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lunes, 27 de diciembre de 2021

207. Pasotismo

He comenzado a redactar esta entrada el miércoles 22 por la tarde. Por consiguiente, el Gordo ya había repartido sus efluvios. He escrito el vocablo (efluvios) aposta. Y no vayan a pensar en lo de la envidia cochina. Si te cuento que hace muchos años que mis compras se limitan a un décimo a compartir con tres compañeros del gremio, lo mismo no me creerías. Hecha la salvedad de este año, en que el precitado décimo (palmero en esta ocasión) se duplicó para que los hermanos disfrutaran del… conjunto vacío. Uno debe cooperar hasta con las decepciones.

Pero no era ese el tema que me sentó ante el teclado. Si les confesara que lo hice altamente preocupado por el número de contagios en Canarias, en Tenerife y en Los Realejos, quizás me acompañen en los desasosiegos. Porque se me dirá que la presión hospitalaria es mucho menor que en olas anteriores, que las vacunas están cumpliendo con sus cometidos, que los síntomas parecen ser menos agresivos… Vale, de acuerdo, pero cuando uno ya tiene sus años –que se dice– no le gustaría espicharla por cualquier bobería o despiste. Así de claro.

Te conté días atrás que iba por la calle caminando y creo estar en un tiovivo. O en un tobogán. Y no me sueltes que son los nervios, porque ¡te salto al cogote! Observo las tremendas colas para todo y no sé si habrá calculadora después de Reyes que procese las cantidades que se avecinan. Vivo sin vivir en mí. A perdonar, Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, por la apropiación indebida.

Se escucha con frecuencia que el pasotismo político adquiere tintes alarmantes. No quiero ser tan simplista porque el quehacer público no es ni más ni menos sino el reflejo de una sociedad sin rumbo fijo. El regirnos por unos cánones predeterminados supone un esfuerzo tal, que no estamos dispuestos a semejantes sacrificios. Y en este particular pandémico, todos cargamos con una cuota de responsabilidad. Con la circunstancia agravante de que si uno hace dejación de la misma, el resto se ve expuesto, inexorablemente, a un cambio radical.

Ahora ya es jueves. Dieciocho horas. La Gomera pasa a nivel 2 (me imagino que a instancias de Casimiro) y se restringe el horario del denominado ocio nocturno. Nada más tras el Consejo de Gobierno. Que pasen estas fiestas y ya luego se verá. Eso sí, continuos llamados a la responsabilidad individual. Pero los cabritos se pasarán por el forro los discursos del bien quedar. Esta mañana di un par de vueltas en el Polígono de La Gañanía –ahí donde estaba un puesto de vacunación masiva– y los restos vidriosos del último botellón eran bien patentes. Porque de nada vale el que cierren las discotecas, por ejemplo, a la una de la madrugada, si luego hay carta blanca para que continúe el jolgorio hasta bien entrada la mañana en cualquier rincón. En mi pueblo –para no ir más lejos– no podrá, en manera alguna, el mismísimo Jefe de Seguridad (con mayúscula, en consonancia a los haberes percibidos) atender a tanto caldero al fuego. Su elevado sueldo no  está para semejantes nimiedades. Y no lo podemos culpar por el hecho de que nuestro alcalde lo haya contratado en vez de hacerlo con tres policías para incrementar el disminuido cuerpo local. Ya el dicho lo pone de manifiesto: hay hijos y entenados.

Viernes 24. Esta noche es la consabida y mañana Navidad. Dos años llevamos que no es posible acercarnos a Punta Brava, lugar donde hemos celebrado la Nochebuena familiar desde hace unos cincuenta años, más o menos. Creo que más que menos. Allí, en la calle Tegueste –la de los derrumbes y clausura– a la orilla de la mar bravía, la tradición se cumplía a rajatabla. Con ausencias, pero con renovadas presencias. El bicho –¿hasta cuándo va a seguir mutando?– persiste. Pero los imbéciles, más. Los negacionistas invocan derechos y libertades. ¿Y nosotros qué, capullos? Estamos sufriendo las consecuencias de un decreto mal redactado. Mejor, mal titulado. Hace ya unas cuantas décadas de aquella norma que regulaba derechos y deberes del alumnado. Y se me ocurrió –ya te lo he contado en anteriores ocasiones– indicarle al consejero de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias que, simplemente, pusiera antes los deberes. Porque, a buen seguro, interiorizaría mucho más. Calaría más hondo y surtiría efectos colaterales pertinentes. Como la responsabilidad. Ni el más puñetero caso. Quién era yo, modesto maestro de escuela, para disquisiciones de tal porte.

