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martes, 15 de febrero de 2022

246. Ferrocarril de circunvalación (6)

¿Queréis, lectores, convenceros de lo que os decimos? ¿Queréis disfrutar de las emocionantes delicias del contraste? Pues cruzad el Norte de Tenerife, tomad el tren en Icod; ¿qué decimos?, un coche; ¿qué decimos, una... ¡bestia!, y á horcajadas sobre el bruto, venid á recorrer el Sur de la Isla, que es donde lo que acabamos de exponer en mala pintura y á grandes rasgos tiene sus relieves más salientes; sus perfiles más atrevidos; su expresión más colorista. Pero es que á esta región no vienen del extranjero sino alguno que otro sabio en viaje de investigación científica y que, en aras de su amor á esta clase de estudios, arrostran todas las penalidades que trae en sí aparejadas el montar á caballo por vericuetos.

Conocido el deplorable estado de las comunicaciones en el Sur, y considerando que las del Norte no pueden llenar las necesidades de un movimiento enorme de pasajeros, causas de que esta isla no arribe el viajero en grandes masas. ¿Cuál es la obra indispensable, inmediata, que debemos acometer como medio de dar su mayor amplitud al desarrollo del turismo en nuestro país? Si la respuesta no holgara, diríamos que el tendido de una vía férrea de circunvalación. Esta, la construcción de algunas carreteras y las reformas de los caminos de herradura, nos darán completo el servicio de locomoción de que antes hablábamos.

Por fortuna, el patriótico pensamiento de dotar á la isla de un extenso ferrocarril que la circunde, no ha caído esta vez en el vacío, pues como ya hemos dicho en anteriores artículos, en Barcelona se estudia actualmente el magno proyecto.

A nadie se esconde la multitud de diligencias, la diversidad de trámites, que han de preceder á la realización de la obra: por lo tanto, es necesario, repetimos hoy, que todos los tinerfeños de valimiento pongan sus energías, sus actividades, su influjo, en favor del proyecto, haciendo que aquellas diligencias y tramitaciones, sean lo menos dilatorias posible, á fin de que, en breve plazo, mediante el establecimiento de esa extensa vía de hierro, entre Tenerife en una nueva era de esplendor, de grandeza y de enriquecimiento.

De nuevo, y ahora rodeada de todas las simpatías, de todas las seguridades de éxito que le presta el popular ó ilustrado campeón que la encauza, ha vuelto á agitarse la patriótica idea del fomento del turismo.

Nosotros, en el caso, no podemos aventurar una palabra, porque ignoramos cuanto trae en cartera aquel valiosísimo hijo de Santa Cruz, para hacer viable la realización de sus muy laudables deseos; pero teniendo en cuenta cuanto pueden sus energías, su inteligencia, su genio organizador... de todo lo que, por otra parte, ya dio altas muestras en días aciagos para la isla, tenemos la convicción, la seguridad de que, lo que en aquel sentido se propone, ha de obedecer á un plan vasto, completo, mediante el cual, los frutos del turismo lleguen en su día á todas partes; pues quien, como el hombre que nos ocupa, posee cualidades cívicas insuperables, no habrá de reducir su patria á determinada región, sino que la ha de abarcar en su mente y en su corazón, del mismo modo que la ciñen toda los mares en amoroso abrazo.

Por lo tanto; nosotros creemos que el Sr. D. Juan Marti y Dehesa habrá pensado en esta magna obra del ferrocarril de Tenerife, como base indispensable para encausar hacia nuestro país el turismo en su más amplio desenvolvimiento.

Ya hemos dicho que el turismo y la vía férrea de circunvalación, han de ser grandes veneros de riqueza para la isla, pero nos falta añadir que aquél, al par, ha de ser fuente de incalculables ingresos para el ferrocarril; y he aquí el por qué estos dos asuntos se hermanan, pues cada uno es complemento del otro.

Vamos á terminar, por creerlas un adecuado resumen de este trabajo, con las mismas palabras con que dimos fin al informe de este pueblo, uno de tantos de los que por nuestro conducto, y de lo cual ya tienen conocimiento los lectores, se han pedido desde Barcelona á varias localidades de la isla.

A pesar de lo que expuesto queda, y por lo que venimos en conocimiento de que el ferrocarril cuenta en toda la isla por anticipado con una gran suma de intereses creados que le auguran vida propia, consideramos que su más halagüeño porvenir, sus más amplios horizontes, están en el turismo ─ansioso de que se abran cómodas vías de comunicación en Tenerife, para visitarnos─ en toda clase de viajeros; porque no arribará nadie medianamente acomodado al puerto de Santa Cruz, que no circunvale la isla á los pies del coloso, del gigantesco Teide níveo, bruñido en invierno; desnudo, horrible como mito infernal en el verano, para admirar á través del viaje, entre el confuso torbellino en que se agita el paisaje al paro del tren, sus diversas facetas, su movilidad de ciclope, ora hundiéndose tras la profunda sima de los valles, ya surgiendo de las cubiertas cumbres para enseñorearse altivo de los cielos”.

