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viernes, 2 de julio de 2021

91. Envenenamiento con arsénico

Tengo un buen amigo que no pudo conocer a su padre porque a los pocos meses de su nacimiento falleció en este terrible suceso que paso a reseñar. Era el conductor del camión, Santiago Rodríguez, que se dirigía al pueblo (aún Realejo Alto), tras aquella fatídica parada en El Sauzal. Va el relato de la Agencia Cifra (Crónicas, Informaciones, Fotografías y Reportajes de Actualidad), creada por Vicente Gallego en plena Guerra (in)Civil, como una sección de la Agencia Efe, donde finalmente se integró en 1978.

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La Vanguardia, 23-marzo-1950, página 6: Capítulo de sucesos. Siete personas muertas por injerir gofio que contenía arsénico. El fatal error se produjo en una casa de comidas del Sauzal, y hay otras personas gravísimas.

Santa Cruz de Tenerife, 22. Tres personas han resultado muertas y otras se encuentran en grave estado, por intoxicación producida al comer pescado, con queso y gofio que contenía arsénico. Este gofio se destinaba a matar las ratas y sólo era conocido por el dueño de la casa de comida donde se produjo el desgraciado suceso, y que se hallaba ausente. En la carretera general al norte de Sauzal, se encuentra una casa de comidas, muy frecuentada por los habitantes del contorno y transeúntes. Los propietarios son el matrimonio Juan Acosta Díaz, de 48 años, y Aurea Avila, de 34. Al mediodía de ayer almorzaron los hermanos Domingo, Carlos y Juan Figueroa Barroso, de 21, 19 y 17 años, respectivamente.

También lo hicieron la dueña, Aurea Avila, con su hermana Angela y los sobrinos del propietario, así como los ocupantes de un camión que se detuvo en dicho lugar, que eran el chófer, con su mujer, dos hijos y otra persona. Transcurrida una hora comenzaron a sentir molestias, con vómitos, que tomaron características alarmantes, al no ceder a los auxilios prestados por los médicos de Tacoronte y La Victoria, quienes diagnosticaron se trataba de casos graves de intoxicación. La gravedad se acentuó en algunos y fallecieron en las primeras horas de la noche los hermanos Domingo y Carlos Figueroa, así como la dueña de la casa, Aurea Avila, siendo sumamente grave el estado de los otros dos familiares de los dueños.

Los ocupantes del camión abandonaron el local, una vez terminado el almuerzo y según noticias del Puerto de la Cruz y la Vera, se hallan en grave estado, temiéndose que fallezcan. Domingo Figueroa se salvó de la muerte por no haber comido gofio.

Noticias posteriores, no confirmadas, indican a primera hora de la tarde de hoy, que habían fallecido ocho personas más. (Cifra)

Nuevos detalles del envenenamiento

Santa Cruz de Tenerife, 22. Se conocen los nombres de cuatro nuevas víctimas del envenenamiento ocurrido en una casa de comidas en el Sauzal, que son; Rosario Martín Hernández, de 21 años, soltera; Ramón Martín Hernández, de 23, soltero; Miguel Pérez Pérez de 19 años y Secundino González Martín, de 28. Todos ellos experimentaron los efectos de la intoxicación cuando regresaban en un camión al Puerto de la Cruz, de donde eran vecinos y dejaron de existir al llegar a su domicilio.

Asimismo, el conductor de otro camión; que se dirigía a Realejo Alto, llamado  Santiago Rodríguez, que había participado en la comida, sintió malestar de envenenamiento durante el viaje, por lo que tuvo que dejar el volante a un amigo que le acompañaba, llegando a su domicilio en estado preagónico.

El alcalde del Puerto de la Cruz presidió el sepelio de las víctimas que constituyó una gran manifestación de duelo.

Se ha establecido que la causa del envenenamiento fue gofio preparado con arsénico para matar ratas, propiedad del padre de les dos hermanos fallecidos en el Sauzal, el cual había entregado dicho gofio al dueño del establecimiento donde se sirvió la comida, para que lo guardara a fin de evitar confundirlo con el resto de la harina que despachaba en un molino de su propiedad.

