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martes, 28 de diciembre de 2021

208. Pasaste por inocente: 28/12

Hoy es Día de los Inocentes. Y rescato dos pinceladas de años idos (100 y 110 años, respectivamente). La primera es del lagunero Juan Pérez Delgado (1898-1973), más conocido por su seudónimo periodístico de Nijota. En su columna habitual, Musa cómica, rescatamos del ejemplar de La Prensa, 28 de diciembre de 1921, página 1, el poemilla titulado Inocentadas:

Hoy, en los pueblos creyentes, / es el día de Inocentes; / hoy, para el hombre que crea, / es la conmemoración / de aquella degollación / de los chicos de Judea.

En este día se engaña / cosa clásica en España/ a todo bicho viviente. / Se toma a cualquiera el pelo / lanzándole este camelo: / ¡Pasaste por inocente!

Y yo, con mi poca luz, / comprendo que en Santa Cruz / es una enorme primada / decir (¿quién lo creería?) / que solamente este día, / es día de inocentada.

Porque en esta capital, / el ciudadano formal, honrado, patriota y serio, / está casi diariamente / pasando por inocente: / Esto no es ningún misterio.

Si se queja un ciudadano, / el concejal don Fulano / dice: "se arreglará eso"; / y el ciudadano se va, / sin suponerse quizá / que han de dárselas con queso.

Yo, el infrascrito "Nijota", / chico serio y buen patriota, / que llevo dentro del casco / ciento cincuenta y un ripio, / creo siempre al Municipio / y... ¡me llevo cada chasco!

Y como yo, tú, lector, / serás a más y mejor / engañado arteramente, / y estarás, cada momento, / por mor del Ayuntamiento, / pasando por inocente.

Si cuando a la Plaza fuiste, / igual que yo te creíste, / pensando sensatamente / que arreglarían muy pronto / la escalinata, ¡qué tonto! / ¡Pasaste por inocente!

Si vives en las afueras / y, al pasar por las aceras, / que se hallan pésimamente / creíste a los que decían / que pronto se compondrían, / ¡pasaste por inocente!

Si en el tranvía has viajado / y has, esperado confiado / que vaya más velozmente, / y que el precio se abarate, / y el viajero no se mate, / ¡pasaste por inocente!

Aquí, las autoridades / encuentran (valgan verdades) / gente propicia al engaño, / y hacen días de Inocentes, / para engañar a las gentes, / todos los días del año.

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Y la segunda: Pedro García Sánchez, nacido en Los Realejos, padre del gran poeta Pedro García Cabrera (Vallehermoso, 1905 – Santa Cruz de Tenerife, 1981), estuvo como maestro de instrucción primaria durante varios cursos en Arure y Vallehermoso. Se había casado en segundas nupcias con Petra Cabrera Fernández. En 1913 es destinado a Sevilla, de donde regresa a La Gomera en 1915, para trasladarse en 1921 a la escuela de San Andrés (Santa Cruz de Tenerife). Hijo, a su vez, de otro maestro, Diego García de la Vega [recuerden que Diego García Cabrera, que heredó el nombre de su abuelo, era hermano menor que Pedro, y fue fundador del grupo Los Huaracheros], quien regentara la escuela de niños de San Juan, o de la Villa Arriba (La Orotava), y casado con la maestra de la escuela de niñas del mismo lugar, Dolores Sánchez Peña. Tuvo don Diego cierto rifirrafe con el cura de la parroquia de San Juan, con un interesante intercambio epistolar, hecho que recogemos en nuestra tesis doctoral.  Lo mismo mañana…

Pero hoy nos ceñimos a un artículo periodístico del citado Pedro García Sánchez, que publicó La Opinión, el 28 de diciembre de 1911, en su página 1:

Desde Vallehermoso de La Gomera. Herencia municipal. A los nuevos concejales D. Ángel Carrillo, D. Pedro Trujillo, D. Daniel González, D. Domingo Mora, D. Domingo Fariña y D. Alonso Fernández.