No le podremos negar al tantas veces citado Manuel Álvarez que no deje detalle al albur en sus meticulosos artículos. Y seguiremos.

(continuará)

lunes, 14 de febrero de 2022

245. Ferrocarril de circunvalación (5)

Seguimos con la secuenciación histórica (cronológica) del interesante particular que nos concita. La publicación de los dos extensos artículos, que conformaron las entregas de la pasada semana (1 a 4), dio lugar a un sugerente movimiento periodístico: Así, en La Prensa, 30 de mayo de 1911, página 2:

“Noticia importante. Como resultado del artículo que vió la luz pública en estas mismas columnas, en 2 del actual, titulado «El Ferrocarril de circunvalación de Tenerife», debido á la pluma de nuestro estimado amigo y colaborador, de Guía de esta isla, Manuel Alvarez Hernández (M. Zalvela) ha recibido éste una carta de una distinguida personalidad de Barcelona, pidiéndole el mayor acopio de datos para el estudio del tendido de la vía férrea en Tenerife, estudio que ha de someter al criterio de importantes capitalistas de la opulenta ciudad catalana, deseosos de colocar su dinero en empresas de gran magnitud.

Cuando el expresado amigo reciba nueva carta de Barcelona, que espera dentro de algunos días se procederá á hacer la oportuna información conducente á tal fin en los pueblos de la isla, y para lo cual es de esperar que presten su concurso más decidido las personas amantes de este país”.

También en La Prensa, 17 de junio de 1911, página 2 (aclaro que, por supuesto, la negrita es mía):

En el artículo El observatorio del Teide, firmado por Eusebio Jiménez Lluesma, teniente coronel de ingenieros, se inicia con el siguiente párrafo: “Estudiaba yo el año 1.893 todo lo relativo a la isla de Tenerife, porque trabajaba en el proyecto de ferrocarril de Santa Cruz á la Orotava. Y al estudiar el desarrollo que podía tener la vida tinerfeña, no pude menos de fijarme en lo que el porvenir reservaba, en su aspecto científico, al interesante valle de la Orotava, que podrá sería primera estación biológica del mundo civilizado, y pensaba también en el gigantesco Pico de Teide, que reúne condiciones especiales para una estación meteorológica”.

Otro interesante y detallado artículo de Manuel Álvarez Hernández, a dos columnas, y titulado, en grandes caracteres, El turismo y el ferrocarril de circunvalación, lo publicó  La Prensa, el 6 de febrero de 1912, página 1. Que dos días más tarde (8 de febrero) dio lugar al comentario del periódico con el que se inició esta aventura (ver post número 241, que publiqué el pasado martes) en la que con sumo gusto me he embarcado y, convencido me hallo, que a más de uno de mis estimados lectores enganchará siquiera sea por comprobar cómo se dejan pasar oportunidades y cómo nos enfrascamos ahora en discusiones que hace más de un siglo fueron noticias de portada. Parece que no aprendemos. Porque de estas lecturas, conclusiones pueden extraerse bastantes. Lo transcribimos:

“En la actualidad, las energías isleñas se ejercitan casi exclusivamente en el cultivo de la tierra, lo que tiene por causa los elevados precios que obtienen nuestros productos en los mercados de Europa; pero nosotros entendemos que no toda la riqueza está en la fecundidad del suelo y que, cual corresponde á un país verdaderamente emprendedor, es ya hora de ir buscando nuevas orientaciones, entre ellas el fomento y desarrollo del turismo.

Claro está que esto no es obra de un año ni de dos; pero, ¿quién duda que á la postre habremos de encontrar justas y espléndidas compensaciones en la explotación de este nuevo é inagotable manantial de la riqueza isleña?

Distintas veces ha agitádose esta idea en el raquítico ambiente de las escasas actividades canarias, en pro del bien público y de los intereses colectivos, mas otras tantas la hemos visto caer lacia, infecunda, en el polvo de un estéril olvido.

Ahora bien, cuantas ocasiones se ha intentado afrontar el asunto se ha hecho sin una base, sin un concierto que obedeciera á un plan amplio y meditado, sino que todo se ha reducido á proponer la celebración de tal ó cual festejo, de tal ó cual sport en esta y otra época del año, como medio de atraer al extranjero, pero aun sin pensar que ese programa, aunque pequeño, había que rodearlo de todas las comodidades imaginables, sin las cuales, el turista que viaja á placer no había de aventurar un solo paso.

