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lunes, 14 de junio de 2021

76. Pollaboba

Original manera la del grupo de gobierno en el ayuntamiento realejero para soslayar un hecho lamentable: el veto impuesto (censura) a la prologuista de un libro, cuyo acto de presentación (casa municipal de la cultura) fue incluido en el programa de las recientes fiestas de mayo. Y no conforme el partido popular con imponer su derecho de (no) admisión, se permite ahora el que desde la emisora municipal se continúe con las acostumbradas diatribas. No solo para insistir en la campaña de acoso y derribo a la persona cuyo pecado consistió en abrir la ventana de una nueva publicación, sino que, además, se arremete inmisericorde contra todo aquel que ose comentar el tristísimo avatar.

Corresponde, por lo visto, correr tupido velo por el insignificante desliz y aplaudir a rabiar la valiente decisión de la concejala. Porque poner de manifiesto tu disconformidad, puede significar una ingente avalancha de improperios y descalificaciones. Debemos obedecer a pie juntillas y acatar, impertérritos, los dictados de la superioridad. Ni los jefes se equivocan ni los súbditos deben erigirse en árbitros. Y no se te ocurra ir a consolar tus penas en la música pachanguera de Radio Rumberos, porque yo, y solo yo, sigo siendo el rey. La ley del embudo, harto conocida. O fonil, en canario. Menos mal que un excelente amigo sigue defendiendo nuestra idiosincrasia lingüística y espetaría un rotundo pollaboba: persona imbécil, cretino.

Se está alcanzando un punto de muy difícil retorno. Este particular enfoque de la libertad de expresión –la de ellos, que la nuestra no vale un céntimo– parece causar indescriptible regocijo en las filas de quienes en la actualidad han de regir los destinos municipales. Y cuando insultos, vejaciones, insidias y demás denuestos son aplaudidos por las paisanas de turno –aquellas que, probablemente, se ahoguen con la lectura del primer párrafo de la obra de marras (o, a lo peor, ni eso– y aleccionadas las unas (y el ¿otro?) desde la institución que debería velar por el exquisito trato informativo, amén de la correcta distribución de los dineros públicos, uno se cuestiona si el artículo 20 de la constitución española es patrimonio de todos o un mero abrigo de unos pocos.

Vuelvo a mi artículo del 4 de junio. Y retomo las palabras de Luis María Ansón y Luis Calvo, respectivamente: “El periodismo español, sobre todo el audiovisual, se ha empobrecido. En la búsqueda voraz de las audiencias o de los anhelados clics se atropella el honor y la privacidad, se insulta y se deslizan reiteradamente insidias que arruinan honras y prestigios”. “Se puede discrepar, incluso de forma total, del adversario, pero sin utilizar nunca ni el insulto ni la insidia. Eso descalifica al periodista”. Pero, claro, Ansón y Calvo son unos ceros a la izquierda. Personajes asaz inútiles. Qué decir de aquellos que osamos garabatear cuatro letras.

La emisora municipal, en determinada franja horaria, debe competir por las audiencias. Porque tal cuestión deberá llevar aparejada, al parecer, la notoriedad del presidente de su consejo de administración. Órgano en el que ni siquiera se sienta quien pudiera (o pudiese) “deslizar reiteradamente insidias que arruinan honras y prestigios”. Maldita falta que le hace, porque él es el puto amo. Que para eso es un profesional como la copa de un pino. Que bate récords cada mañana con sus programones, que consisten en abrir el micro a las llamadas telefónicas de las mismas (versión coral femenina de cierto grupo musical de las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo), quienes ratifican (confirman, corroboran, revalidan, fortalecen, certifican, legalizan, sancionan, afirman) un día sí y el otro también, las diatribas (injurias, ofensas, afrentas, improperios, escarnios, invectivas, sermones, peroratas) estentóreas (resonantes, rimbombantes, estrepitosas, clamorosas) del no va más de la comunicación. A perdonar tanta aclaración entre paréntesis. Es por si me leen. La vena de maestro, ya saben.

