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miércoles, 10 de noviembre de 2021

173. Échense un higo

Los más jóvenes no recordarán cómo se empichaba antes. Pero uno, que tiene ya sus años y vivió en La Gorvorana de caminos llenos de tolmos y totufos, que se esporruñó los dedos que asomaban curiosos por la destartalada tela de las alpargatas, contempla ahora atónico que siguen existiendo racionales que pretenden echarse aquello mayor que lo otro con asfaltados y repavimentaciones.

Los indudables adelantos en las obras públicas no guardan proporcionalidad directa con las sandeces que se deben escuchar y leer. Porque los gobernantes actuales deberían, siquiera por equivocación, ojear de vez en cuando los párrafos que los gabinetes de prensa, amén de la pléyade de asesores, ponen en boca (entrecomillado al canto) de concejales que –voy a ser benévolo– no saben hacer la o por un canuto. Pero como esta bien pagada profesión no requiere echar el currículum previamente ni someterse a una prueba de idoneidad, así nos va.

Los canarios –al menos los antiguos: es mi caso– sabemos que totufo no es solo un abultamiento (acepción empleada antes), sino que, además, se utiliza el vocablo para designar a toda persona tarda en comprender, verbigracia, aunque se creía una eminencia, en realidad era un totufo. Y por aquello del lenguaje inclusivo, si alguna concejala se me revira, incluyan totufa.

En aquellos piches de antes –con mucho menos tráfico, es verdad– cuando se hacía un agujero en la calzada (ahora es socavón u oquedad: te explico después lo de la negrita), venían los paisanos de turno (uno con la guataca y el otro con un pico) y se ponían manos a la obra hasta encontrar terreno firme, relleno al canto y aunque luciera el remiendo, aquello no se fonducaba más.

Los tiempos pasan. Pero algunos quedamos para recordar, de vez en cuando, pasajes de años idos. Y hasta nos atrevemos a indicarle a los señoritingos (guion as) de turno que lecciones las justas. Sobre todo a quienes se nos pudo brindar la oportunidad de ir a una escuela a aprender las cuatro reglas y a escribir una carta para cuando fuéramos al cuartel. No, cualquier época pasada no fue mejor. No obstante, las carencias eran suplidas con la imaginación que en la actualidad se les echa en falta a ediles y edilas. Vamos al grano con unos fragmentos de unas notas informativas del ayuntamiento realejero. Leo:

La concejala de Urbanismo de Los Realejos, Laura Lima, que informaba en la tarde noche de este jueves del corte preventivo del tramo inferior de la Calle Los Molinos de Realejo Bajo debido a un hundimiento y hoquedad detectados en su margen izquierdo, presenció durante la mañana de este viernes 22 de octubre las primeras catas técnicas en el firme comprobándose la existencia de una cavidad bajo el mismo que habrá de seguir analizándose a partir del próximo lunes 25 para valorar sus dimensiones y posibles causas.

El Ayuntamiento de Los Realejos y su Gerencia Municipal de Urbanismo han procedido a la contratación por vía de emergencia de una empresa especializada que está analizando el estado del firme y su cimentación junto a personal técnico del citado departamento de la corporación.

Cuánta diferencia con los señores de la guataca y el pico. Y, además, con una “hoquedad” que te deja patidifuso. Explicado, creo, lo de la negrita anterior. Detección, catas, análisis, causas… ¿Te extraña, entonces, que los retrasos sean el pan nuestro de cada día? Tanto adelanto, para qué, si fallan hasta en la consulta al diccionario.

Qué me va a sorprender la redacción de lo que sigue:

Explica la concejala que “hay que garantizar ante todo la seguridad y es por ello que la excavación debe continuar para detectar la volumetría real de la cavidad ya localizada y poder tomar las soluciones técnicas más adecuadas para la reposición y garantía de estabilidad del firme”. Échate un higo. Si eres capaz de repetírmelo sin el papel delante, yo sería capaz de hacer un rap con los elementos de la Tabla Periódica. Y lo mismo te gano, modestia aparte.

