfectos.

[…] En Tejina, Bajamar y la Punta, el temporal ha causado muchos daños. El Barranco de la Cueva, de Tejina, ha llegado al mismo sitio que en el año del gran diluvio que hubo en esta isla.

En el Valle de Guerra también se han dejado sentir los temporales. La lluvia y el viento comenzaron el jueves al mediodía, continuando hasta muy entrada la noche.

El agua ha ocasionado en los sembrados grandes daños e igualmente en las casas, algunas de las cuales quedaron completamente descubiertas teniendo sus habitantes que abandonarlas para no perecer.

Varias charcas reventaron ocasionando desperfectos en los terrenos.

La puerta de la iglesia fue abierta y derribada. El viento hizo de las suyas en el interior del templo. La vidriera del nicho de Ntra. Sra. del Rosario fue hecha pedazos, cayendo al suelo la hermosa imagen, que sufrió algunos desperfectos”.

Y del telegrama que el alcalde Güímar envía al Gobierno Civil, destacar:

“Puedo asegurar V. E. que las noticias que le comunico se hallan desprovistas de la acostumbrada exageración en estos casos, pues ni un solo edificio salvóse del temporal, encontrándose los campos completamente arrasados y por tanto destruidas en su totalidad las cosechas, no teniéndose memoria de otro tan grave azote.

Ya imaginará V. E. la magnitud de los daños sufridos.

En cuanto a desgracias personales solo se tienen hasta ahora noticias de algunas personas heridas”.

En la página 1 de La Prensa, diario de la mañana, de ese mismo día 6 de enero de 1918, también estas pinceladas:

“Grandes destrozos en Güímar. Entre los kilómetros 35 y 36 de la carretera del Sur, ha sido cortada ésta como unos treinta metros, por efecto de las corrientes de las aguas afluyentes de la cumbre.

El trozo de la misma carretera, comprendida en la parte llamada La Ladera, ha quedado intransitable para los carruajes, por los desprendimientos de enormes piedras.

Por los barrancos, y arrastradas por las corrientes, se han visto algunas reses vacunas, cabrías y ganado de cerdo, y enseres de labranza.

En Valle Guerra. El temporal ocasionó en los sembrados innumerables daños e igualmente en las casas, algunas de las cuales quedaron completamente descubiertas, teniendo sus habitantes que abandonarlas para no perecer.

Los árboles están casi todos arrancados de cuajo.

Las charcas reventaron, ocasionando desperfectos en los terrenos.

La puerta de la iglesia, a pesar de tener tres cerrojos de hierro y un palo detrás como de ocho centímetros de grueso, fué abierta y derribada.

Abierta la puerta, el viento hizo de las suyas en el interior del templo. La vidriera del nicho de Nuestra Señora del Rosario fué hecha pedazos, cayendo al suelo la imagen, rompiéndosele dos dedos de una de las manos.

Varias vidrieras del templo han desaparecido.

Las pérdidas que los temporales han ocasionado son grandes.

En Tacoronte. Los fuertes temporales de agua y viento, desencadenados anteanoche han arrancado infinidad de eucaliptos en la carretera del Norte, interceptando el tránsito y rompiendo los cables del Tranvía .

Fuera de la carretera muchos árboles fueron también arrancados, sufriendo desperfectos varías casas particulares.

Hasta la presente, no se tienen noticias de que en esta demarcación, haya ocurrido desgracias personales”.

Y con respecto al accidente del operario en el puerto santacrucero, ya mencionado en el post anterior:

“El joven de esta capital, Virgilio García Bethencourt, hallándose ayer en la playa de María Jiménez, junto al sitio donde embarrancó el Juanito, tuvo la desdichada idea de arrojarse al mar para recoger unos tablones procedentes de dicho buque, con tan mala fortuna, que fue arrastrado por el oleaje, desapareciendo a impulsos de las corrientes.

El infortunado joven contaba 20 años de edad y habitaba con sus padres en la calle de Canales Bajas, número 13.

Antes de arrojarse al mar, dejó en la playa sus ropas, de las que se incautó el Inspector del distrito del Toscal para entregarlas al Juzgado.