La dueña de la casa de comidas, que asimismo falleció y que tenía conocimiento de tal paquete, parece que no lo tuvo presente cuando mandó a su hermana que trajese gofio de la cocina para preparar el almuerzo. Esta última continúa en gravísimo estado, así como un sobrino suyo. (Cifra)

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En esa misma fecha (23-marzo-1950), se publica idéntica información (recibida, claro, de la Agencia precitada) en el diario de la mañana, editado en Las Palmas de Gran Canaria, Falange (órgano de Falange Española Tradicionalista y de las JONS). Se correspondía el ejemplar número 6112, año XIII y se vendía a 50 céntimos (media peseta). Si un euro vale 166,386 pesetas, de no haberme equivocado, hoy hubiese costado 0,003 euros.

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Vaya, pues, esta entrada de hoy, con mis cordiales saludos a José Manuel Rodríguez García, aquel crío en 1950, al principio mencionado, así como a sus hermanos Sigfredo y Carmela (Santiago, el mayor, falleció hace años en Venezuela). La foto se corresponde con una exposición de vehículos antiguos en Los Sauces (La Palma).

miércoles, 30 de junio de 2021

89. Accidente en El Terrero

Como el mes de junio finaliza y las vacaciones se hallan a la vuelta de la esquina, hoy te someteré a una prueba lectora de algún minuto más. Espero benevolencia y conmiseración. Observarán que ya en los titulares comienza el baile de accidentados. Tónica que el paso de los años no ha logrado corregir y que pone de manifiesto que no siempre el periodista es todo lo diligente que sería menester. En la actualidad sigue ocurriendo y los bailes de cifras continúan siendo una constante. Incluso en estas referencias de graves accidentes donde entra en juego el dolor ajeno, hecho que habría que cuidar con especial mimo.

Llevo, asimismo, unos días intentado localizar la oportuna crónica de otro accidente, también en la década de los treinta del pasado siglo XX en el que igualmente se vio involucrado quien fuera alcalde del Puerto de la Cruz, al atropellar a una niña a la altura de La Gorvorana. Recuerdo haber leído esa información y de cómo la chavala escapó gracias a los cuidados de don Isidoro. Seguiré en ello. Cuento con la inestimable ayuda de unos buenos amigos, los hijos de la accidentada.

La foto, obviamente, es actual. Rescatada de un reportaje del periódico El Día (Raúl Sánchez Quiles) y que versa de la recuperación del antiguo caserío (El Terrero) por el grupo Pedrana, a fin de explotarlo turísticamente. Y como los accidentados eran de La Dehesa, barrio con múltiples connotaciones familiares, van las reseñas:

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Las Noticias, 5-agosto-1930, página 2: El suceso de esta madrugada. Dos jóvenes muertos y tres heridos graves en un accidente automovilista.

A la una de la madrugada de hoy ocurrió en la carretera del Norte, entre San Juan de la Rambla y los Realejos, un funesto accidente automovilista, que ha costado la vida a dos personas, muy apreciadas y conocidas en los pueblos del Norte y del que resultaron heridos de importancia otros tres jóvenes.

Según la referencia que del luctuoso suceso tenemos, anoche fueron a una verbena que se celebraba en San Juan de la Rambla, cuatro jóvenes amigos, invitados, en su auto, por el joven don Francisco Pérez Correa.

Los cuatro aludidos camaradas con el joven citado, dueño del auto, pasaron las primeras horas de la noche en la verbena. A la una emprendieron el viaje de regreso al Puerto de la Cruz.

Al llegar al sitio conocido por "El Terrero", después de la salida de la Rambla, el coche que conducía a los cinco jóvenes aludidos fué alcanzado por otro automóvil en que hacía viaje el alcalde del Puerto de la Cruz, doctor don Isidoro Luz y Carpenter.

Parece que al querer dar la derecha al coche que les alcanzaba, del doctor Luz, por una mala maniobra del conductor del primer coche, su dueño, don Francisco Pérez Correa, se fué por la cuneta quedando totalmente destrozado.

Del accidente resultaron muertos Lorenzo García Cabrera, de 18 años, y otro joven hijo del placero del Puerto de la Cruz. Otro hermano del primero, Francisco García Cabrera, que hace muy poco regresó de la Península; donde obtuvo el título de Practicante, resultó con gravísimas heridas, siendo su estado desesperante.

También están heridos otro de los jóvenes que iban en el auto y el dueño y conductor del coche, señor Pérez Correa, de 19 años de edad.