«No proclamados por el voto popular, pero sí en virtud del artículo 29 de la Ley Electoral, vais desde 1.° de Enero del año 1912, a ocupar los escaños de este Ayuntamiento, investidos con la autoridad que os dan los poderes públicos, y encargados de la honrosa y sacratísima misión de velar por los intereses del pueblo que os vio nacer.

El año que termina huye presuroso, batiendo sus negras alas, á confundirse con sus pretéritos hermanos y os dejan una herencia municipal tan pobre y anémica de grandezas, como rica y abundante de desaciertos y abandonos, tan exhausta de nobles iniciativas, como pletórica de enervador indiferentismo.

Fijad por un solo momento la mirada en esa herencia, sondead sus antros, y si amáis á vuestro pueblo, si aún laten vuestros corazones á impulsos de la dignidad local, la tristeza y el dolor os envolverá en su manto.

Tended la vista en derredor y contempláis nuestros caminos que cual haraposos mendigos, nos enseñan sus desgarrados músculos, llenos de gangrena, cayéndose á pedazos, revelando la incuria y el abandono más lamentable. La higiene ríe descarada y sarcásticamente, ante los muchísimos focos de pestilencia y suciedad que surgen por doquier. Los huesos de vuestros antepasados, se entrechocan, cual si bailaran danza macabra, al surgir de sus tumbas, por la estrechez de nuestro ya insuficiente camposanto. La instrucción pública, oculta en un rincón, llora su soledad y abandono, falta de protección y sangre vital que la rejuvenezca. El servicio de correos declarado en huelga, canta la palinodia cual alocado pilluelo, burlándose de nuestra criminal condescendencia. Las concesiones que de tarde en tarde hacen los gobiernos, como caminos, carreteras, teléfonos, llegan un momento á las cumbres de nuestras montañas, se asoman tímidas á este valle y haciendo una mueca burlesca, se alejan y desaparece, como nubécula de verano. La asistencia gratuita módico facultativa, aun se está empollando y no sabemos lo que al fin saldrá del cascarón, si una paloma con el ramo de oliva emblema de la paz, ó un buitre de aceradas garras. Los proyectos y mejoras que el Municipio debe apadrinar ó impulsar son tratados como huéspedes inoportunos. Las verdaderas aspiraciones locales, de interés general, que miden el grado de cultura de un pueblo, pasan, si es que pasan alguna vez, por la mente de los intelectuales, con la rapidez de estrellas fugaces. El erario municipal exhausto, la negligencia por oficio, el no me importa por blasón...

He ahí la triste herencia que se os entrega, la llaga cancerosa de nuestra administración. Es bochornoso sacarla á la vergüenza pública y algunos espíritus débiles rugirán indignados del modo de exponer nuestras vergüenzas, pero yo me he propuesto decir la verdad, pese á quien pese.

He ahí, señores Concejales, la finca llena de broza que vais á cultivar, el cenagoso pantano que desecar; he ahí los miasmas deletéreos que habéis de respirar. La empresa no es obra de titanes, solo requiere una voluntad decidida y una gran constancia: amor á nuestro suelo. He aquí todo.

¡Que vuestra gestión sea más fecunda que la de vuestros predecesores y nuevas brisas de regeneración saneen este Valle de añejos y arraigados prejuicios!»

La expresión “miasmas deletéreos” era muy utilizada por los maestros del entonces para protestar ante las autoridades locales por las condiciones lamentables de los retretes de las escuelas, que despedían olores nauseabundos.

Hasta mañana. Y cuídense de las inocentadas.

jueves, 26 de agosto de 2021

114. ¡Lucha, lucha!