Sábado 25. Acabo de regresar de Las Abiertas. Aproveché para podar unos poyos de hortensias. O flor de mundo. Acudo a los cauces oficiales y compruebo que las cifras siguen siendo preocupantes. Al menos para un servidor. La cantinela de que no bajemos la guardia, hasta en la sopa. Las primeras semanas de enero se prometen bastante entretenidas. ¿Pesimista? Quizás. Fíjense en la fecha de esta otra foto. Desde ese entonces, no ha habido ni un recordatorio por parte de mi ayuntamiento. Debió ser por el alumbrado navideño que ya se colocaba y en las fiestas... somos el number one.  Pues la modifico yo. ¡Ah!, se acabó la erupción.

Domingo 26. Programo esta entrada para mañana y recuerdo que hace 48 años estaba a punto de entrar a mi última misión en Hoya Fría como oficial de guardia. Cuando salí del servicio y me vine a casa en el flamante Fiat 128, con matrícula TF 5236-C, mi mujer estaba a punto de dar a luz. Pero esa es otra historia. Cuídense de cualquier agente externo. Y mañana es 28. Inocente, inocente.

lunes, 20 de diciembre de 2021

202. Escapé bien

El pasado viernes tuve que trasladarme a la capital. Más de dos meses habían transcurrido desde la vez anterior. Y que conste que solo realizo semejante sacrificio cuando una cita médica me obliga. En la presente ocasión le correspondió a mi mujer una sesión de radiofrecuencia lumbar en el Hospital Parque. Ya saben que los que pertenecemos a Muface (que establece conciertos con varias aseguradoras como Adeslas, Asisa o DKV) transitamos por centros médicos y clínicas privadas. Y no me vengas ahora con la matraquilla de que somos unos privilegiados. Que nos engloben a todos en la Seguridad Social y me adaptaré. Mientras… échame a mí la culpa de lo que pase.

Como la cita era a las diez de la mañana, a las ocho y veinte estaba el fotingo entrando en la TF-5 a la altura del Alteza de El Castillo. Exacto, donde están esas maravillosas paradas de las guaguas. Y a las nueve en punto me hallaba debidamente estacionado en el Parking Mencey (creo que así se denomina), en la trasera de dicho hotel, propiedad del Cabildo y que gestiona Sinpromi (Sociedad Insular para la Promoción de las Personas con Discapacidad).

Si te cuento que a estas alturas de la vida ya no anda uno pensando en altas velocidades, puedes imaginarte que no esforcé el Terracán por la autovía. Por lo que se puede deducir fácilmente que no encontré tropiezo alguno y mucho menos esas fastidiosas colas que se forman cada día. La única razón que, eso intuyo, jugó en mi favor, debió ser la alta incidencia en los contagios del bicho de la Covid. Porque desde esa jornada quedaron suspendidas las clases en la Universidad de La Laguna. Lo que me hace pensar que mucho coche transita por esa vía de camino a los pertinentes aularios. Y que, en buena lógica, si se flexibilizasen los horarios en las distintas facultades (o como se llamen ahora), otro gallo nos cantaría. Aunque desde las altas instancias académicas se insista en que no son los causantes de los atascos. Claro, es muy goloso el horario de mañana y pocos son los dispuestos a dedicar las tardes a esfuerzos tales. Debe ser la modorra que nos entra después de comer.

Y si se reitera en que no es la Universidad la culpable del desaguisado, arbítrense otras medidas para que no todos deban entrar a su trabajo a la misma hora. Es que si el número de vehículos es superior a la capacidad de carga de nuestras carreteras, como no vayamos todos en parapente –hasta ahora solo uno que conozco y en campaña electoral– bien poco que rascar.

Mientras esperaba, di unas vueltas por el Parque García Sanabria, magnífico pulmón santacrucero, y pude constatar que siguen abundando las cotorras de Kramer, loros verdes o como demonios se les conozca, y pienso que nos encanta llenarnos de animales exóticos. Si al menos todos estos foráneos se comieran el rabo de gato; pero no, vienen a competir con el autóctono y se nos puede plantear grave dilema en un futuro no lejano.