Me imagino que ustedes, amables y estimados lectores, habrán también observado que los asfaltados modernos acaban por hundirse a las primeras de cambio. Parece ser la tónica de la que adolecen (se las trae este verbo con el empecinamiento de muchos en escribirlo como sinónimo de carecer) las obras públicas. Y todo ello pese a contar con un batallón de técnicos y peritos. Hasta Marrón mete la cuchara. ¿Cómo? Sigue leyendo:

En la intervención, en la que ha colaborado el área de Seguridad y Emergencias y la Policía Local con la señalización vial provisional, la Gerencia Municipal de Urbanismo ha contado también con el apoyo de personal de la empresa municipal de aguas Aquare, analizando posibles fugas y reforzando las tuberías de abastecimiento, tareas de estudio que continuarán también a partir del lunes en redes de saneamiento y pluviales que discurren por la citada calle.

Y del Realejo Bajo a La Gorvorana. No, la casona para más adelante, que ahí ya no vive nadie y no hay votos. Toca la repavimentación de la calzada, la sustitución del acerado y bordillos deteriorados, la dotación de zonas ajardinadas y su correspondiente red de riego, nueva red de abastecimiento de agua, mejora de la red de alumbrado y nuevas farolas y la ansiada dotación de la inexistente hasta ahora red de telecomunicaciones. Como decía cierta parienta mía: eso va a quedar ‘flemante’.

El señor alcalde –que ya no es primer edil; menos mal que han sido capaces de leer lo que escribió al respecto Fernando Lázaro Carreter en su El dardo en la palabra– aprovechó un lunes para sus sesiones fotográficas y estuvo en San Agustín (con Fillo) y en un lugar que creo conocer bien. Y repasen estas dos pinceladas. El entrecomillado, aclaro, significa poner en boca de los personajes el texto reproducido:

El edil realejero, que visitaba este entorno recientemente junto a la concejala de zona, Carmen Rosa Pérez, aludió al “evidente estado de avanzado deterioro que presenta el firme asfáltico, así como la irregularidad en el estado y acabado del acerado existente, lo que afecta a la propia accesibilidad, sumado a las deficitarias redes de infraestructuras que discurren por la vía”. Ños, Manolo, lo progresos parlamentarios ya surten efecto. Felicidades.

“Somos conscientes de antemano de las molestias que una obra de este tipo pueden causar en una de las vías principales de todo el entorno de Toscal Longuera, pero es al fin y al cabo una de las demandas transmitidas por la propia ciudadanía de la zona, de ahí que hayamos impulsado su redacción, contratación e inminente ejecución para dar solución a los problemas que de por sí se generan con su actual estado”, señaló Carmen Rosa Pérez. ¿Y no te trabaste ni un fisco?

Concluyo: vayan de nuevo al título.

martes, 6 de abril de 2021

24. Un gran parque

Hace unas cuantas décadas, cuando en los ayuntamientos no había dinero, se intentaban suplir carencias con ideas. En la actualidad, con una situación económica mucho más desahogada, existen grupos de gobierno, algunos con mayorías absolutas, que dejan en el aire muchas incógnitas. O deben aprovecharse, aun con un numerosísimo grupo de liberados y asesores, de planteamientos ajenos, porque, esa impresión da, se les han debido cortocircuitar las neuronas o la sustancia gris quedó obnubilada por los sueldos de final de mes.

Allá por los ochenta del pasado siglo, tras la inauguración de la Casa de la Cultura, se esbozó la posibilidad de “hacer algo” en su parte trasera. Incluso la alternativa de cubrir el Barranco de Godínez para establecer en aquella zona un parque o zona recreativa. Todo quedó en nada. Las arcas municipales solo contenían telas de araña y en más de una ocasión constituyó una auténtica odisea el poder abonar las nóminas del personal funcionario y laboral.

Ahora, cuando es factible llevar a cabo infraestructuras impensables en aquel entonces, se echan en falta acciones que conviertan al pueblo en algo más que asfalto y cemento. Darse una vuelta, verbigracia, por La Matanza, y comprobar cómo con un presupuesto mucho más reducido que el nuestro, con una población cuatro veces menor que la de Los Realejos, haya sido capaz de contar con un espacio El Montillo que es la admiración de cuantos lo visitan, debería causar más escozores a los dirigentes de otros municipios.