¿Y el resto? Calladitos están más guapos. ¿No hay más tropa, incluidos cargos públicos, con dos dedos de frente en este pueblo? Claro, pero no siguen los consejos del Padre Antonio (q.e.p.d.): de cobardes no ha escrito la historia nada. Menos mal que el grupo socialista ha dado un paso al frente y solicita la dimisión de la concejala, amén de que el alcalde dé alguna explicación de lo sucedido. Que se quedará en un gesto. Las mayorías permiten esquivar forúnculos, pero, poco a poco, el pueblo deberá despertar de su letargo. Las orgullosas palmeras también bajan a barrer el asfalto.

Estimados Salvador y Fidela: sigamos ejerciendo ese albedrío, a pesar de que alguno se empeñe en acaparamientos obscenos, obviando la riqueza contenida en el DRAE con respecto al derivado del latín libertas. Como dijo Blas de Otero: Pido la voz y la palabra. Y con ellas derribar los muros de la necedad y la censura, que en pleno siglo XXI pesan más que una tristemente famosa losa. Aunque se presuma de victorias, vencer no es convencer, que sentenciara Unamuno. En fin, voy a buscar el paraguas porque se avecina una tormenta e intuyo que no tendré suficiente protección con el sombrero. Pero vendrá bien (la lluvia) después de tanto calor.

miércoles, 2 de junio de 2021

68. Y no pasa nada, oiga

Imagina tú que un buen día se culmina una vieja aspiración. La que faltaba en la terna para sentirte realizado. Porque antes ya habías plantado el árbol y la familia se había incrementado con la incorporación de algún vástago al linaje. Restaba, claro, el libro. Tras ímprobos esfuerzos –nadie conoce cuánto dolor supone si no te has sumergido en la vorágine– ves ante ti el fruto de muchas horas de soledad, palpas con tus dedos aquellas hojas impresas que salieron en momentos de encendidos de bombillas, cierras los ojos y agradeces a los que te rodean que te hayan dejado dar rienda suelta a inquietudes que dormían en la gaveta de los recuerdos…

Atrás quedó la dura travesía. A la que hubo de añadir los malos tragos de la búsqueda de los dineros. Porque este parto, desgraciadamente, ha de ser atendido en clínica privada. La cartilla de la seguridad social no cubre este tipo de locuras. Y es complicado, penoso y, a veces, exasperante. Pero recordaste la vieja máxima de que barco parado no gana flete, le echaste bemoles y tiraste pa´lante. Bendita chifladura.

Cuando ese otro paso fue superado con tesón, voluntad y arrestos, creíste conveniente acudir a TU ayuntamiento para planificar el acto solemne por el que la criatura debía ser presentada en sociedad. Se te da el visto bueno y se incluye el acto en el programa festivo del mes de mayo, donde la cultura, desde siempre, ha jugado un papel primordial.

Y tú, novato siempre en lides de tal enjundia, confiesas que debes demostrar el agradecimiento a quien se alongó por vez primera a esa ventana que abres a potenciales lectores. Porque es de bien nacido invitar, a que comparta mesa y mantel, a la persona que te prologa esos renglones hilvanados con todo el cariño que has podido desplegar.

Como tú, Juan José, has roto el silencio y has dado a conocer que si “ella va a estar presente, no cuentes con nosotros”, esa losa que te endilgó la señora concejala de CULTURA, ese veto, nítido y rotundo (¿estúpido?), impuesto a la persona de Fidela Velázquez, permíteme que un servidor vuelva a poner sobre el tapete el lamentable hecho que flaco favor ha dispensado a la noble Villa de Viera. Y que el pobre no levante la cabeza porque lo mismo se nos vuelve para Las Palmas. Aconteceres como este demuestran bien a las claras que no todos los cargos públicos saben administrar las competencias que le fueron conferidas.

Me aflige, aún más, que el triste afer se haya quedado olvidado con una simple pregunta en la última sesión plenaria. A la que se responde, como casi siempre, con las evasivas de rigor en el convencimiento de que las mayorías absolutas permiten licencias de tal índole. Pues se ha jugado con mucho más que con la dignidad del autor. Y de la prologuista. Mi pueblo –aquel que me vio nacer y en el que he desarrollado casi toda la actividad que el devenir me ha encomendado– no merece acciones de tal porte. Como mínimo exíjase la dimisión de la persona que se arroga idoneidades y presencias. A los que en este municipio nos quedan dos dedos de frente, sabemos cuál hubiese sido el desenlace ante la propuesta aludida. Pero los gestos dicen mucho, aunque vayan encaminados al fracaso. Los Realejos está muy por arriba de ignominias y puñaladas. Por muy populares que resulten.