Cuando finalizó la visita hospitalaria, un cortado al lado del reloj de flores –donde fue la firma del actual pacto de gobierno, ¿te acuerdas?–, pero con miedo, tú. Debo estar haciéndome muy mayor. Con tres dosis por un lado, más la de la gripe, por otro, y sigo vigilante. Los datos de estos últimos días no me invitan al optimismo.

Así que me vine para el pueblo y… me encerré en casa, porque no estamos por este Norte como para tirar voladores. Y la verdad es que no me apetece echarla a perder después de tanto tiempo cuidándome. Además, salgo a caminar cada vez que puedo y parece que voy en una carrera de obstáculos brincando para todos lados. Y no es por los baches del Polígono de San Jerónimo, que también, pero eso te lo contaré mañana. Hasta entonces.

martes, 29 de junio de 2021

88. Nivel 3

En ello (y en él) estamos. Pero sigo sin saber a quién hacerle caso, a quién prestarle atención. Son tantos los canales de información a tu alcance, que te resulta tremendamente difícil llevar a cabo la pertinente composición de lugar. Lo mismo el que me llena de gasoil el depósito del coche –persona, obviamente, cargada de mucho combustible– suelta una perorata de mucho cuidado acerca del comportamiento del virus y las consecuencias negativas de las pruebas de detección, que un prestigioso virólogo atestigüe más dudas que certezas, al tiempo que el convencimiento de que aquel que no se vacune acabará por infectarse.

Pero todos lo españoles –mal que nos aqueja desde siempre y para el que no existe vacuna alguna aún– somos unos “fernanditos simones” en potencia. O sin potencia, lo somos y punto. Un somero recorrido por las redes sociales no solo basta para cerciorarte, sino que contribuye sobremanera en elevar tu… ego personal.

Lo que acontece en Tenerife se debe a que todas las pruebas de diagnóstico se llevan a cabo en esta isla, mientras que a la de enfrente se trata con otros baremos. Y existe una razón de peso: el pacto de las flores. En la foto de marras, que dio lugar a la alianza para gobernar en estas ínsulas, los cuatro elementos causantes de todas nuestras desgracias: Ángel Víctor, Román y Noemí, canariones de pura cepa; y Casimiro, gomero de retranca, a sabiendas de que sus convecinos, junto a palmeros y herreños, tiran más por la otra capital insular. Así como majoreros y conejeros lo hacen por esta isla. ¿O no?

Para sostener lo manifestado en el párrafo precedente no es necesario concienzudos estudios. Como tampoco el repaso de rigor por las redes sociales. Este pasado domingo, un periodista caracterizado por sus permanentes bandazos –no lo llamo veleta porque va más allá de esos insignificantes giros– nos deleitaba con una exposición que daba crédito a la cantinela. Aunque mañana sostendrá lo contrario, y tan ancho.

José Manuel Bermúdez Esparza, nacido en Las Palmas en 1966, y afiliado a la ATI más profunda desde que tenía 18 años, es el actual alcalde santacrucero. Aupado a la poltrona por una concejala tránsfuga, nacida en Venezuela (como mi alcalde), hace honor a su segundo apellido y esparce por doquier que los datos de Santa Cruz no son los peores de Canarias. Que todo se trata de un persecución para hundir los comercios (hostelería y restauración, mayormente) de la isla picuda. Por ello, quiero imaginarme, tiene sobre la mesa millares de denuncias por infracción de las normas implantadas durante la pandemia y solo ha tramitado un par de decenas. Hasta aquella en la que estaba implicada la jefa de la policía, pasó a mejor vida. Se trata de la versión mejorada del laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même: dejen hacer y dejen pasar, el mundo va solo. Máxima que sostienen estos políticos, sin percatarse de que, siguiéndola a pie juntillas, ellos serían los que sobran, los estorbos.

Nuestro hombre, que estudió –eso reza su currículum– Derecho en La Laguna, como la mejor opción para dedicarse al periodismo o la política, ha dado órdenes tajantes para propagar las maldades de un gobierno canario –y si de camino le podemos dar unos variscazos al nacional, mejor que mejor– que pretende hundir la economía. Y los socios gubernamentales se han puesto a la labor de manera ejemplar: en Santa Cruz no pasa nada, los datos son ficticios, a Las Teresitas solo va la gente a bañarse (no se especifica si en agua o alcohol), la policía realiza controles cada segundo y todo el mundo derechito como una vela.