Para la realización de este pensamiento tenemos á nuestro favor la benignidad del clima, las bellezas naturales de la tierra y la admirable constitución volcánica del suelo de esta isla: el trabajo corresponde á las comodidades de que hablamos, y que consisten, principalmente, en las fáciles y rápidas comunicaciones: esto, que es lo esencial, requiere tiempo y preparación, lo demás, todo programa para festejar y distraer al turista, nos parece todavía prematuro, pues mientras no tengamos un completo y bien montado servicio de locomoción del que salga bien impresionado el viajero, creemos que no debe apelarse al anuncio mundial.

Por otra parte, parece ser creencia general que para atraer á los extranjeros basta con ofrecerles para campo de sus deportes el pequeño espacio que media entre Santa Cruz y la Orotava. ¿Porqué? Porque es allí donde se levantan nuestras más importantes poblaciones. Esta es una razón muy atendible por distintos conceptos, pero no la consideramos exclusiva del asunto.

Los viajeros, al poner rumbo á Tenerife, unos ya huyendo del hastío que produce la vida de las grandes urbes, ya para reparar fuerzas debilitadas en el gran mundo de los negocios, han de venir aquí á familiarizarse en campo abierto con la Naturaleza: á aspirar nuestras brisas ribereñas; á dormitar bajo la sombra de nuestros bosques; á bañarse en los rayos de un sol tibio y sabroso; á embriagar su olfato en los perfumes de la flora canaria; á recrear su vista en el polícromo atavío de nuestros valles... Otros, á curiosearlo todo: desde la nívea frente del Echeide gigante, hasta las menudas arenas que bañan dulcemente las playas rumorosas.

Grande es la belleza, aún no bastantemente ponderada, del valle de Orotava, pero no debemos de olvidar ni un momento que sólo aquél no basta para dar al viajero el complemento de la emoción estética, que está en el contraste, pródigo en nuestro país, en cambios bruscos y en alternativas brillantes. Es, pues, necesario que el turista, á través de toda la Isla, venga á admirar también estos hondos barrancos que abrieron en otros tiempos los grandes torrentes; estas enormes moles de piedra, unas sobre otras, que parecen haber bajado, sobre un lecho de fuego, rodando de las enhiestas cumbres; las huellas aún frescas, á través de los siglos, de violentas erupciones volcánicas, pero que traen á nuestra mente el recuerdo de otras edades, de épocas legendarias, y nos parece ver cómo otras generaciones y otras razas, animadas en nuestra fantasía, huyen despavoridas en presencia del dantesco fenómeno; nuestros terribles abismos, perdidos allá abajo, en lo ignoto, y que nos hablan de plutónicas leyendas; las rocas de la costa, evocadoras de la tradición, del cataclismo, del recuerdo de un continente hundido de súbito en el fondo de los mares...

(continuará)

viernes, 11 de febrero de 2022

244. Ferrocarril de circunvalación (4)

De todos modos existe un proyecto de ferrocarril de Santa Cruz á Garachico; lo que nos inclina á creer que realizado éste, ya no se tienda otra vía férrea, en el Norte, pues una sola bastaría á llenar las necesidades de aquella región, en el cual caso, quedaría destruido en parte lo que dejamos dicho. Dando por sentada esta resolución, ya sólo nos resta solicitar del Gobierno el camino de hierro de Santa Cruz á Icod por el Sur. Si se nos concede, á lo cual tenemos por distintas razones, derecho inaplazable, dejamos en pie lo anteriormente expuesto: es decir; que deben comenzarse los trabajos partiendo de Icod y de Fasnia; ó aún mejor: dividiendo la obra general en distintos trozos distantes entre sí y que se irían prolongando hasta tener efecto los naturales empalmes.

Sabemos que no es éste el sistema que se sigue en esta clase de obras, pues lo lógico es ir uniendo los pueblos á medida que se va avanzando, con lo cual entran desde luego en posesión del imponderable beneficio del ferrocarril; pero esto que en otras partes, donde existe una enorme masa de obreros, es de un resultado práctico é inmediato, en nuestro país, si habíamos de proponernos llevar el mayor impulso á los trabajos, no tiene ventajosa aplicación. Como es sabido, la clase obrera en Tenerife es muy reducida, y si además de esto se tiene en cuenta que nuestros jornaleros, ya sea por apego á la localidad donde viven, ya porque en ésta tengan pequeños intereses de otra índole, ya porque lo exiguo del jornal no les compense de los inconvenientes que representa abandonar su casa, ó por todos estos conceptos á la vez, lo que les impide salir, salvo contadas excepciones, de la esfera de acción que se han impuesto, tendremos que una obra de esta naturaleza en nuestro país, adoptando la práctica seguida en otras partes, había de ser muy lenta. En cambio; por el sistema de trozos de que hablamos, se le daría el mayor impulso, no sólo por la rapidez que habían de dar á los trabajos los jornaleros de los pueblos más inmediatos á los trozos respectivos, sino que también por la emulación que había de despertarse entre las poblaciones en el avance de sus trozos de línea vecinos; lo que, por otra parte, tiene además la ventaja de beneficiar á un tiempo á los trabajadores de todas las localidades de la isla sin necesidad de tener que alejarse de su casa á grandes distancias.

