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jueves, 4 de noviembre de 2021

169. Seguimos en la brega (otra)

Desde el pasado mes de julio estuve sumergido en husmeos por lo que la prensa de la segunda década del siglo XX publicó en relación con la lucha canaria. Finalizada esta primera aventura –según se indicó ayer y pendiente de que en su día se pueda llevar a cabo una nueva incursión– retomo los andares más cercanos. Porque muchos pensaron –entre ellos mi alcalde– que abandonaba de manera definitiva los pareceres (opiniones, juicios de valor), generalmente políticos, que me sugieren las peripecias de los cargos públicos. Qué ilusos.

Para que se cercioren de que no es así, hoy, como toma de contacto, me voy a limitar a reproducir varias décimas que brotaron (o emanaron, como la lava del volcán) en los pasados meses veraniegos. Solo una muestra, que es conveniente guardar otras en la recámara. Por si se tercia. Es probable, además, que alguna haya visto la luz en la única red social por la que ahora circulo (o navego): Facebook.

De la derrota (orgánica) de Susana Díaz en Andalucía, y su rápido acomodo en el Senado (placentero y mullido colchón para trapicheos partidarios), surgió:

También se nos va Susana / a Madrid de senadora, / porque allí, en buena hora, / nadie el seso se devana. / Chiquita tropa, cristiana, / se cita en el echadero, / mientras tanto el pobre obrero / añora desconsolado / porque un puesto en el Senado / le provea el billetero.

Cada vez que la pandemia aflojó, un servidor también lo hizo y se mandó a mudar para darse un garbeo insular. Los recursos no permiten mayores aventuras:

De parajes colombinos / a Maxorata me fui, / y en “ambas dos” recorrí / sus variopintos caminos. / Cambié el monte por molinos, / por gavias y por volcanes, / pues grandes son los afanes / de mamar naturaleza, / que es de Canarias riqueza / y nosotros: sus guardianes.

Llevo casi dos años y medio –y la culpa no es única y exclusivamente del coronavirus– sin pisar cierto inmueble del pueblo. He pasado muchas veces y siempre está cerrado. Y como barco parado no gana flete, me dije:

¿Para qué quiero yo estar / en un lugar inactivo? / Me encanta sentirme vivo / pudiendo participar. / Si mi afán de figurar / ya lo tengo bien difunto, / para el futuro barrunto / muy incierto porvenir,/ y poco más que añadir:/ me quedo en mi casa… ¡y punto!

El empantanamiento de la renovación de ciertas instancias judiciales y las declaraciones pomposas de algunos magistrados, dando por sentado que la película no va con ellos, me volvió a encender la bombilla:

Si fueran independientes / hubiesen ya dimitido, / mas el gusto le han cogido / y se agarran con los dientes. / Los ciudadanos, pacientes, / contemplan anonadados / las grietas por todos lados / en instancias judiciales, / pero mandan los jornales / generosos, bien dotados.

Curiosa –¿o escribo otra cosa?– la aparente metamorfosis de incierto medio (¿o cuarto?) de comunicación que de la noche a la mañana cambia de sede y subyuga (embelesa) a pretéritos vilipendiados, corriendo estúpido velo:

Aquí no ha pasado nada, / manifestaron algunos, / y como un trompo, bien tunos, / giraron con su mirada. / Qué chula fue la montada; / cuánto podremos fardar, / para muy pronto olvidar / insultos y vejaciones / de anteriores ocasiones… / ¡Y pelillos a la mar!

Con un disfraz de cordero / el lobo disimuló, / pero no se percató/ del valor del refranero. / Porque sabe el mundo entero / que un velo no es suficiente / para engañar a la gente, / por lo que tarde o temprano / te vuelve a morder la mano, / pues sigue afilado el diente.

Y en esto surgió el volcán de La Palma. Se dispersaron por la geografía canaria –y allende los mares– periodistas, peritos y sabihondos:

Fue noticia el primer día, / espectáculo el segundo, / y al tercero todo el mundo* / solo morbo pretendía./ Cuando la lava fundía/ y a su paso sepultaba / la riqueza que albergaba,/ unos seudoperiodistas / alardeaban conquistas / cual gentes de mala baba. (*Medios de comunicación)

Científicos han brotado / con el volcán a porrillo, / que se chascan como millo / el más sesudo tratado. / Lograron el doctorado / con el móvil en la mano, / y fueron directo al grano / para mostrar la arrogancia / de quien revela ignorancia / discurriendo por el ano*. (*A modo de erupción fétida)

Por último, y no por ello de menor calado, la alegría indisimulada del señor Domínguez (cada vez más ausente) durante estos meses dedicados a las crónicas del vernáculo deporte. Tanto que Noelia y Adolfo hicieron horas extras a porrillo (aunque a ellos les gusta) para que Manolo justificara algo más su generoso sueldo en Teobaldo Power, amén de asistir a convenciones populares junto a ilustres señalados como Sebastian Kurz, Nicolas Sarkozy o Mario Vargas Llosa. Y en la Valencia de Rita Barberá:

Me anima constantemente / el alcalde de esta Villa, / tildando de maravilla / a mi blog en el presente. / Y me ha dicho un confidente / que ya le encargó a Benito / que prepare rapidito / homenaje con metopa, / y si hace falta una ropa / para bregar un fisquito.