Esos números que indican que los contagiados capitalinos de aquí (1368) cuadruplican los de allá (366) no son verdad. Y chitón. Lo digo yo (Bermúdez) y me lo ratifica Andrés Chaves. Y eso va a misa. Además, algún alcalde popular me da, asimismo, la razón. Y no es porque viva más en Santa Cruz que en su pueblo, sino que sus másteres lo avalan. Y punto en boca, porque aquí quienes deben demostrar certezas son los científicos. Nosotros no cobramos por nimiedades. Las verdades incómodas se eluden con el negacionismo barato. Todo es pura conspiración. ¿Dónde está el virus?

Cuando pueden más las emociones y creencias que el rigor de los hechos, que lo sólidos argumentos, no es de extrañar que surjan Ayusos, Bermúdez o Domínguez. Como lo hicieron los Gil, Ruiz Mateos y Condes. Y con Facebook, Twitter, Instagram y otros, peritos&peritas en un periquete. Estamos en nivel 3, pero no pasa nada. Retírate Amos, que con José Manuel nos basta para lidiar con el bicho.

¿Se acuerdan de José Rodríguez Ramírez, aquel perito mercantil que fue propietario de El Día y de sus radicalizados editoriales, ideas xenófobas e incitación a subvertir el orden constitucional y que ostenta el nombre de una calle en mi pueblo? Pues ahora que Paulino Rivero ya navega  por nuevas rutas y pelillos a la mar con aquellos encontronazos, lo mismo ATI quiere resucitarlo. ¿O es políticamente incorrecto sacar a colación lo del Pleito Insular?

Y tú, José Manuel, tranquilo, que la culpa del nivel 3 no radica en los 1368 positivos de tu municipio, ni los 542 de La Laguna (aunque su grupo de gobierno, más comedido y menos dicharachero, guarda prudente silencio al respecto), sino los escandalosos datos de San Juan de la Rambla, Garachico, Los Silos, el Tanque y Buenavista, lugares que suelen transitar los domingueros capitalinos, aunque por estos lares se portan bien porque les basta con reproducir los comportamientos norteños. Si de tus 55 años (me salen esos desde 1966 a 2021) ya llevas 37 al pie del cañón, aquellos que presumen de récords por largas estancias se quedarán cortos dentro de bien poco ante tu empuje y decidida apuesta por… Ya me cansé. Hasta mañana.

lunes, 31 de mayo de 2021

66. Colaboración vecinal

Correcto me parece que la vecindad se preocupe de la mejora de su entorno. Si todos procediéramos de tal guisa, a buen seguro que los pueblos presentarían un mejor aspecto. Porque algo tan elemental como no ensuciar (digamos que hablamos de los dueños de los perros, verbigracia), utilizar la papeleras (que para algo están), reciclar (que contenedores al efecto existen bastantes), no vaciar los ceniceros de los coches en las vías públicas, no dejar plazas y rincones hechos un asco con las cáscaras de las dichosas pipas y el consabido etcétera, son muestras que pueden retratar dos caras bien diferentes de nuestro hábitat. Tampoco es posible poner un guardia detrás de cada persona ni que los cargos públicos puedan abarcar toda la problemática que en cualquier municipio se plantea en el quehacer cotidiano.

Manifestado lo cual –esa impresión me ronda desde ha bastante– denuncio, bien alto y claro, que las nuevas tecnologías (benditas sean) han venido a servir en bandeja el apoltronamiento de mucho político. Sirva de ejemplo la denominada Línea Verde, aplicación por la que los concejales se han adocenado tanto (acepción tercera del DRAE) que se limitan a esperar sentados a que seamos nosotros los que nos dediquemos a observar anomalías y les remitamos el mensaje, con foto y lugar exacto del deterioro o desperfecto. Así se las ponían a Felipe II (o a Fernando VII, más tarde; incluso los salmones que pescaba Franco) suele escucharse con frecuencia. Y ya que me subí al burro, del alumbrado en la Urbanización Los Príncipes, ni gobernantes ni oposición. Mutis por el foro. Y en tinieblas. Esta raya, como no es verde, parece no valer.

Vi, hace unas semanas, que el amigo Germán Rodríguez ponía de manifiesto en una red social el aparente mal estado de uno de los dos dragos de Realejo Bajo (los conocidos como dragos gemelos). Hecho del que, días más tarde, se hace eco El Día. En la información se da cuenta que fue otro vecino, Rubén Toste, quien había trasladado al ayuntamiento esta incidencia a través, precisamente, de la aplicación precitada.