El padre de la víctima, Marcos García, hállase empleado en la casa de los señores Hamilton.

D. E P. el desdichado joven y reciban sus familiares nuestro pésame”.

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Como la información al respecto fue abundante y las cabeceras existentes en el entonces también diversas, haremos una excepción y continuaremos con la narración este fin de semana. Por lo tanto, hasta mañana.

jueves, 25 de noviembre de 2021

184. Temporales de años idos (1)

Conmemorábamos, hace unas semanas, el aniversario (195) del aluvión de 1826. Algo de ello plasmamos en este blog. Pues en esa manía de siempre estar rebuscando, y mientras me hallaba sumergido en las hemerotecas digitales de las universidades públicas canarias con otras búsquedas, me tropiezo con informaciones de un temporal acaecido en los primeros días del año 1918. No me resistí. Como no había tele ni radio (Radio Ibérica ─sin regulación oficial─ ya emitía en 1923; Radio España y Radio Barcelona, con licencia gubernamental, comenzaron en 1924; y la tele en 1956) los periódicos se encargaban de retratarnos la realidad circundante. Y a fe que se detallaban los aconteceres sociales.

Secuenciemos el relato que comienza con informaciones del 6 de enero del citado 1918 (domingo). Lo que me trae a la memoria el vago recuerdo (debió ser en la década de los cincuenta) de cuando vivía en La Gorvorana y  mis padres me llevaron al tradicional baile de Reyes que se celebraba en el Casino de La Dehesa y a la vuelta, de noche, el aguacero era de órdago. ¿Te acuerdas de que “antes sí que llovía”, no? Pues debió ser uno de esos. ¿Y si vuelven a repetirse? Vamos allá:

En Gaceta de Tenerife (diario católico de información), y en la página 2, nos tropezamos con una prolija crónica de la que extraigo estos fragmentos:

“En la capital. Los daños ocasionados por el violento temporal que se desencadenó la noche del pasado jueves son de bastante consideración.

El arbolado de nuestros paseos y calles ha sufrido grandes desperfectos, siendo los árboles más azotados los hermosos laureles de las alamedas del Príncipe y Weyler y Plazoleta de Santo Domingo donde fueron arrancados algunos de ellos.

Algunos de los pinos de mar que estaban plantados frente a la portada principal de la Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción y los cuatro grandes laureles de la entrada del Cementerio de San Rafael y San Roque fueron también arrancados por el huracán.

[…] Una ciudadela que poseen en dicho barrio los herederos de don Anselmo de Miranda se encuentra en eminente peligro de derrumbarse pues el mar ha zocabado [sic] sus cimientos destrozándolos por completo, habiéndose dado ya las oportunas ordenes para que inmediatamente sea deshabitada.

[…] La torre de la Ermita de San Telmo, sita en la plaza del mismo nombre, amenaza derrumbarse.

En el Puerto. Las casetas que en la explanada del dique sur tenían las casas consignatarias y otras entidades fueron arrastradas por el violento oleaje, perdiéndose seis de ellas: una de don Bernardo Martín, otra de los señores Hamilton y Cª , dos de la casa de Elder Dempster, otra de los señores Yeoward Bros y otra de la Inspección de Arbitrios de este Cabildo Insular.

[…] Asimismo han sido arrastrados al fondo del mar un remolcador de la Junta de Obras del Puerto que se estaba reparando en la punta del muelle, junto con todo el material y herramientas, así como también una caseta en que dicha Junta de Obras guardaba los materiales destinados al servicio de aguada de los buques.

[…] Además se han perdido seis gabarras de las destinadas al transporte de mercancías, habiendo embarrancado todas ellas en la playa de San Miguel en las proximidades de los varaderos y depósitos de Elder.

Las gabarras perdidas son: una de la Casa de Elder, dos de Miller, una de ellas denominada Tahodio, dos de la Casa alemana y una de los señores Cory Hermanos.

[…] El pailebot Juanito, propiedad de don Ramón Trujillo, se encuentra completamente destrozado en la playa denominada de María Jiménez.