Los hermanos Lorenzo y Francisco García Cabrera, el primero muerto y el otro moribundo, son sobrinos de don Andrés García, que desde el Puerto ha trasladado su residencia a esta Ciudad hace algún tiempo.

El médico don Isidoro Luz, alcalde del Puerto, prestó los primeros auxilios a las víctimas de este funesto suceso, trasladando en su auto a los heridos á la Clínica del doctor Estrada, en los Realejos.

Por tratarse de personas muy conocidas en los pueblos del Valle, este suceso de la madrugada de hoy ha causado general sentimiento.

A los familiares de los muertos damos sentido pésame, y hacemos votos por la mejoría eficaz de los heridos.

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Gaceta de Tenerife, 6-agosto-1930, página 2: Grave accidente automovilista. Un automóvil choca contra un árbol, resultando uno de sus ocupantes muerto, y 3 heridos de gravedad.

En las primeras horas de la mañana de ayer, martes, circularon rumores en esta capital, de haber ocurrido un grave accidente automovilista en la carretera del Puerto de la Cruz, a consecuencia del cual habían resultado un muerto y varios heridos.

Poco después se confirmó oficialmente la noticia, pues en el Gobierno civil se recibió un telefonema del alcalde del Realejo Bajo, dando cuenta del desgraciado suceso.

Según los informes que hemos podido obtener, acerca de este grave accidente, parece que en la noche del lunes, se celebraba en San Juan de la Rambla una verbena con motivo de las fiestas del Carmen.

Desde el Puerto de la Cruz se dirigieron a dicho lugar numerosas personas, haciendo el viaje en automóviles. Uno de estos, con el número 1363, de la propiedad de don Francisco Pérez Correa, de 19 años de edad, se dirigió al citado pueblo, llevando como pasajeros invitados por el dueño del vehículo a Lorenzo García Cabrera, de 19 años, que conducía el coche; Francisco García Cabrera, de 25 años y hermano del anterior; José Pérez Carballo, de 19 años y Maximiliano Yanes Cabrera, domiciliados todos en las Dehesas, del término del Puerto de la Cruz.

Después de haber permanecido algún tiempo en San Juan de la Rambla, emprendieron el regreso al Puerto de la Cruz a la una de la madrugada.

Al llegar el automóvil de referencia al kilómetro nueve de la carretera y sitio conocido por "El Terrero", con objeto de dar paso a otro vehículo, que ocupado por el alcalde del Puerto de la Cruz don Isidoro Luz Carpenter, marchaba en la misma dirección, el coche conducido por el joven don Lorenzo García Cabrera se desvió demasiado hacia la izquierda, chocando violentamente contra un árbol.

Dada la violencia del choque sus ocupantes fueron lanzados a gran distancia, resultando heridos de gravedad. Tanto el señor Luz como los ocupantes de otros coches, que en aquellos momentos transitaban por la referida carretera, se apresuraron a prestar socorro a los heridos, que fueron trasladados al Realejo Bajo, ingresando en la Clínica del médico señor Estrada.

Dicho facultativo prestó asistencia a los heridos, falleciendo en dicho centro el conductor del vehículo don Lorenzo García Cabrera, quedando los demás en grave estado. El Juzgado del Partido instruye las oportunas diligencias. Hasta anoche, según comunicaron del Realejo Bajo, los heridos continuaban en grave estado en la referida Clínica.

En el Puerto de la Cruz, donde eran muy conocidas las víctimas de este accidente, ha causado honda impresión tan desgraciado suceso.

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Y también en Gaceta de Tenerife, 22 de marzo de 1931, página 2, es decir, unos siete meses después de haberse producido el accidente (la Justicia parece que no era tan lenta como ahora), y en la sección Vida judicial, esta última (por hoy) reseña informativa:

Juicio por homicidio.

Ante el Tribunal de Derecho, de esta Audiencia, se verificará hoy la vista de la causa incoada en el Juzgado de la Orotava por el delito de lesiones, contra Francisco Pérez Correa.