Como nunca me he sentido satisfecho con quedarme en el ramaje e intento sumergirme en el trasfondo, me llama poderosamente la atención el que la gente del lugar manifieste que esta caída de las hojas del ejemplar botánico no es algo de hace unos días, sino que se viene constatando desde, como mínimo, un año atrás. No hice cruces, pero díjeme: manda aquello.

El ayuntamiento comienza, pues, a moverse y ya han acudido técnicos en la materia para los primeros estudios. Se plantean hipótesis al respecto, amén de las posibles soluciones para que no se nos pierda este joya botánica. Pero claro, surgen preguntas ante declaraciones y fotos de postureos.

Manuel Domínguez alega sentir un cariño especial por los dragos y se entristeció cuando conoció la noticia (¿dónde estaría?) de que uno podía estar enfermo. Menos mal que no acudió a darle dos besos y entregarle un ramo de flores. Que es lo habitual en él. Porque estas declaraciones solo vienen a poner de manifiesto la gravedad de sus ausencias. Alegar ignorancia cuando vive a unos cientos de metros, indica bien a las claras que sus preocupaciones orgánicas y parlamentarias eclipsan el principal quehacer en el que debería volcarse: la defensa a ultranza de la Villa de Viera, mi pueblo.

Adolfo González se alegra de que los ciudadanos tengan siempre presto el móvil. Y se regocija de que la Línea Verde siga batiendo récords. Así presumirán una vez más de números. Pero obviando el que cuanto más colaboremos nosotros, más cachetones les estaremos suministrando por su inutilidad. Porque, al final, con la cantidad de asuntos pendientes, y de suma importancia y trascendencia , que quedan pendientes en Los Realejos, tanta presencia en los medios solo deja patente que la venta de humo va a seguir siendo la tónica dominante. Muy triste balance. Se suceden demasiadas incongruencias. Cuentan, además, con la tremenda suerte de que el periodismo está como está. No en horas bajas, mucho más allá de los cero grados. Y disponen de todos los canales para proclamas tan vacuas como…

Hasta mañana. Y mis deseos más fervientes de que el drago se recupere. Y que haga oídos sordos a las sandeces que sueltan los que se van a sacar la foto junto a él. Que no le pase lo que a uno que hubo en La Gorvorana. Como otros tantos.

jueves, 27 de mayo de 2021

64. Efemérides (epidemia y otros)

Me pareció demasiado para un solo día y aquí va la segunda parte del recordatorio. En la información de la epidemia de viruela, alguna concomitancia con la situación actual.

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“Venta: En la barbería del Maestro Cristóbal Pérez, calle de la Cruz Verde, se espenden sanguijuelas acabadas de llegar de la Península”. (Boletín Oficial de la Provincia de Canarias, de 26-mayo-1851)

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“Parece cosa resuelta por la empresa de estos Teatros, la traslación de la Compañía lirico-dramática a la Orotava para veranear allí, durante los meses de Junio y Julio. La favorable acogida que ha merecido en aquella agradable Villa, el actual empresario, cuando se ha trasladado allí con sus Compañías y el carácter y circunstancia que reúnen aquellos vecinos, y los de los pueblos comarcanos, nos hacen augurar desde luego los mejores resultados para los intereses de la Empresa. El cuerpo de coros ha ejecutado en la noche del 22 la función de su beneficio. Entre las piezas puestas en escena, fue la zarzuela en un acto El Cocinero, cuyo desempeño no dejó nada que desear: hallándose el principal papel á cargo del señor Caballero, que supo demostrarnos una vez más sus relevantes dotes cómicas”. (El Guanche, 26-mayo-1861)

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“Tuertos. He aquí algunos célebres en compensación de otros que no lo son, y de que hay por ahí gran cosecha. Felipo de Macedonia, perdió un ojo en la guerra: no dio después batalla que no ganase. Annibal, quedó tuerto pasando Los Alpes: Roma tembló al oír su nombre por espacio de diez y seis años. Sartorio, no tenía más que un ojo: triunfó tres veces de Porapeyo, que tenía los dos sanos y buenos. Zisca, terror del imperio romano, era tuerto también. Horacio Cocles, tuerto asimismo, defendió él solo un puente contra el egército pórcena. Camoens, eminente poeta portugués, era tuerto también. En España, hoy honra las letras españolas Bretón de los Herreros, falto de un ojo también, y el autor dramático más profundo en nuestros días”. (El Guanche, 26-mayo-1861)