El mencionado pailebot tenía a bordo un cargamento de víveres con destino a Dakar para donde hubiera zarpado ayer al mando del joven capitán de la marina mercante don Fulgencio Tuells.

Las víctimas. Cuatro son las víctimas que hemos tenido que lamentar como consecuencia del temporal.

Dos cuyo paradero se ignora, otro muerto por un bloque desprendido de un peñasco de la carretera de esta Capital a San Andrés y el joven de 20 años de edad, Virgilio García, hijo de un antiguo empleado de la casa Hamilton, Marcos García, que estando ayer mañana en las inmediaciones donde embarrancó el pailebot Juanito, se tiró al mar para recoger objetos procedentes de dicho barco, arrastrándolo el fuerte oleaje y la gran corriente que existe en dicho sitio, pereciendo ahogado, y no habiéndose encontrado hasta la fecha el cadáver del infortunado joven.

Simón Peraza y Santiago Hernández conocido por el apodo de Chopita son los dos cuyo paradero se ignora. El primero era peón del pescante del Comercio de 53 años de edad, casado, y habitaba en la calle de la Igualdad, en el Barrio Obrero.

El otro Santiago Hernández tenía el oficio de guardián de mercancías en el muelle donde era muy popular.

Parece que al principiar el temporal los trabajadores mencionados se encontraban en sus respectivos puestos negándose a abandonarlos a pesar del furioso oleaje.

Por la noche y en vista de lo imponente del temporal intentaron pasar hacia la entrada del puerto pero con tan mala fortuna que fueron arrojados al mar por las olas.

Al pasar una de las gabarras perdidas de la casa de Miller cerca del vapor alemán Crefeld internado en este puerto, el patrón José Barrios, que se suponía ahogado, se tiró al agua logrando llegar a nado a las amarras del mencionado buque alemán donde fue recogido y atendido.

En San Andrés. […] Entre los kilómetros 7 y 8 de la carretera de San Andrés acaeció en la madrugada de anteayer como ya hemos indicado un tristísimo suceso.

Venía para esta Capital la vecina Juana Cabrera acompañada de su hijo Marcos Adrián Cabrera, de 14 años de edad teniendo éste la desgracia de que le cayese encima una gran piedra que se desprendió del risco conocido por Muralla Grande, quedando muerto en el acto.

En La Laguna. […] En la carretera, de Tejina yacían en tierra unos nueve o diez ejemplares de hermosos eucaliptos. Uno de ellos, en la esquina de la calle de Juan de Vera, cayó sobre la ermita de la Cruz, cuyo muro a la carretera quedó destrozado. Milagrosamente no causó victimas, pues junto a la ermita hay otra casa que está habitada.

[…] En la carretera de Tacoronte se cayeron también más de 60 árboles corpulentos, no ocurriendo accidentes por verdadera casualidad, pues algunos carruajes quedaron en la carretera entre árboles o gajos desprendidos a su paso.

A un automóvil que venía del Norte, y en el que viajaba un estimado señor de La Laguna, con una hija y varios niños, le sorprendió el temporal en los Rodeos, teniendo que pasar un verdadero calvario para llegar, por entre agua y lodo, a una casucha donde se refugiaron y pasaron la noche en unión de treinta personas que se acogieron también al abrigo de dicha casa…

(continuamos mañana)

martes, 9 de noviembre de 2021

172. 9 de noviembre de 1826

No me preguntes el porqué, pero me acordé de que en noviembre de 1988 (día 20) el periódico El Día me insertó en sus páginas de opinión la transcripción literal de la crónica que el Beneficiado de la Iglesia de Realejo Alto, don Antonio Santiago Barrios, escribió de los sucesos acaecidos con motivo del terrible aluvión del año 1826 (días 7 y 8). Y que una copia mecanografiada de la misma me había hecho llegar don Lorenzo López Marrero, quien fuera funcionario del ayuntamiento de esta Villa. De aquel terrible acontecimiento existen diversas publicaciones, entre las que se cuentan, asimismo, aportaciones de realejeros de pluma mejor cortada que la de este servidor.