El Ministerio público, que en el acto del juicio estará representado por el abogado fiscal señor Gómez Naveiras, relata los hechos, diciendo: que el procesado Francisco Pérez Correa, de buena conducta y sin antecedentes, que carecía de título de aptitud para conducir vehículos de tracción mecánica, salió el día 5 de Agosto de 1930 desde San Juan de la Rambla con dirección al Puerto de la Cruz, conduciendo el automóvil de su propiedad número 1.383, marca "Overland", cuando al llegar al sitio conocido por "El Terrero", del término del Realejo Bajo, debido a la velocidad excesiva que llevaba y notoria impericia, chocó contra un árbol, siendo despedidos los ocupantes del automóvil Lorenzo García Cabrera y José Pérez Ceballos, que fallecieron, resultando lesionado Francisco García Cabrera, sufriendo el coche desperfectos valorados en 2.000 pesetas.

Califica el hecho como constitutivo de un delito de homicidio, pidiendo se imponga al procesado la pena de tres años de prisión, costas, y a que indemnice a cada una de las familias de las víctimas en la cantidad de 10.000 pesetas, debiendo indemnizar también a Francisco García Cabrera, por las lesiones, en 350 pesetas.

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Lo mismo sigo hurgando y localizo la sentencia. Deja ver. Mientras, sean comprensivos y a perdonar la extensión.

martes, 22 de junio de 2021

83. Accidente desgraciado

No era exclusividad de una sola cabecera el detallar los accidentes de tráfico hasta límites insospechados. Porque en Gaceta de Tenerife (diario católico, órgano de las derechas) del miércoles 22 de junio de 1921 (justo hace hoy un siglo), año X, número 8448, y en su página 2, nos tropezamos con un titular con grandes caracteres: Un automóvil atropella a una niña. Y no me resistí, claro, a transcribirla. Eres libre de pensar: Lo que es no tener nada por hacer. Pero como mi hermano es perito en ese sector, al menos lo entretengo.

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En la calle de Viera y Clavijo, esquina a la de San Roque, un automóvil atropelló ayer a una niña. -Como ocurrió la desgracia. -Las heridas de la atropellada. -¡Un poco mas de cuidado, señores “chauffeurs”!

El automóvil causante de la desgracia

Ayer, a eso de las cuatro y media de la tarde, bajaba por la calle de Viera y Clavijo un automóvil, guiado por un tal Francisco, mecánico de oficio, que tiene establecido su taller en la calle de la Marina.

El automóvil, que había sido reparado por dicho mecánico, se hallaba en prueba y por esta causa lo guiaba el referido mecánico y no el “chauffeur”, que también iba en el citado vehículo.

El atropello

Al llegar aquel a la esquina de la calle de San Roque, la niña María Purriños, de 3 años de edad, atravesaba la calle, siendo atropellada por el citado vehículo. 

La niña atropellada por el automóvil es hija de nuestro amigo el conocido industrial don José Purriños, propietario de la confitería La Corona.

Versiones de lo ocurrido

Sobre la forma en que se desarrolló el accidente circularon varias versiones, pero la que se relata como más ajustada a lo sucedido es la de que el automóvil bajaba por la calle de Viera y Clavijo y que al llegar a la esquina de la de San Roque, la niña, que no había visto el automóvil, atravesó la calle, siendo atropellada, a pesar de las maniobras que en el mismo momento hizo el conductor para evitar la lamentable desgracia.

A la Casa de Socorro

Después de ocurrido el accidente, la niña María Purriños fue conducida a la Casa Municipal de Socorro, donde fue asistida por el médico de guardia don Heriberto Arroyo, auxiliado del practicante Sr. Barroso Villarreal.

Por el citado facultativo se le apreció la fractura de ambas diáfisis femorales, equimosis en ambas piernas y una pequeña herida incisa en el ángulo externo del ojo derecho.

Experimentando mejoría

Después de practicada la primera cura en la Casa de Socorro, fué trasladada a la clínica del joven doctor don Ángel Capote Rodríguez, donde parece que la pequeña niña ha experimentado alguna mejoría.

Vivamente lamentamos el accidente, deseando a la niña una pronta y total curación.

Lamentable frecuencia de estos accidentes

Son ya bastante repetidos los accidentes automovilistas que con fatales consecuencias en esta capital se han registrado y es necesario que por los conductores de dichos vehículos se guarde más cuidado, sobre todo cuando se aproximan a las esquinas, donde nada tiene de extraño que se encuentren pequeñas criaturas, como la atropellada ayer, que por su poca experiencia atraviesan con natural frecuencia las esquinas de las calles.