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“Anuncios preferentes. Sucursal de Doña Juliana Riquelme á cargo de D. Abraham Morales, Orotava. En este establecimiento se acaba de recibir variado surtido de trajes para hombres, corsés, medias de hilo de Escocia, ídem de algodón blancas, de color y rudas, con costura y sin ella, colchas blancas y de color para catres cameros, tela para sábanas de un solo ancho, diagonales negros para vestir, crehuela fina para calzoncillos, gaza batista, primaveras, piqué y pañuelos de seda negros y de color y otros varios artículos. Orotava, Carrera, 12”. (El Valle de Orotava, 26-mayo-1891)

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“Hemos leído un artículo, inserto en el número 1364 de nuestro estimado colega El Diario de Tenerife, y suscrito por el Sr. D. Ramón Gómez, en el cual dicho señor se queja amargamente de la incuria y abandono de las autoridades y de la indiferencia del público como causas de la propagación de la viruela entre nosotros, y aunque el Sr. Gómez puede tener razón tratando de censurar la conduela de ciertas autoridades y de ciertos pueblos, no la tiene con respecto á esta Villa, tocándonos á nosotros rectificar la general aseveración del articulista haciendo constar que desde los primeros momentos en que se tuvo noticia de la proximidad del enemigo, y, mucho más, después que un pobre sirviente contrajo la viruela en el cercano Puerto, de la cual sucumbió en el periodo de supuración, no se ha omitido medio por nuestra celosa autoridad local y por los médicos que residen entre nosotros, para extender la vacuna como único medio de extirpar la terrible epidemia variolosa.

Más de mil niños y adultos se han vacunado y revacunado durante los dos últimos meses en los estudios de los Sres. Zerolo y Espinosa, llevando la Junta de Sanidad su celo hasta el extremo de disponer la vacunación á domicilio para evitar las consecuencias de la apatía ó de la indiferencia de alguno, de la que con razón sobrada se queja el Sr. Gómez.

Desde que se dio el primer caso desgraciado de viruela en esta Villa, se han tomado todas las medidas de precaución que aconseja la ciencia en estos casos, y la incomunicación más rigurosa, y la desinfección más constante y hasta la quema de objetos que estuvieron en contacto con el enfermo, nos han puesto á cubierto, en lo posible, de nuevas y lamentables infecciones.

Después de ese primer caso, sólo hemos tenido cuatro atacados, dos adultos y dos niños, los cuales, sometidos también á una completa incomunicación y visitados á todas horas por el facultativo titular de esta Villa, han pasado con felicidad los diversos periodos de la enfermedad variolosa, creyendo nosotros que las medidas adoptadas, en unión de la suavidad y demás condiciones salutíferas de nuestra privilegiada comarca, nos librarán en término breve, de la zozobra que actualmente vivimos.

Otra de las pruebas que hablan muy alto en pro del celo desplegado en esta ocasión por nuestra autoridad local y por la Junta encargada de la salud pública, es la acertada prohibición de la popular fiesta de San Isidro, y de la no menos popular, si bien más pacífica, de la Octava del Corpus, fiestas que atraen á esta Villa gran número de forasteros, y reúnen en determinado espacio á miles de personas. Pues bien; como es sabido que toda aglomeración de individuos es causa abonada para el desarrollo de las enfermedades epidémicas, el Sr. Alcalde, de acuerdo con la Junta de Sanidad, ha dispuesto que dejen de celebrarse ambas festividades (en su parte civil, se entiende) prestando con esta medida de precaución un verdadero servicio á la salubridad del pueblo que administra. Conste, pues, que en la Villa de Orotava se presta el debido homenaje á los dictados de la ciencia, y que si no podemos librarnos de la viruela, no será por faltas cometidas por los encargados de la salud pública, sino porque causas superiores á su voluntad así desgraciadamente lo han permitido”. (El Valle de Orotava, 26-mayo-1891)

miércoles, 7 de abril de 2021

25. AstraZeneca

Estoy asombrado. Desde que hizo acto de presencia el nuevo bicho, cualquier anomalía surgida en torno a la salud de las personas, de manera automática, sin estudios ni análisis de ningún tipo y sin conceder el principio básico de la presunción de inocencia, se cargan tintas contra la Covid 19. Ya no existen los resfriados, ni el catarro ni la gripe. Tener unas décimas de fiebre, un simple dolor de cabeza o una jaqueca de las de toda la vida, un drama. Y como te dé algo de tos y te atragantes con un poco de flema… tranquilo, ya saldrán todos corriendo y te dejarán más solo que la una.