IV

Nace el prolijo artículo que hemos venido desarrollando al calor del levantado espíritu patriótico de estas localidades del Sur con motivo de la celebración de la última Asamblea, gran parte de su población, ansiosa, hasta la vehemencia, de concurrir en aquellos días á la Capital de Canarias; deseos malogrados, deseos muertos, por la falta de vías de comunicación rápidas, cómodas y baratas. ¡Oh! ¡Si hubiésemos tenido un ferrocarril! ¡Ah! entonces, no sólo media isla en un ir y venir activísimo de vagones atestados de gente, hubiera desfilado por Santa Cruz, prestándole el animado aspecto de las grandes urbes, para presenciar de cerca el patriótico acto de la celebración de la Asamblea, para conocer al Sr. Sol y Ortega, defensor esforzado de los derechos tinerfeños, sino que el dinero de una enorme masa de viajeros hubiese circulado con profusión por el país en beneficio del comercio y de la industria, tan necesitados del poderoso auxilio del ferrocarril, para su mayor desenvolvimiento.

Pero es que hay razones de otra índole, más poderosas si cabe que las expuestas, que obligarían á otros gobiernos que no fueran los españoles á obrar inmediatamente por sí solos, a quejas y peticiones del pueblo interesado.

¿Pues qué? ¿No es Tenerife, por su situación geográfica, paso obligado de la navegación mundial? Por su famosísimo volcán, ancho campo de investigación científica, ¿no es el punto de cita de los sabios de ambos mundos? ¿No es por sus condiciones climatológicas, bellezas naturales y otras causas, centro de atracción de enfermos y turistas de todos los países? Pues Tenerife no puede seguir bajo el peso de esa vergüenza nacional á que da origen su falta de vías de comunicación. Debíamos preferir mil veces, si el mal no se remedia, que la naturaleza nos hubiese colocado en el Golfo de Guinea para hacer menos visible la apatía de los gobiernos, secuela del lamentable atraso en que vivimos.

Pero no; no; los pueblos que, como el nuestro, luchan dentro de la legalidad por su regeneración política y social, no deben abandonarse á la inercia. Es, pues, necesario que las personas de valimiento de la isla, nuestros representantes en Cortes, la prensa de Tenerife, la de Madrid que nos es afecta y otras entidades, ejerciten una acción común decidida, ruda, tenaz, á fin de obtener en el más breve plazo posible, la concesión y tendido inmediato, completo, sin trámites dilatorios, de la vía férrea que ha de unir todos los pueblos de la isla: obra magna de la cual podíamos esperar bienes incalculables que culminarían en el mayor engrandecimiento de nuestro país.

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Buen arranque, ¿no? Puede que en estos momentos, tras la sosegada lectura, te preguntes, como lo hice yo después de pasar unas horas recapacitando, si en 2022, ciento once años después –que se dice pronto– se persiste en ir escapando y el que venga atrás que arree. Pero intentaré –porque queda mucha tela por cortar– que sigas enganchado. Reitero lo del inicio: si tienes algún amigo cargo público, invítalo a que lea un fisco. Un servidor lo ha hecho, aunque si te digo la verdad, con escaso éxito, porque viven en otro mundo, en una bola de cristal.

(continuará)

jueves, 10 de febrero de 2022

243. Ferrocarril de circunvalación (3)

En cambio, y como compensación fructífera, es raro el Obispo que ha pasado por esta Diócesis que no haya dado la vuelta á esta región; de lo que resulta ─y ya esto es algo─ que por acá todos estamos confirmados. De modo que el contingente con que estas localidades contribuyen para que el Estado cubra sus atenciones, entre las cuales está la de realización de obras públicas para beneficio de los pueblos, nos lo devuelve el Gobierno en bendiciones por conducto del señor Obispo; resarcimiento barato que no nos producirá bienes materiales, pero que nos pone en camino de las bienaventuranzas del Cielo; sin pararse á pensar el Gobierno que esas bendiciones sientan más en la meseta castellana que aquí, que por no tener un camino para descender á la llanura en solicitud del pan que nos falta para redondear nuestro alimento, estamos, por razón de la misma altura en que vivimos, más forzosamente en intimidad con Dios.