Si por parte de los conductores se pusiera todo el mayor cuidado posible, seguramente no hubiéramos presenciado las desgracias de esta índole que en esta capital han ocurrido.

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Mañana más. ¿Accidentes? Ya se verá. Como se acaban las clases y comienzo las vacaciones, lo mismo me voy a la playa de Los Roques para comprobar si ya arreglaron aquellos contornos.

lunes, 21 de junio de 2021

82. Muerte de un cura

Me temo que con esta entrada te restaré unos segundos más en la lectura. Pero el periódico El Progreso, diario republicano autonomista, en su ejemplar del sábado 21 de enero de 1911 (110 años y cinco meses, hoy mismo), año VI, número 1619, y en su página 2, nos relata, con todo lujo de detalles, cómo un cura indigente pone fin a su vida. Vaya, como siempre, la transcripción literal de la referida, y patética (con tintes macabros), crónica:

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Las desgracias del día: MUERTE DE UN CURA.

El tranvía mata á un sacerdote. Como ocurrió el hecho. Levantamiento del cadáver. Fué suicidio. Las responsabilidades.

El tranvía que anoche salió de esta Capital para La Laguna á las 8 causó la muerte en las inmediaciones de Santa María de Gracia y sitio conocido por "Macario", al sacerdote D. Juan González, que desde hace tiempo, hostigado por las persecuciones de ciertas camarillas clericales, vivía en la mayor miseria, entregado por completo al alcoholismo y arrastrando una vida de vagabundo por las carreteras y los caminos, donde era muy frecuente encontrarle, en completo estado de embriaguez, escandalizando muchas veces y dando espectáculos poco edificantes.

El desgraciado suceso que damos á conocer á los lectores puso fin á las miserias del infeliz sacerdote y á las persecuciones de las camarillas clericales. Descanse en paz D. Juan González y al relatar el triste suceso lamentemos que odios é impiedades arrastraran á un hombre hasta obligarle á arrojarse entre las ruedas del tranvía...

El suceso

El coche del tranvía que subió á las ocho de esta capital para La Laguna era el señalado con el número 4 y lo conducía Juan Morales, conductor de larga práctica y muy cuidadoso en el desempeño de su obligación. Como cobrador iba Rafael Morales.

Al llegar el coche-tranvía al sitio de nominado "Macario", á poca distancia del cruce, el sacerdote D. Juan González, que se hallaba, según parece, sentado en el muro que hay á la derecha de la carretera y á muy corta distancia de los railes, se arrojó violentamente al centro de la vía, siendo arrollado por el coche.

El conductor, que vio perfectamente libre la via, pudo apreciar que en el momento de pasar el coche el cura se colocó rápidamente en el centro de los railes. Inmediatamente paró el coche, poniendo el freno eléctrico, pero ya el sacerdote había sido arrollado, quedando bajo el tranvía, en el sitio comprendido entre las ruedas delanteras y las traseras.

Acto seguido, y comprendiendo que era imposible extraerle y que había quedado muerto instantáneamente, avisóse al Juzgado de La Laguna y á la estación central de la Cuesta personándose al poco rato en el sitio del suceso el Juez de La Laguna, la ambulancia de la Cruz Roja, el director de la Empresa de Tranvías D. Alfredo Rensonnet y todos los empleados que, francos de servicio, se encontraban á aquellas horas en la estación de la Cuesta.

Levantamiento del cadáver

Como ya hemos indicado, el cadáver se encontraba entre las ruedas traseras y delanteras del coche; aprisionado por uno de los frenos que está colocado á muy poca distancia de los railes. Era, pues, completamente imposible extraerle, haciéndose necesario levantar el tranvía.

Para esta operación, que dirigió muy hábilmente el Sr. Rensonnet, se necesitó utilizar unos gatos y gran cantidad de maderas y tablones, invirtiéndose bien cerca de dos horas en suspender el coche. Entonces pudo apreciarse la posición del cadáver, que se encontraba colocado de espaldas sobre la via con la cabeza hacía al muro. Según pudimos ver, las ruedas del tranvía le pasaron por la cintura, seccionándole por completo. El resto del cuerpo lo tenia casi completamente destrozado. Ordenado el levantamiento del cadáver por el Juez de instrucción, fué conducido á La Laguna en un furgón que se pidió á la estación de la Cuesta.