Fue Atilano Santos el seudónimo que utilizó el periodista y escritor Antonio Suárez Álamo (1892-1947) en sus múltiples incursiones en la prensa tinerfeña. De Gaceta de Tenerife (diario católico de información, editado en Santa Cruz de Tenerife, capital de la Provincia de Canarias: así rezaba en su cabecera), rescatamos del ejemplar número 1867, año VII, publicado el 14 de septiembre de 1916 (jueves), y de su página 1, este pequeño artículo:

“Por el amplio salón de espectáculos repercuten, potente, como una detonación, el grito, salido de muchos pechos: ¡Lucha, lucha! en tanto los jueces de campo cambian una mirada de inteligencia y toman de la mano, con cariño, a dos mozalbetes.

¡Angelito, es Angelito! gritan todos.

Y Ios ojos quedan fijos en los ágiles luchadores que, semejantes a los gladiadores romanos yacen en el terreno, dispuestos a defenderse con brío antes de ser vencidos.

¡Noble espectáculo que nos habla, con dulce simpatía, de una raza de hombres de elevado corazón, de alma grande!...

Angelito y su compañero se estrechan efusivamente las manos. Sonríen ambos y empieza entonces la lucha.

Loa dos luchadores han permanecido unos momentos agarrados y lucen habilidades que arrancan los aplausos del público.

Loa bregadores, sin vencerse aún, descansan unos momentos. En tanto, el compañero menos rendido, convida al otro con un vaso de vino.

Y continúa luego la lucha, logrando vencer Angelito, el Belmonte, (perdóneme el amigo la comparación) he querido decir el luchador predilecto del público.

La gente se entusiasma entonces y caen en el terrero algunas monedas. Mientras tanto el vencedor le tiende cariñosamente las manos al vencido y le levanta del suelo, compartiendo con él el dinero que el público, en el colmo de entusiasmo, ha arrojado a la pista .

Así es de noble, así es de altruista ese espectáculo conocido por lucha canaria.

Ya quisieran pueblos que se precian da cultos cambiar sus Johson por este diminuto luchador canario que se llama Angelito”.

Del periódico digital La Laguna Ahora (7 de agosto de 2021) entresacamos estas líneas para ahondar en la figura de este luchador que ya forma parte de la leyenda de este noble deporte:

Fue Angelito un mítico luchador lagunero, conocido como ‘el niño de cera’, con el que podríamos afirmar que se popularizó lo de ‘el grande perdió, el chico ganó’, y que demostró sus habilidades, entre otros recintos, por los teatros Viana y Leal (tan relacionados con los hermanos de la Cruz, a su vez propietarios de plataneras en la zona de La Gorvorana), y del que Manuel Verdugo escribe:

Angelito no se envanece con los aplausos. Su noble e insuperable maestría en la lucha canaria se valora no sólo por la relativa exigüidad de su estatura y por una falsa apariencia de endeblez corporal, sino también por su simpática y atrayente modestia. Éstas y otras cualidades morales y físicas concurren en él para formar un tipo de luchador único, notabilísimo, que no se ha dado, ni creo que se vuelva a dar, entre los cultivadores del arte regional.

O estos poemas:

Gira con ímpetu rudo / cual si te fuera a estrellar / y el público, ansioso y mudo, / te ve un momento oscilar / bajo el Hércules membrudo. // Pero en ese instante, / tras un fugaz remolino, / te alzas severo y triunfante, / mientras por tierra, mohíno, / rueda, a tus pies, el gigante. // Y luego que a tu rival / tiendes la mano leal, / suena de entusiasmo el grito / y… no eres Angelito / sino un Ángel colosal. [Domingo J. Manrique]

Cuando Dios se aburre arriba, / para alegrarse un poquito / baja con San Pedro y viene / a ver luchar a Angelito. [J. Machado]

Desde el Tanque a San Benito, / de El Baldío a Las Canteras, / no hay luchador más bonito / que ese diablo de Angelito, / por desvíos y caderas. [Gil Roldán]

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…como ganaron Méndez, Angelito, Palmero y Camurria, frente a rivales de peso mayor, cantan Los Sabandeños.

Ramón Méndez y Machín, el Chorizo y el Piñero, se batieron con honor en la arena del terrero, digo yo, porque cantar se me da muy mal.

Angelito, pude haber titulado también el presente. ¿O no?