No me hallo cabizbajo. Mentiría si me empeño en sostener tal aseveración. Lo mío va mucho más allá. Me niego a pensar que mi gente siga alucinada, que no se percate de que estas derivas implican más peligro que el que pueda considerarse esta censura como una simple anécdota, como un desliz que debe ser perdonado con otro efugio más. Este pueblo es bastante más que esa masa amorfa que se distrae con la hojarasca. Que no vislumbra más que formas y no es capaz de indagar para sumergirse en el fondo. Espero y deseo que un día habrá un pueblo (perdóneme, usted, don Pedro García Cabrera, por empezar por lo más cercano) que no sea silencio amordazado.

A los gobernantes, un consejo: más alto subió la palma. A la oposición, otro: poco bagaje el colgar dos pinceladas en las redes sociales, un par de preguntas los últimos jueves de cada mes y, mientras, el pueblo en la más supina ignorancia: cuatro fiestas, unas plantas en los jardines y aplaudiendo con las orejas.

Como desagravio a los implicados (Juan José y Fidela): COMPREN EL LIBRO. Ya yo lo leí y les puedo asegurar que en sus relatos se destilan la bonhomía y crianza de las que carecen (in)determinados representantes de la soberanía popular.

Despierta, pueblo, despierta, / no es real ese embeleso, / que no te la den con queso, / mira bien lo que se oferta. / Mantén esa mente abierta, / pues humo te están vendiendo / y ante tus ojos poniendo / la venda que te obnubila, / para que en tanto la edila / mala praxis vaya urdiendo. 

miércoles, 19 de mayo de 2021

58. Intrahistoria de El Legado (y 2)

Cuánta pena siento. Qué se creen estos falsos corderos (así se muestran normalmente, aunque, como en esta ocasión, les sale el rejo y se les acaba el disimulo mostrándose como lo que realmente son). Absolutismo pleno. Dictadura de una mayoría mal entendida. El falso (y ausente) crea escuela. Porque no puede calificarse el suceso como un simple acto de mala educación. Ojalá fuera solo un pequeño desliz.

Ya está bien. Y me gustaría que la oposición, y todo aquel que no comparta estas conductas, no se quedara en las medias tintas consabidas y diera un paso al frente en defensa de unos principios democráticos. Porque estos sesgos comienzan a ser peligrosos. Y no surjan lamentos a destiempo. Las derivas de tal índole no pueden tener cabida en nuestras instituciones. Que, repito, nos pertenecen. Ustedes están de prestados para tramitar con diligencia nuestros dineros. No les pido que difundan el presente en las redes sociales porque sé que no lo harán. Algún amigo, que ahora mismo se estará haciendo cruces al conocer esta ¿salida de tono?, me acompañará en el sentimiento.

Yo no puedo ponerme en lugar de Juan José. Le aplaudo su aplomo y el no montar el pollo (lío, escándalo) ante un evento ya programado. Pero a buen seguro que ya, una vez pasado, y mamado, el mal trago (manera suave de disimular un tic dictatorial en toda regla), se seguirá preguntando si por unos malditos 400 euros merita la pena seguir escribiendo. Claro que lo merece, faltaría más. Otros representantes vendrán si los actuales se siguen retratando. Además, aún quedan empresas generosas por esos mundos. A seguir en la brecha.

Para ti, especialmente, amigo Juan José, aunque otros podrán sentirse, asimismo identificados, otras décimas, porque hace unos días (desde que me enteré de la movida y esperaba a que llegara el día 17) me sentí inspirado. ¿Petulancia? Sí, a mis años, qué ilusión. Y a ti, Fidela, mi ánimo, consideración y afecto. Si algunos creen que con desprecios e insultos van a lograr que torzamos el rumbo en nuestra bien merecida jubilación, aviados van. Ladran, luego cabalgamos. Chacho, van las espinelas prometidas:

Algún día escribiré / de libros que se presentan, / pues concejalas no cuentan / lo que yo sí te diré. / Bien alto denunciaré / a la que echó mucha jeta: / una valiente que veta / a quien la obra prologa, / porque ella poder se arroga / y a la jefa nadie objeta.