Cuando se cumplen 195 años de aquella catástrofe, recapitulemos:

Comienza la reseña del Beneficiado don Antonio Santiago Barrios: “Jamás los habitantes de la Isla de Tenerife, después de la Conquista, habían visto ni experimentado un suceso tan lastimoso ni que más deba conservarse en la memoria de los hombres como el sucedido el año 1826, en la noche del 7 de Noviembre y el día 8; noche y día que debieron hacer punto fijo para empezar una nueva época, y en particular para los habitantes desde la Fuente de La Guancha y San Juan de la Rambla hasta el risco de la Orotava”.

Y tras relatar las terribles consecuencias de las inclemencias meteorológicas acaecidas los días 7 y 8, continúa la crónica:

“El día 9 a las diez de la mañana se presentó en casa del que escribe esto un hombre en camisa y calzoncillos blancos y una gran lanza en la mano, todo lleno de contusiones, rasguños y heridas, dando parte cómo en la Ermita del paso de la Cruz Santa se hallaban siete cadáveres que habían perecido la noche del día 7 y pidiendo se les diera sepultura; el Beneficiado se quedó sorprendido sin poder resolverse a dar disposiciones para la inhumación de aquellos cuerpos y últimamente les dijo que los trajeran para la parroquia, a lo que respondió: ¡Cómo señor si el camino está intransitable y yo he venido saltando paredes, barrancos y charcos por la Gañanía! El Beneficiado contestó: pues como V. vino voy yo a dar sepultura a esos cuerpos en la Ermita del aquel pago; el hombre lo resistía pero el Beneficiado insistió en ir, y últimamente habiendo invitado algunos vecinos que le acompañasen, salió de su casa a las diez y media acompañándole más de veinte hombres; llegó al barranco al Puente de Abajo, y como ya había desaparecido el Puente y la casa que en él había en la parte del naciente, este barranco se había hecho tan profundo y corría por él mucha agua todavía, se detuvo el paso y casi desesperanzados de poderlo pasar le ocurrió poner una soga o cabo muy fuerte que hay en esta Parroquia, de una parte a otra del barranco, sostenida por los dos extremos en dos morales que había por una parte y otra del barranco, junto al sitio de Juan Domínguez, y cogiéndose de este cabo, con mucho peligro, pasó y tras él todos los hombres que le acompañaban; siguieron por el camino que llaman del Palo de Molina, y siguieron por el camino hasta llegar al barranco de La Fuente en que se encontraron con el mismo estorbo, pero lo superaron pasando al Beneficiado sobre los hombros y cogiéndose los hombres unos con otros por las manos; donde llaman el Cortezano había un terrible charco y lodo y este no lo podían pasar sino hombres con lanzas y sin zapatos y sus calzoncillos blancos; unos de los hombres que acompañaba, llamado Pedro Yanes lo tomó sobre sus hombros y antes de andar dos varas cayó junto con el Beneficiado, pero la multitud de hombres que le acompañaban y que eran más de cincuenta se arrojaron al charco y lo sacaron, poniéndolo sobre sus hombros Antonio Fajardo y ayudándole los demás salieron del charco; llegaron al barranco del Ciego y allí estuvieron más de una hora sin resolverse a pasarlo, pero últimamente pudieron pasarlo a beneficio de unas piedras que movieron con unos palos.

El barranco que llaman del Mocán no le presentó dificultades porque toda la extensión del terreno que ocupaba el barranco, el lagar y la casa de doña Rosa, viuda de Torres, y que el barranco lo había llevado el 7 a la noche, formaba una espaciosa playa que aunque estaba cubierta de agua no era peligrosa el entrarse en ella, pues solo daba el agua un poco más debajo de las rodillas, y cogidos los hombres de mano ya pasé con facilidad. Al terminar un llano que hay en el camino por la parte del naciente de la casa y lugar que en la calzada llaman de Los Pasitos da una vuelta el camino, o hace un codo en la parte de arriba, había una casita de piedra,  barro y teja, ésta la llevó el agua y un poco más afuera,  hacía el naciente a la distancia de la casita, como diez o doce varas, pasaban las Canales que conducían el agua de la Gorvorana, y había un gran dornajo donde los vecinos del pago de la Cruz Santa cogían agua, y todo esto  desapareció, quedando arrasadas todas las paredes de aquella propiedad; y un poco más arriba se hizo un barranco que durará para perpetua memoria. Cuando el Beneficiado y los que  le acompañaban llegaron a este punto, aunque era muy poca el agua la que corría, el nuevo barranco no se podía de ningún modo pasar por su profundidad, y fue preciso bajar a la hacienda de la Gañanía donde este barranco había hecho una playa y por allí se pasó.