II

Que el paso frecuente de autoridades altas y prestigiosas por esta región había de ser muy fructífero, es indudable. El ya citado Sr. Bargés y Pombo, en su jornada militar de Sur á Norte alrededor de la isla, en vez de salvar la distancia entre Adeje y Guía por el camino que llamamos de arriba, que es quizás el más quebrado de Tenerife, nuestro amigo Fernando Jorge, vecino de aquel pueblo, que acompañó al General en el trayecto por esa inclinación nuestra de proporcionar las comodidades posibles á las personas distinguidas que nos visitan, como anteriormente decíamos, rasgo muy caballeroso, pero contraproducente al mejor efecto nos lo condujo por el camino de Aponte, donde mueren con más suavidad los despeñaderos y es menos profundo el cauce de los barrancos.

Los que á caballo tuvimos el honor de avanzar el camino para recibir á tan prestigioso militar, pudimos apreciar en su semblante la fatiga, el vértigo, esa especie de sobresalto que nos produce la vista de una naturaleza caótica, atrevida, soberbia, y al preguntarle qué impresiones traía de su jornada peñas arriba y risco abajo, lanzó una mirada hacia el terreno que tenía enfrente con la que parecía querer medir la enorme distancia que medía entre la altura de nuestras cumbres y la profundidad de los abismos, para contestarnos: Vengo asombrado. Jamás he recorrido un terreno tan accidentado, tan abrupto y apenas franqueable por un pésimo camino de herradura.

Estas impresiones se las llevó el General á Madrid; y he aquí el por qué desde la Capital de España primero, y desde la Capitanía general de Cataluña después, interesó al Gobierno vivamente sobre la necesidad de la construcción de carreteras en el Sur de Tenerife: plausible solicitud que quizás hubiera cristalizado en hechos si la muerte no hubiese tempranamente arrebatado á militar tan distinguido. Nosotros creemos, por otra parte, que la carretera de circunvalación no está terminada por dos causas que vamos á apuntar. Es una el empeño que hemos puesto al objeto de obtener pequeños trozos de carretera que unan á los pueblos con sus puertos respectivos, cuando en realidad lo que al país conviene es unir todas las poblaciones de la isla con el puerto de la Capital. Son pequeñas obras mendigadas, al Gobierno esporádicamente, pues no queremos enojarlo (¡!) pidiéndole la ejecución inmediata y activa de una obra de mayor magnitud: la terminación de la carretera general. Esto es sencillamente cándido, pues, por lo menos en España, los que están en el caso de dispensar mercedes, antes que al lado de los humildes inclinaron á su favor al de los soberbios. Es otra el ahínco, digno de mayor causa, puesto por personas influyentes ó caciquillos en solicitar, hasta obtenerlos, trozos de carretera nuevos ó rectificación de algún kilómetro de las antiguas, que no son de utilidad pública, sino para lujo, para comodidad de este ó el otro pueblo, de esta ó de la otra finca.

Si los trabajos realizados en estas carreteras parciales los hubiésemos invertido en la general, ésta tocaría en la actualidad á su término.

III

Las carreteras no llenan las exigencias de la vida contemporánea; por lo tanto, sería de una gran conveniencia abandonar por ahora pues no contaríamos con obreros suficientes para dar impulso y actividad á ambas obras á la vez la idea de continuar los trabajos de la expresada carretera, dando en su lugar acogida, de un modo apremiante, á la de un tendido de vía férrea general. Ahora bien; entendemos, por razones que iremos exponiendo, que estos trabajos deben de comenzar allí donde se encuentran detenidos los de la carretera de circunvalación por ambos puntos á la vez: es decir; en Icod, con dirección al Sur y en Fasnia no sabemos con precisión el lugar donde están suspendidos dichos trabajos por aquella parte de la isla con la misma dirección.

No se nos esconde que esta clase de obras debe comenzarse en todas partes partiendo de la Capital ó población más importante, porque así lo aconsejan, entre otras razones, las de índole comercial; pero en el caso nuestro resulta que todas las poblaciones que se sitúan desde Güimar á Garachico se hallan enlazadas por la carretera; ventaja de que carecen las muchas é importantes del Sur. Y lo que al país conviene, dejando á un lado egoísmos y vanidades mal entendidos, que pudieran surgir al alegar esta ó la otra población su mejor derecho á que en ella se dé principio á los trabajos, es enlazar en brevísimo tiempo todos los pueblos de Tenerife, siquiera sea en parte por ferrocarril, en parte por carretera la que se halla construida actualmente obtenido lo cual, debemos siempre proseguir, con el mayor ahínco, al objeto de llevar á su más rápida terminación las obras de la vía férrea general.