El cadáver

Vestía traje talar, sumamente raido y manchado, D. Juan González.

Llevaba dos botellas, una vacía y otra llena de vino, que adquirió pocos momentos antes en el mesón que en la Cuesta posee D. Hermógenes Domínguez.

Una de dichas botellas, según se nos dice, encontróse intacta. La otra rompióse en el momento del suceso, viéndose aún hoy los pedazos en la carretera.

Antecedentes

D. Juan González, que como ya hemos indicado se embriagaba frecuentemente, tenía, según parece, la manía de suicidarse arrojándose ante los tranvías y automóviles.

No hace aun mucho tiempo, se le encontró una noche acostado sobre la vía en las inmediaciones de la "Cruz del Señor" á las 10 de la noche, salvándole milagrosamente de la muerte la poca marcha del coche y la serenidad del conductor, que paró instantáneamente, hecho del que dimos cuenta en este diario. En esa noche fué necesario meterle en el coche y llevarlo á la Laguna, porque cuantas veces se intentaba poner en marcha el tranvía se arrojaba nuevamente sobre los railes.

No hace mucho tiempo intentó también matarse arrojándose ante el automóvil de D. Juan Yanes, obligando al chauffer á realizar una rapidísima maniobra.

En otras ocasiones, y aún anoche mismo, ante los coches de las 7 y las 8 intentó atravesarse, no pudiendo consumar su obra. Luego, escondióse en el lado derecho de la carretera y como ya hemos dicho, se arrojó á la vía en el momento preciso de pasar el tranvía, siendo imposible evitar que este le arrollara.

Trátase, pues, de un suicidio, idea que, según parece desprenderse de lo que dejamos dicho, abrigaba hace algún tiempo y principalmente cuando se encontraba en estado de embriaguez.

El conductor

El conductor llámase, como ya indicamos, Juan Morales, y es un empleado modelo, que sabe cumplir perfectamente su obligación. En este desgraciado suceso de nada puede acusársele, y comprendiéndolo así el Juez instructor lo dejó en libertad, citándole para declarar, en unión del cobrador, hoy á las once de la mañana.

Don Juan González

Don Juan González, á quien generalmente se conocía por el cura de Fasnia, sufrió grandes persecuciones, instruyéndosele varios expedientes en el Obispado y quedando en la miseria.

Como recordarán nuestros lectores hace próximamente un año penetró violentamente en la Secretaría del Obispado incautándose del expediente que se le seguía, por lo cual sufrió un proceso del que resultó absuelto, haciendo su defensa de un modo muy brillante por cierto, nuestro querido amigo, don Ramón Gil Roldán.

Tenía el vicio del alcohol por lo que en diferentes ocasiones EL PROGRESO llamó la atención de las autoridades eclesiásticas, solicitando se le recluyera para evitar los poco edificantes espectáculos que diariamente daba en mitad de la calle y de los caminos.

Detalles curiosos

El coche número 4, que como anteriormente decimos fué el que causó la muerte del sacerdote D. Juan González, tiene fama de ser el "más desgraciado" de los que posee la empresa del tranvía.

Casi todas las víctimas, muy pocas en verdad, que han muerto arrolladas por los tranvías lo han sido por el coche número 4.

Las responsabilidades

No son ciertamente, las responsabilidades del desgraciado suceso de anoche para el conductor Juan Morales, que no pudo evitar que el tranvía arrollara al infeliz sacerdote D. Juan González.

Son por entero de las camarillas clericales que le persiguieron, de quienes le desesperaron, condenándole al expediente perpetuo y á la miseria. Son de quienes no supieron ó no quisieron recogerle del escarnio en nombre de la dignidad profesional, ya que no de la caridad por ellos tan frecuentemente invocada.

Esos son los moralmente responsables de la muerte de D. Juan González.