Ya está bien. Hasta mañana. 

lunes, 15 de marzo de 2021

7. Colas y PSOE

El pasado lunes (8 de marzo) tuve que ir a la Clínica (Hospital) San Juan de Dios para unas pruebas sin importancia digna de mención. Debía encontrarme allí (pienso que aquella zona se llamará Vistabella) a las nueve y media de la mañana. Salí de casa a las siete y media. Cuánto ignora esta persona mayor de tránsitos circulatorios a tan tempranas horas. Qué felicidad la de este jubilado que trabajó siempre en este Norte. Cómo aguanta el que un día tras otro debe sumergirse en el caos. No te cuento que estaba lloviendo y que hubo un percance a la altura del aeropuerto. Pero sí te digo que no cabemos. ¿Soluciones? No me pagan la pensión para ponerlas sobre la mesa, pero sí sé contar la cantidad de cargos públicos –con sus correspondientes asesores– que supuestamente figuran en la nómina de los privilegiados con la misión de hacer más llevadera la vida del resto del personal.

Llegué a las diez menos veinticinco. No perdimos –en realidad era yo el acompañante de mi mujer– el viaje ni las citas previstas. Pero te va entrando un calor corporal, que normalmente te sube de ciertas partes situadas más abajo de la cintura, que ni el agua de la lluvia fue capaz de sofocar el conato de incendio. Y era –fue– un solo día. No me quiero imaginar la situación multiplicada. No lo soportaría. Ya me hubiese quedado en el camino. Y no es un símil.

Como estoy acostumbrado, tras la jubilación, en ir, cuando se tercie, a puertos y aeropuertos los fines de semana –jamás un día laborable– creía que con dos horas era suficiente. Si le unimos a los atascos el hecho de que las carreteras de Tenerife son las que están en peores condiciones de toda Canarias, para llorar. Voy a La Gomera y compruebo que se acondicionan unas vías que por estos lares calificaríamos de más que aceptables aún. Pero como los votos de Casimiro permiten tales dispendios y es él quien dirige el cotarro, mientras allá se asfaltan dos y tres veces, aquí nos conformamos con lanzar imprecaciones, maldecir al político de turno y ahogar las penas con dos cervezas. Es decir, el cabreo se nos pasa en un santiamén.

Como mencioné eso de los enfados, estaba tranquilamente sentado y pensando seriamente en sublimes conceptos como libertad, justicia y democracia. Por desgracia, la tele permanecía encendida, por lo que pude escuchar que a Blas Acosta –hasta un rato antes presidente del Cabildo de Fuerteventura y luego aspirante a senador– lo habían recompensado con una Viceconsejería apenas, la de Economía. Quedaba así expedito el camino para que Santiago Pérez, reincorporado al PSOE, tras sus periplos y devaneos, se fuera para Madrid al echadero. A ese retiro dorado donde las –y los– viejas glorias se dedican a contar batallitas. Allí se encontrará con Clavijo y ambos hablarán de Abreu y del Padre Anchieta.

Cuánta vergüenza siento de este socialismo del conchabe. Qué imagen para una sociedad necesitada de valores, de ejemplos. Y son propuestas (al Parlamento) adoptadas por unanimidad en los órganos decisorios, cuyos miembros son los de siempre. Mientras, las agrupaciones locales permanecen cerradas a cal y canto porque la pandemia puede afectar a… la exigua militancia. De risa. Y lo malo es que aquellos que dicen situarse todavía más a la izquierda, caen, asimismo, en los tentáculos de la perdición y transitan, sin atascos significativos, por la senda del ande yo caliente.

Que sí, por supuesto, cualquier tiempo pasado fue peor. Y para mayor desgracia esta entrada bloguera de hoy no caerá bien, porque mi obligación es censurar deslices y devaneos de los dirigentes populares y cerrar los ojos ante… lo no requiere espejuelos. Pues va a ser que no. Y como van sobrados de todo, pásenle el recado a los cabezas pensantes para que me expulsen por díscolo. No los mando para el carajo porque me da un no sé qué, aunque tentadito estuve.

Menos mal que después me consolé leyendo este fragmento en Diario de Avisos y que hace referencia a unas reformas en el Jardín Botánico: “El costo de la actuación ascendió a 175.0000 euros que han sido financiados por la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias a través del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA)”. Esa rara cantidad, desconocida por un servidor, viene a reflejar la situación actual del periodismo, de la política y de la madre del cordero.

A pesar de todo, sean felices.