Dispongo por mis ovarios / el derecho de admisión, / entrando solo al salón / acólitos y gregarios. / Comportamientos sectarios / definen a un personaje, / que merienda igual forraje / que sus carcas superiores / y se traduce en rencores / la ingesta de tal potaje.

Se equivocó un servidor / al pensar que era distinta, / mas debió quedar encinta / del sentir de su prior. / Con la cultura, qué horror, / y el noble trabajo ajeno, / no se inocula veneno / de la gente intolerante: / yo te hubiera dado el plante / porque si no me gangreno.

Nade usted en su porquería / y con salud la disfrute; / añada este nuevo chute / al quehacer de cada día. / Entiendo que convendría, / siquiera de vez en cuando, / irse los humos bajando / o mirarse el interior, / no sea que tu Señor / el fuego te esté guardando.

Todo en la vida se pega / y el jefe ha creado escuela, / siendo esta la secuela / de una observancia ciega. / La iniquidad que doblega / y obnubila la razón, / mostrando una educación / de lo más barriobajera, / no escribiendo verdulera / pues no quiero ser faltón.

Al autor, este consejo: / a seguir con la escritura, / que la bendita locura / mantenga vivo ese rejo. / Y que no llegue un pendejo* / un mucho corto de miras / a desatarnos las iras / de graves incompetencias, / disimulando solvencias / con auxilio [o socorro] de mentiras. (*Por la rima, que podría ser pendeja).

Ya está. Había (tenía) que escribirlo. Y ponerlo en conocimiento de mucho ingenuo (e ingenua). A los que ayuden a difundirlo, agradecido. A los que no, también.

Apostilla final: Visto lo visto, harían bien en coger el martillo de los discos duros, que ha demostrado, y con creces, tremenda eficacia, y hacer añicos la placa que se halla en la entrada de la Casa de la Cultura. Nadie que no sea el actual, merece tal honor, porque los ineptos anteriores no deben figurar en lugar alguno. Desde 1496, en esta Villa Histórica, un único regidor. Sin sombras ni penumbras. Ya que mencioné a Unamuno al principio, qué mejor que este colofón: San Manuel Bueno, mártir. Así sea. O amén.

martes, 18 de mayo de 2021

57. Intrahistoria de El Legado (1)

 [Que rule esta intrahistoria, que se difunda, que se conozca, que no sean cómplices los silencios]

Fue Miguel de Unamuno quien acuñó esta voz de intrahistoria. Y nos señala el DRAE: Vida tradicional, que sirve de fondo permanente a la historia cambiante y visible. Viene a ser lo que no se publica, la otra historia, aquellos aspectos que los periódicos, por ejemplo, no mencionan. Pero que constituyen, muchas veces, algo significativo. Aspectos que, por permanecer ocultos, no trascienden y no adquieren el verdadero valor que atesoran. Y de ello va el presente. Porque pienso que no puede quedar en el anonimato un hecho que honra a un amigo (sí, qué pasa), al no contribuir a empañar el programa de las Fiestas de Mayo, pero que denigra, y de qué manera, el quehacer de un cargo público.

Se presentó en la Casa Municipal de la Cultura de Los Realejos la segunda de las criaturas literarias de Juan José González. Las restricciones de aforo, de una parte, y un salto a Gran Canaria (terapia que echaba en falta para disipar, al menos en parte, el mono –síndrome de abstinencia– viajero), de otra, imposibilitaron mi presencia en el acto. Aunque también pudo ser debida a la CENSURA (así, en mayúsculas) que el grupo de gobierno de nuestro ayuntamiento ha dispuesto para con los que no comulgan con sus predicamentos y osan, como yo, discrepar de planteamientos y procederes difícilmente digeribles por un servidor. En cuestión de pareceres, ya se sabe. ¿Te quedaste patinando con lo de la censura en 2021? Tranquilo, sigue leyendo.