(continuará)

miércoles, 9 de febrero de 2022

242. Ferrocarril de circunvalación (2)

No es mi pretensión, en esta serie de rescates, poner de relieve un sesudo análisis de cómo se dejan pasar oportunidades. De cómo los políticos no ven más allá de los cuatro años del mandato. De cómo la planificación brilla por su ausencia. De cómo prima el voto de la inmediatez. Y transcurrido más de un siglo, vuelta a empezar. Dicen que es bueno conocer el pasado siquiera para no cometer los mismos errores. Me temo que solo vale el presente, el ahora, para el cargo público.

Iniciemos el virtual recorrido de un tren que pudo ser y nunca fue. Porque no creo valgan los lamentos en la vorágine de coches de ahora mismo. Ten presente, no obstante, que no se trata de un trabajo de investigación. Es, simplemente, mera curiosidad. La que me surgió, como ayer te señalé, tras las dudas planteadas cuando finalicé de transcribir el relato de 110 años atrás del que ayer se dejó constancia.

Vaya, pues, debidamente secuenciada, la narración de cuanto en La Prensa se publicó al respecto. Dejo constancia de que algo, o mucho, se pudo haber escapado. No es un tratado universitario, que requiere mayores y mejores mimbres académicos o que deba sujetarse a otros cánones más ortodoxos. Tómalo como una cosilla de andar por casa. Teniendo siempre como norte, eso sí, la perspectiva histórica. Y, además, si tienes la oportunidad de invitar a que, quienes nos representan en las diferentes instituciones, dediquen unos minutos a sumarse a la lectura, puede que alguno recapacite acerca de si se han perdido demasiadas oportunidades. Arrancamos:

En La Prensa (recordemos que es la única cabecera en la que hemos basado este repaso), 2 de mayo de 1911, páginas 1 y 2, se inicia el recorrido con un prolijo artículo (a dos columnas y expresando en grandes titulares: De interés general. El ferrocarril de circunvalación de Tenerife. Lo que piden los pueblos) firmado en Guía de Tenerife, el 27 de abril de ese mismo año por un tal M. Zalvela (que se verá luego –en ejemplar del 30 de mayo de ese mismo año– que se trata del ya mencionado Manuel Álvarez Hernández), y que es del tenor literal siguiente:

I

Es indudable que las mejoras públicas que se relacionan en los informes presentados á la última Asamblea, responden á una necesidad imperiosa, absoluta, hondamente sentida. Pero las de más capital interés, las de más grande utilidad pública, las que piden una realización inaplazable, son las del puerto de la Capital y el ferrocarril de circunvalación: mejora esta última la más equitativa, porque beneficia por igual á todos los Municipios de la isla.

Es altamente consolador para estos pueblos del Sur, preteridos, observar cómo á partir de la Asamblea de Mayo de 1908, se ha venido formando en las altas esferas donde vive y se agita la intelectualidad, la influencia y el valimiento isleños, un saludable movimiento de opinión á favor de todas las localidades sin distingos. Mas abrigamos, no obstante, nuestros temores, pues por dolorosa experiencia sabemos que, en la mayoría de los casos, las más nobles iniciativas, los más laudables deseos, solemos alimentarlos unos meses, cuando más algunos años, después mueren á manos de la atonía, del indiferentismo, con que singularizamos la idiosincrasia de la raza.

Es verdad que vencido, acorralado, casi muerto el caciquismo, el mayor de nuestros males, que unidos los partidos políticos tinerfeños con el plausible objeto de laborar en primer término en favor del país, el actual momento histórico parece presentársenos altamente propicio para un cambio de nuestra modalidad, de nuestras añejas, cuanto pésimas, costumbres públicas. Mas para que este resurgimiento, este despertar del país canario sea coronado por el éxito, es necesario cambiar de táctica, de procedimientos, sin descuidar hasta los más mínimos medios que son los que, sumados, proporciona, á veces, los resultados apetecidos. Porque entendemos que para hacer viable la realización de la obra que nos ocupa, no basta tener buena voluntad desde la capital de Canarias. Precisa además que las personas de influencia den una vuelta á esta región; que la prensa llame uno y otro día la atención de las autoridades que debiendo recorrer su demarcación parece repugnarles las aventuras de un viaje penosísimo que interrumpa la tranquilidad de su residencia, la confortable comodidad de su palacio; que á los candidatos para Diputados que se hayan de votar, ya sean de naturaleza canaria, ya peninsular, se les imponga la condición de hacer un viaje minucioso por toda la isla que van á representar. He aquí la manera de que esas clases directoras, que tanto pueden pesar en el ánimo de los Gobiernos, se compenetren de nuestras necesidades, de la injusta preterición en que se nos tiene, del vergonzoso abandono en que yace esta región en todos los órdenes, tan deseosa en ansias de vida mercantil, agrícola é industrial, de lanzarse al mar, á la frontera Norte; pero detenida por profundos barrancos, por hondos precipicios, por los mil abruptos accidentes del terreno que apenas salvan los caminos primitivos, estrechos, tortuosos, pésimos, inservibles para la vida de relación, de que depende la mayor riqueza de los pueblos modernos.