Al llegar a la Cruz de la Piñera, el Beneficiado y los que le acompañaban se quedaron extáticos al ver otro nuevo barranco que se había hecho un poco más al naciente de la Cruz de la Piñera, donde antes del día 7 había un hermoso llano y el camino seguía igual al piso donde está la Cruz de la Piñera. Para poder pasar este nuevo barranco el Beneficiado y los que le acompañaban tuvieron que subir un largo trecho del camino para arriba.

Por fin, a las tres y media de la tarde llegaron a la Ermita de la Cruz Santa todos mojados y estropeados y poseídos de terror y espanto al ver cómo el camino del pueblo de aquel pago no se conocía, pues habiendo antes del día 7 en su tránsito, solo tres barrancos, se encontraron con cinco, todos intransitables. Pero, ¿cómo podré explicar y hacer ver la trágica escena que se representaba en aquella Ermita? ; ¡Oh momento pavoroso y que jamás se me presentará a la imaginación que no me haga estremecer! La Ermita estaba llena de personas de uno y otro sexo: la Virgen descubierta, con dos velas y en medio de aquel tumulto, siete cadáveres destrozados, que solo el mirarlos causaban horror, y entre estos una mujer como de unos 25 años con un hijo suyo apretado entre sus brazos, el que no pudo arrancar la violencia e impetuosidad de las aguas ni el gran golpe que la madre tenía en la cabeza, pues solo le quedaba la cara; todas las personas que contenía la Ermita estaban llorando y rezando a la Virgen, y al entrar el Beneficiado se repitieron con tanto esfuerzo los suspiros y los sollozos que ni yo puedo expresar los tristes movimientos que experimentara mi corazón ni se puede dar una idea de lo que allí se pasaba; unos se pedían mutuamente perdón; los padres abrazaban a sus hijos y estos a los padres; los hermanos a los hermanos; los amigos a los amigos, y todos acudieron al Beneficiado; unos a abrazarlo, otros a besarle la mano y otros exclamaban con voz lánguida y decaída: gracias a Dios que le hemos vuelto a ver. En fin, después que el Beneficiado los consoló y les hizo una plática de más de veinte minutos, él mismo, para animarlos, tomó la azada y empezó a cavar la tierra para dar sepultura a aquellos cadáveres, lo que se verificó en medios de los llantos y amargas lágrimas de todos los concurrentes, terminándose a las cinco y media en que el Beneficiado y los que le acompañaban retornaron para el pueblo, sufriendo en el camino mil ocurrencias dignas de escribirse, las que se omiten por no ser prólogo en esta narración”.

No creo sea necesario señalar que cuando la naturaleza desea imponer su argumentario, no precisa demandar permiso alguno. ¿Ejemplos? Todos los que quieras y más.

¡Ah!, y los más viejos de Toscal-Longuera recordamos que donde hoy se halla Romántica II, hubo una zona denominada el Camposanto. Los cadáveres que fueron arrastrados en las riadas hasta la costa… “y llegaron a la playa del Burgado. A todas partes que se volvían los ojos no se veían sino objetos horrorosos: cuerpos de racionales, de animales, bueyes, burros, cochinos, ovejas, cabras, perros, gatos y hasta peces, todos confundidos y mezclados unos con otros, todos destrozados […]. Se enterraron en un llano que está por encima de las canales que conducen el agua del Burgado”. Es un extracto de lo relatado con respecto al día 11 (sábado).

Mañana más.