Tuve el placer de prologar, y más tarde presentar en el mismo recinto anteriormente aludido, la primera de las publicaciones del autor reseñado. En aquel entonces, él y Yaya León habían dado vida a El retornado, libro en el que dibujaron secuencias en un entorno de las medianías del Valle y reflejaron la cruda realidad de una etapa en que la emigración era válvula de escape. Pero hoy nos concita otro asunto. Puede que, aun salvando las distancias, tan cruel como la imperiosa necesidad de echarse a la mar en busca de algo tan simple como el sustento.

Aquellos que osamos mostrar al público inquietudes literarias, sabemos, muy de primera mano, cuán difícil es el embarazo. Imagínate, pues, el parto. Para el que debes tener preparado el ajuar pertinente –y no me refiero solo a la canastilla– por lo que te ves en la disyuntiva de recurrir a almas caritativas que te echen la mano de rigor. Una vez conseguidos los euros, con el aval previo de la editorial, procede preguntarse quién será la persona que nos escriba los párrafos que vendrán a ser la ventana por la que el lector se alongue a la obra, amén de la puerta de entrada al resto de la dependencia.

Un día del pasado mes de enero, Juan José me comunicó –deferencia a quien ya pasó por el trance– que se lo había dicho a Fidela Velázquez, exalcaldesa de San Juan de la Rambla, quien se puso manos a la obra. Le contesté, qué manía la de ‘ambos dos’, con estas tres décimas:

Yo me alegro enormemente / de que mantengas la vena, / pues si el magín no se entrena, / la neurona se resiente. / Tira pa´lante, valiente, / en pos del sueño añorado, / porque un libro es bien preciado, / merecedor de respeto; / así que a cumplir el reto: / vea la luz EL LEGADO.

El virus de la escritura / vacuna no necesita / y ojalá que no remita / en su espiral de locura. / Juan José nos asegura, / al evocar sus andanzas, / cómo las viejas usanzas / nobles improntas marcaron / y hermosa huella dejaron, / amén de buenas crianzas.

Me encanta la decisión / de que prologue Fidela, / y pueda marcar la estela / en la presente ocasión. / Quien comparte reflexión / con los sentidos relatos / de aquellos momentos gratos, / merece tales honores, / así podrán los lectores / degustar dos buenos platos.

Qué bien iba a sospechar yo que estas espinelas, en especial la segunda, se erigirían en toda una premonición. Lo de nobles improntas y buenas crianzas, derivadas, probablemente, de aquel dicho de buen porte y finos modales abren puertas principales, constituyen un buen epílogo (¿epitafio?) para signarlo en la frente de la Séptima Teniente de Alcalde y Concejala de Cultura, Patrimonio Histórico y Turismo (cuán largo me lo fiais), doña Isabel Elena Socorro González. Persona a la que siempre defendí en múltiples escritos (entradas o posts) de mis dos blogs anteriores (Pepillo y Juanillo y Desde La Corona), porque entendía –craso error y qué equivocado estaba– que se conducía de manera diferente a los dictados del manual de instrucciones de las altas esferas.

Cuando ya el autor había acordado el esquema del acto de la presentación con la funcionaria de turno, en el que, de manera natural y lógica, se estableció que Fidela pronunciara las palabras de rigor –como me correspondió a mí en el anterior– hete aquí que recibe la sorpresa siguiente: De parte de la concejala, esa señora no puede llevar a cabo tal cometido y no debe estar presente. De acudir ella, nosotros (guion as) no lo haremos. Ese nosotros (guion as) debería ser, entiendo, la representación del ayuntamiento. De nuestro ayuntamiento, no el de ellos (guion as). Solo le faltó a la concejala (maleducada y grosera, aparte de fiel representante de lo más carca y retrógrado que en la gestión política actual pueda darse, y sin dar la cara, sino escudándose en la funcionaria; imagínate los sudores de la pobre) acudir a la emisora municipal para dar la buena nueva en determinada franja horaria para general satisfacción y regodeo del as de los vilipendios.

(finalizaremos mañana)