Cuando llega á Tenerife algún miembro del Gobierno central, algún alto personaje de gran relieve en la política española, algún Diputado ó Senador... todo se reduce á agasajarle en la Capital y á proporcionarle después una jira al incomparable valle de la Orotava, enseñándosele así á Tenerife por fuera, porque naturalmente, á individuos de esta calidad hay que proporcionarles comodidades y no desazones, cuando en realidad sería de una mayor utilidad para el país invitarle, aunque para ello hubiera que apelar al ruego, á que viniese á recorrer esta más extensa región del Sur, para que viesen en toda su magnitud la isla por dentro; por nuestro propio descuido y el del Gobierno central, envuelta en la mayor miseria, en el más grande atraso, en el más incalificable abandono.

El rey, los ministros y el alto personal palatino que le acompañaban en su viaje á este Archipiélago, no pasaron de la Orotava en Tenerife, al igual que en las islas pequeñas, apenas si se internaron más allá de los límites de los desembarcaderos. De modo que estuvieron en Canarias y apenas han visto á Canarias, porque lo que lo que estas islas tienen de típico, y que no se echa de ver tanto sino más allá de las zonas marítimas, es ese sello con que las marca el desamparo en que las han tenido á través de cinco siglos los Gobiernos nacionales.

Si exceptuamos al dignísimo ex-capitán general de Canarias, D. Enrique Bargés y Pombo, con sus correspondientes Ayudantes, á la Comisión topográfica que levantó el plano de Tenerife y á don Antonio Domínguez Alfonso por la circunstancia de ser hijo de Arona, ningún Diputado, ni Senador, ni Autoridad civil ni militar, ni persona alguna de influencia, como no sea el Sr. Ingeniero jefe de Montes, han recorrido, que sepamos, en toda su extensión, por lo menos en los últimos cincuenta años, el Sur de Tenerife. El Sr. Santos Ecay visitó á Granadilla, y no recordamos si á Vilaflor, exclusivamente; D. Manuel Luengo desembarcó en este puerto para hacer su ascensión á Chinyero en los días de la erupción volcánica y el Sr. Eulate, hasta la fecha, apenas ha hollado con sus plantas las arenas de la playa de San Juan. Ignoramos, aunque lo ponemos en duda, si el personal de Obras públicas que ha hecho distintos estudios de carreteras en el Sur, lo ha recorrido en toda su extensión.

(continuará)

martes, 8 de febrero de 2022

241. Ferrocarril de circunvalación (1)

Vaya sorpresa me llevé en la ración diaria del husmeo. En estos días que ha vuelto a ponerse sobre la mesa el asunto de los colapsos de tráfico en la isla, con posibles alternativas de otros medios de comunicación distintos a los actuales, viene a resultar que vislumbro en La Prensa, 8 de febrero de 1912 (110 años hoy, es decir, ayer, y tan vigente), página 1:

“Ferrocarril de circunvalación. La idea en marcha.

Acostumbrados en este país á derrochar las energías y consumir los desvelos en luchas políticas, en cosas pequeñas, muchas veces en contiendas personales que debilitan y perturban la vida de relación en el seno de la colectividad isleña, no solemos parar nuestra atención en las trascendentales cuestiones que afectan al desarrollo de nuestra riqueza, y cada vez nos preocupamos menos de estos problemas vitales, dejando que la rutina y la abulia sigan enseñoreándose del espíritu público.

No se explica de otra manera que haya en este país un asunto como este del Ferrocarril de circunvalación, que permanezca relegado al olvido, que no mueva todas las voluntades en una vigorosa acción popular para convertirlo en tema preferente de nuestros entusiasmos é iniciativas.

No nos seducen por lo visto otras empresas que aquellas que han de tener inmediata realización, que han de redundar en un interés positivo al alcance de nuestras manos. Y hoy los pueblos que se cuidan de su porvenir laboran para el mañana con tanto ó mayor ahínco que para las luchas del presente. Porque el ideal moderno es atrevimiento, exploración, fantasía si se quiere, pero afán constante de conquistar horizontes nuevos, de seguir los destinos de la humanidad que lleva en su espíritu un ansia inmoderable de caminar siempre hacia adelante, con mayores impulsos cuanto mayores son los obstáculos y más firmes las barreras que se le oponen en su marcha triunfal. Así se conquistaron los adelantos en todos los tiempos y así se obtuvieron los filones de riqueza en todos los pueblos emprendedores, celosos de su misión en el mundo civilizado.