Hombre (o mujer), qué quieres que te diga. Yo también estoy asustado. La desgracia de estar encuadrado en el grupo de los septuagenarios me tiene bailando sobre la pata buena. Nos han dejado en medio de la tormenta perfecta. A veces pienso que nos puede la psicosis. Y de ello se aprovechan medios (y cuartos) de comunicación para hacer no el agosto, sino el verano completo. Que viven de hechos puntuales, a los que les añaden unos puñados de morbo con unos (¿o unas?) Rocíos apenas. Esto es como la calle con 99 bombillas encendidas y 1 apagada. ¿En cuál ponemos el foco?

Este pasado invierno no hubo ni un ingreso hospitalario por la tan temida gripe de años anteriores. Ni un fallecido. Por favor, si tú lo has escuchado o tienes constancia de mi error, no dudes en hacérmelo saber. Porque yo solo oigo que por ahora el enemigo es el invasor chino. De aquella, ni la A ni la Z.

No hay constancia científica de que la vacuna Oxford/Astrazeneca ponga sobre el tapete más efectos secundarios que otro medicamento cualquiera. ¿O ya no leemos los prospectos? ¿Hemos corrido tupido velo al contenido del extensísimo folleto? Parece ser que sí. Y corresponde cargar tintas contra un nuevo enemigo. Que, el muy bandido, ha causado estragos en una muestra tan insignificante de vacunados, que haría el ridículo más espantoso ante cualquier antibiótico que requiere la acción de los protectores de estómago. Que sí, carajo, porque nos olvidamos que te curan de cualquier infección bacteriana, pero te revientan el depósito de los alimentos. Y luego, cuando estés pachucho, mustio y consumido, vuelves a la consulta y te dicen que el causante es un virus que anda. Oriental o nórdico, qué más da.

Pienso, honradamente, que el exceso de información –desinformación, en suma– origina demasiados quebraderos de cabeza. Y como ya todos sabemos de todo –las cátedras se adquieren con dos pinceladas en las redes sociales– nos creemos en el derecho de salir a lucirnos, demostrando conocimientos tan inconsistentes como los me gusta del bien quedar. Y espetamos con alegría desmedida: Yo no me vacuno, ni loco. En tal o cual lugar tuvo un trombo uno de los veinte millones y… ¿Y qué? ¿Suspendemos la campaña de vacunación y privamos al 99,999% de ciudadanos de la posibilidad de volver a la normalidad cuanto antes porque te correspondió ser la excepción que confirma la regla?

Antes de operarme de hiperplasia benigna de próstata (vamos, que la susodicha creció lo que no debía y más) estuve tomando unas pastillas (Tavanic), cuyo principio activo (levofloxacino) me cayó como una patada en el testículo izquierdo (presumir de los dos a estas alturas de la vida queda mal visto) y me salieron erupciones (ronchas) hasta donde no estaba escrito. Pues nada, me tocó ser otro conejillo de Indias con respecto a los efectos adversos, pero aquí estoy destupido y meando con sumo deleite y tranquilidad. Vaya lo uno por lo otro. ¿Y si te mueres? No, aquí te vas a quedar haciéndole la competencia a un tal Matusalén (969 años según la Biblia).

Esta pandemia nos está enseñando muchas cosas. Pero la principal, entiendo, es que ha desaparecido el resto de enfermedades. Que sí, claro que no es verdad, aunque seguro que tú también lo has pensado más de una vez porque solo hablamos del coronavirus. Y de seguir desconfiando, como van a llegar muchas más vacunas (otras marcas, me refiero; en este artículo no entra lo del negocio) dentro de poco, a todos los que coja la policía con fiestas y diversiones varias, en vez de ponerles una multa –que a lo mejor no pagan– a inyectarles AstraZeneca. Y al que proteste, cuatro dosis.

Mientras, sigo esperando el mensaje. Porque yo sí me vacuno.