Por estos lares parece que seguimos empeñados en llevar el camino contrario. Un triste ejemplo puede ser el Bosque de La Gorvorana, que, al igual que la Casona, constituye el paradigma de la desidia y el abandono. Este –el bosque– que fuera lugar de recalada del turismo en aquellos años que comenzaba a descollar en Puerto de la Cruz, no vale ni una perra gorda. Allí no fueron a hacerse la foto los estudiantes universitarios (privados todos ellos). Hasta Gabriel, el cura, uno de sus principales valedores, fue trasladado. Lo mismo don Bernardo consideró conveniente el alejamiento. Y al señor alcalde dejó de molestarle un grano en ciertas partes.

Hace unos meses –creo que fue en un duelo– hablé unos minutos con un realejero afincado en Los Silos. Con Pedro González (Pedro Barranco) coincidimos en varias facetas, profesionales y académicas. Y como no nos cobran por pensar (al menos todavía), cuando tropezamos por ahí damos rienda suelta a ideas. Como ya uno es mayor, te confieso que no recuerdo si esta –de él– que hoy saco a colación en el blog fue publicada con anterioridad. Yo creo que no, y en caso contrario, a perdonar el chocheo.

Esa zona marcada con ese polígono estrellado de seis puntas y de color rojo (lo pude haber puesto azul, lo mismo cuela más), en la captura de pantalla que brinda Google Maps, podría (condicional) ser otro Montillo realejero. Ignoro cuál es la situación actual del planeamiento urbanístico de ese lugar. Pero no será ello inconveniente para el cambio pertinente en caso de así ser exigido. Porque Los Realejos, con un descenso poblacional importante en la última década, no necesita de más desarrollos a la caza y captura de hipotéticos habitantes. Y no se me aluda a que en tiempos de crisis regresan los que  un día emigraron en busca de trabajo, porque si ello fuera cierto, La Gomera estaría petada. Y aunque Casimiro asfalte cuantas veces sea menester, lo accesos a Erque y Erquito, sus pobladores siguen en Tenerife. O el caso de Tejiade, Gerián o Jerduñe. Pero como le votan y “disfrutan” del entierro gratis… A lo que íbamos. Necesitamos, urgentemente, más naturaleza, más aire libre, más ocio y esparcimiento.

En los tiempos de José Vicente se cometió, a mi modo de entender, un desaguisado en La Fuente (costado del poniente de la Playa de Los Roques). Bueno, el de El Horno (costado del naciente) tampoco está para echar voladores. Como contrapartida a las conejeras allí fabricadas, se nos vendió un gran parque. Que hoy contiene un acceso al sendero de la costa (¿ya está abierto?) , y bajada a la playa, cuya imagen es lastimosa. En este pueblo parece que es El Socorro el único punto que merece atención. Olvidando que el paisaje protegido de Rambla de Castro es mucho más que los palmerales y el mirador de San Pedro.

Como las (los) votantes entienden que por dos besos se deben perdonar los pecados de omisión, sigan bailando al compás de quien tiene tantos calderos que atender… y la casa sin barrer. Lo de Gordejuela, por la que ahora se preocupa el grupo popular gobernante, indecencia elevada a la enésima. Si la pandemia ha paralizado casi todo, ¿cómo es posible que siga habiendo concejales liberados cuando sus cometidos han quedado reducidos a la mínima expresión y cobrando íntegramente los generosos sueldos? ¿Y a dónde van? También es verdad. Aunque la oposición, inquiero, ¿va por los barrios dando a conocer estos hechos y sus propuestas o se limita a dos pinceladas en las redes sociales? Te lo pregunto a ti, estimado lector, porque me deben tener vetado. Con lo que le encanta a un servidor el “me gusta”.

Somos tan dados a los eslóganes que aquel “Los Realejos, Natural…mente” quedó sepultado por los cascos de los caballos (del hipódromo). Hasta “Los Realejos con el deporte” va la par que el tartán del Iván Ramallo. Mañana más.