Hace días que en este periódico se viene hablando del ferrocarril de circunvalación... ¡El ferrocarril de circunvalación! nos parece oir exclamar á muchas gentes apegadas a la rutina. ¡Sueños de periodistas, elucubraciones de alguna imaginación ociosa! Y la curiosidad pública y la frivolidad de esas buenas gentes pasan sobre las titulares de esos artículos con un gesto de indiferencia. ¡Bah, dígannos ustedes á qué precios se venden los tomates, á cuantos chelines se cotizan los plátanos, qué declaraciones han hecho Maura ó Canalejas sobre la crisis, si los conservadores están ó no próximos á subir al poder, y déjense de tontainas los periódicos! Y no faltará tampoco quien añada en tono sentencioso: ¡Qué ganas de perder el tiempo con insulseces y lirismos!

Pero, afortunadamente, existen hombres en este país que piensan de distinta manera. Entre ellos, como caso excepcional, debemos citar al autor de esos buenos artículos que estos días ha publicado nuestro diario, suscritos por un joven entusiasta, escritor culto y tinerfeño amantísimo de su tierra: Manuel Alvarez Hernández.

Al leer esos trabajos, inspirados en un acendrado patriotismo, hemos tenido la alegría de ver surgir entre los jóvenes, desde uno de los más apartados rincones de la Isla, un espíritu luchador que se sobrepone á la pasividad de sus compatriotas para romper lanzas, él solo, por un ideal de progreso que transformaría toda la vida de este país, llevando la ventura á todos sus pueblos, desparramando la riqueza por toda la Isla .

Manuel Alvarez ha hecho más todavía: ha conseguido asociar á ese ideal á acaudalados elementos de Cataluña, les ha interesado grandemente en su proyecto y ha abierto una información entre los pueblos del sur y del norte de la isla para enviar los datos y estadísticas que le piden de Barcelona.

Desvío é ingratitud grandes serían no alentar esos buenos propósitos y no tributar un aplauso caluroso al iniciador de esas gestiones que pueden ser de trascendentales resultados para el país.

Por de pronto se ha conseguido atraer la atención de importantes hombres de negocio sobre un problema que aquí teníamos completamente olvidado, y esto siempre será útil para Tenerife, porque va explorando el camino de una obra que venideras generaciones han de ver seguramente realizada. Y ya lo hemos dicho en párrafos anteriores: los pueblos modernos deben laborar por su porvenir, deben mirar tanto á lo venidero como á lo presente, porque si en lo uno está la realidad en lo otro se encierra la esperanza, norte y guía del espíritu.

Pero aún persigue nuestro joven amigo otro ideal grande y noble: sellar con el abrazo de hierro del ferrocarril, la hermandad de nuestros pueblos y sus comunes afanes de grandeza, de solidaridad, de vida intensa y fraternal. Sueña con el porvenir de su pueblo, con las humildes comarcas del Sur, abandonadas y pobres, y tiene para ellas las mejores galas de su pensamiento. Grande es dice la belleza, aún no bastantemente ponderada, del valle de Orotava , pero no debemos de olvidar ni un momento que sólo aquél no basta para dar al viajero el complemento de su emoción estética, que está en el contraste, pródigo en nuestro país, en cambios bruscos y en alternativas brillantes.

El articulista condesa felizmente en este párrafo uno de los aspectos de nuestra tierra que más interesan á los turistas. ¿Qué mejor apología de las ventajas del ferrocarril?

Pero son éstas de tal magnitud y naturaleza, que no necesita el autor de los artículos que comentamos, ponerlas de relieve. Ese ferrocarril, hágalo quien lo haga , sería el compendio de todos los bienes, adelantos y riquezas que este país podía apetecer. No se trata solamente de un ideal de progreso; se labora también por un ideal de fraternidad, por hacer un solo pueblo y una sola familia de todas las ciudades, villas y aldeas de Tenerife. ¡Cuánto más útil y más trascendental no es aportar un grano de arena á esta empresa, que dejar de acercarse por timidez á la montaña! Otras tan grandes como ella se elevaron á fuerza de voluntad, de constancia y de trabajo.

No desmayen los entusiastas ante la indiferencia ó el silencio que les rodeen. No faltarán jóvenes que abandonando las pequeñeces y miserias de nuestras luchas intestinas, cada vez más infecundas y más necias, procuren infundir en la conciencia de nuestro país estos redentores ideales: fe y esperanza en el porvenir. Y puestos en él los ojos sigamos á la idea en marcha...”.

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El asombro fue aún mayor cuando la lectura del texto que transcribí me condujo a profundizar en el meollo de la cuestión y vino a resultar que los escritos del precitado Manuel Álvarez dieron para mucho. Mañana te sigo contando.

(continuará)