miércoles, 22 de septiembre de 2021

134. Gana la lucha canaria

Veamos hoy dos reseñas de sendas cabeceras en las que se da cuenta de lo acaecido en una luchada celebrada en la Plaza de Toros de Santa Cruz el domingo 20 de mayo de 1917. La una más escueta, pero la del otro periódico con todo lujo de detalles y jugosos comentarios como el aprovechado por un servidor para titular el presente: debemos procurar que quede vencedora únicamente la lucha canaria.

Gaceta de Tenerife, 22 de mayo de 1917 (martes), página 4:

“La lucha canaria en la Plaza de Toros

El encuentro de antes de ayer entre Tegueste y Santa Cruz fué muy interesante y de los mejores organizados que hemos visto.

Se luchó con interés y pundonor pero también con nobleza y compañerismo.

Hubo 30 encuentros; Santa Cruz ganó 17; Tegueste 12, y una quedó en tabla.

Se distinguieron Ramón Herrera: Juan A. Jorge heredero de la burra del celebre Guerra Brito; Santiago Cedrés, el cual venció a J. Díaz, Liborio y a Santana; Manuel García (ayudado por el Dr. Adryam) que venció a tres adversarios y se retiró; y por último el poderoso C. García.

De Tegueste fueron aplaudidos el notable Agustín Darias y Francisco Hernández.

En los desafíos hicieron magníficas luchas todos los que en ellos tomaron parte: Mariano Cabrera, Santana, Francisco González, Eusebio, Liborio, A. Gómez, Ramón Herrera y Antonio Rodríguez.

Los muchachos del segundo equipo, admirablemente”.

Diario de Tenerife, 23 de mayo de 1917 (miércoles), página 2:

“Hoy tomamos nuestra pluma de revistero completamente satisfechos; que para todo el que no sea un desequilibrado, siempre será más grata la tarea de aplaudir que la de censurar, si la justicia no queda resentida.

Y la lucha del Domingo solo aplausos merece.

Hubo buena organización, porque sin vacilaciones ni compases de espera, los caudillos de uno y otro bando ordenaban rápidamente la presentación de sus luchadores en el terrero, porque obedientes los luchadores acataron las disposiciones de los jueces del Tribunal aunque a primera vista parecieran injustas, que a nosotros nos parecieron muy acertadas; y buena fué la organización porque el expectáculo [sic] comenzó puntualmente a la hora señalada.

El compañerismo y la cordialidad entre la gente luchadora fueron notas simpáticas que esmaltaron el encuentra del Domingo, pero no ese compañerismo que huele a combinación y mata por lo mismo el interés del público, sino esa franca y noble cordialidad que naturalmente existe entre hombres que, fuera del momento de la lucha son amigos, y acuden al terrero buscando todos un solo triunfo: la consolidación de nuestro deporte regional.

Y así debe ser; en estos encuentros no debemos alegrarnos precisamente que los de aquí o los de allá sean los vencedores; debemos procurar que quede vencedora únicamente, la lucha canaria.

El público que, valgan verdades, aquí nunca ha sido exagerado, llega en su conducta a aproximarse al ideal, y expontaneamente [sic] premia con sus aplausos todo trabajo que se salga de lo corriente, sea o no del Fomento; el Domingo no tuvo gran suerte el partido de Tegueste, pero Agustín Darias, Francisco Hernández y Emilio Rivero en todo lo bueno que hicieron en la lucha corrida, y Fernando Santana, Antonio Rodríguez y Liborio Pérez, por sus trabajos en los desafíos, son testigos que nos dejarán por mentirosos, de que no les fué escamoteado el merecido homenaje del público.

Hubo novedades. La presentación de una docena de muchachos del segundo equipo; unos, ya creciditos, otros niños todavía.

El efecto fué admirable; son en su mayor parte verdaderos maestros en miniatura; levantan y encaderan algunos como Déniz, se defienden todos casi tan bien como Manuel García.

El tiempo, si no disminuye el entusiasmo de los muchachos, nos irá dando a conocer sus nombres y sus habilidades especiales.

También como remate de la tarde se efectuaron algunos de los desafíos anunciados y quedó demostrado lo que hemos dicho tantas veces.

Es el modo de que el público quede satisfecho, el Domingo no hubo necesidad de que luchara Mariano Cabrera por el Fomento en la lucha corrida; y Fernando Santana y Liborio Pérez, por haber caído al primer encuentro, no dieron el juego que era de esperar dados los antecedentes de ambos luchadores; pero el público no quedó defraudado porque en los desafíos pudo contemplar a toda satisfacción a Santana, uno de los luchadores más distinguidos y agradables, en pugna con el famoso Mariano Cabrera y a Liborio agarrando con el notable y pocas veces afortunado Francisco González.

Y teníamos decidido desde hace algún tiempo suprimir todos estos comentarios y ceñirnos por completo a referir los encuentros pero no hemos podido evitar en esta ocasión el aprovechar la que se nos presentaba para aplaudir una lucha que reunió casi todas las condiciones para ser considerada como modelo de las sucesivas.

Y decimos casi y no todas porque faltaron en el encuentro del domingo la presentación de luchadores como José Martín y Rafael Déniz, que cuentan con la simpatía y admiración de los aficionados; pero la culpa de esto la tuvieron Ramón Herrera con su suerte loca, Santiago Cedrés vencedor; de lo más escogido de la gente de Tegueste... y el Dr. Adrián por haber multiplicado las fuerzas del cada día más celebrado luchador Manuel García”.

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