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¿Qué puedo añadir yo, si el pobre hombre “tenía, según parece, la manía de suicidarse” arrojándose ante todo lo que se moviera? Y a perdonar la extensión. Mañana: otro accidente. Bonita manera de comenzar la semana.

viernes, 30 de abril de 2021

45. Agárralo como puedas

Quizás hubiese sido más adecuado que el lugar de los hechos fuera el de esta primera ilustración. Una parroquia (aldea) del municipio lucense de Cospeito, que cuenta (censo de 2019) con una población de 133 habitantes. Pero no. Entre otras cosas porque en los ambientes rurales no se llega a tanto. Y como son pocos, se deben conocer perfectamente. Por lo que dirimir sus diferencias al estilo de lo que luego te voy a contar, no entra en los cálculos de la normalidad. Hasta me imagino al cura haciendo cruces de haber sido testigo ante un acontecimiento de características semejantes.

Tendremos que trasladarnos mucho más al sur. Y al este. Cuando uno va a Elche (Alicante), lleva bien grabadas en su mente las secuencias de El Huerto del Cura, fiestas de moros y cristianos, palmerales, museos, la Dama (aunque se halle en Madrid)… Algo parecido a lo que ocurre cuando te llevan en viajes organizados a lugares en los que te enseñan lo que interesa por motivos que pueden ser ajenos a los que, a lo mejor, a ti no te importan tanto como aquellos que sí visitarías en caso de ir por tu cuenta.

Pues hay un barrio ilicitano, La Puñalá, que podría compararse (salvando las convenientes distancias) con la Cañada Real madrileña. Un barrio –y ya el nombre se las trae– olvidado, marginado, sin las atenciones debidas por parte de las instituciones, en el que las basuras proliferan (ver la segunda foto) y donde la convivencia no constituye ejemplo a imitar. Y dejamos los aspectos conflictivos de la drogadicción, trapicheos y otras incidencias negativas (un apuñalamiento hace poco con tres menores implicados), porque corresponde centrar el comentario en un suceso curioso. O indiscreto.

Iba cierta pareja (él y ella) dando un paseo, cuando un paisano, con varias copas de más en el depósito del combustible, disparó sus aerosoles en uno de sus excesos etílicos y piropeó a la fémina con ya te puedes imaginar qué modales y con una falta de equilibrio más que evidente. Algo que incomodó al acompañante, por lo que fue recriminado, ipso facto, el ebrio lisonjeador, quien, lejos de amedrentarse, persistió en su arrebato belicoso y pasó de las palabras a las manos. Mejor aún, a un enfrentamiento en toda regla.

En el fragor de la batalla, debió caerse el zalamero –normal en las condiciones con las que resistía a duras penas los efectos del alcohol– y (me lo quiero imaginar en posición de rodillas) mordió, con las mismas ganas que se le hinca el diente a un filete demasiado hecho, aquel bulto que tuvo a su alcance. Eso, en un sitio que duele de lo lindo. Del chillido que debió lanzar el atacado en sus partes pudendas nada dicen las crónicas, sino de la denuncia presentada y de los tres puntos de sutura que requirió la recomposición del miembro.

Pudo ser que en ese instante de lucidez que todo borracho tiene, y ante tanto golpe fallido (al aire) por la medición errónea de las distancias (algo incuestionable cuando los grados rompen esquemas), se le presentó la ocasión pintiparada y quiso concluir las diferencias entabladas con un rotundo agárralo como puedas, quedando patente que la dentadura aún cumplía su cometido. Qué pena de pene.

Cundo leí la noticia, y al comprobar luego que Jesús Farráis se refirió en su muro de Facebook a la tremenda chascada, me acordé de un chiste:

Estaba cierto panadero tan enrollado con una de sus clientas, que aprovechaba el recorrido diario para introducirse, subrepticiamente, en la habitación de la dama vete tú a saber con qué ocultas intenciones. Dando por hecho que el marido se hallaba en su puesto de trabajo, he aquí que el día de marras y cuando ya se encontraba en la puerta del dormitorio con aquello (lo que el borracho había mordido, para entendernos) en la mano (este oficio requiere mucha prisa para que el material el otro, el del reparto– no se ponga duro), comprobó que en la cama no estaba la destinataria (del pan y de lo que iba sujeto) sino el cónyuge (algo pachucho y con fiebre), por lo que, sin cortarse lo más mínimo, le espetó: O me pagas el pan o te meo la cama. Eso sí que es una elegante manera para salir de una situación embarazosa y no la del bruto que clava los dientes sin miramientos.

Bueno, vienen unos días festivos. Tengo que preparar los fuegos. Nos vemos el martes, que ya será 4 de mayo.